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Puesto en un mapa, Alcañiz es el corazón de la comarca del Bajo Aragón. Y esta, a su vez, de la provincia de Teruel.... Rutas Moteras del Bajo Aragón | MotorLand

Rutas moteras del Bajo Aragón: Alcañiz

Puesto en un mapa, Alcañiz es el corazón de la comarca del Bajo Aragón. Y esta, a su vez, de la provincia de Teruel. Corazón sobre corazón, latido sobre latido. Una arteria principal nos lleva a descubrir todas y cada una de las emociones que atesora este santuario del mototurismo, la N-232. También sus continuas ramificaciones nos abren a la luz de una tierra vital, plagada de historia, deliciosa gastronomía, bellísimos escenarios naturales… ¡y olor a gasolina!: miles de aficionados disfrutan cada año con la competición en MotorLand. Y precisamente Alex Rins, piloto de MotoGP nacido en Barcelona pero con raíces familiares en Valdealgorfa, se convertía en 2013 en padrino de las Rutas Moteras del Bajo Aragón.

Esta comarca turolense se ubica entre las provincias de Castellón, Teruel, Zaragoza y Tarragona. Siempre ha sido un estratégico cruce de caminos, por lo que el carácter de sus gentes es afable y hospitalario. Está en la confluencia de la N-420, N-232 y N-211. A levante, el Mediterráneo; a septentrión, el valle del Ebro y el asomo de las cumbres prepirenaicas; al sur, la comarca del Maestrazgo y la unión con Andorra-Sierra de Arcos.

Recorriendo las carreteras turolenses.
El noreste de Teruel es crisol de contrastes, y en su interior crecen fértiles valles, escarpadas montañas, grandes espacios acuáticos y manifestaciones culturales y artísticas que nos recuerdan que aquí, en estos pagos, nacieron ilustres personajes como el cineasta Luis Buñuel (Calanda, 1900) o el creador de la Fábrica Nacional de Moneda y Timbre Eugenio Bayod (Belmonte de San José, 1908), y que el peso de las tradiciones continúa formando parte del presente (Alcañiz, Alcorisa y Calanda pertenecen a la Ruta del Tambor y el Bombo).

Rutas moteras del Bajo Aragón

El Bajo Aragón está lleno de estímulos. Sus carreteras parecen diseñadas ex profeso para los viajeros en moto. Por ello, se hacía necesario un proyecto, un impulso para que todos esos recursos y atractivos que compendia esta histórica comarca pudieran llegar hasta el colectivo motociclista. El club de producto dedicado a las Rutas Moteras es una iniciativa del Consejo Comarcal del Bajo Aragón para fomentar los valores turísticos de la veintena de municipios que componen el territorio de la Comarca del Bajo Aragón. En nuestro viaje, además, hemos contado con la inestimable colaboración del área de Turismo de la Diputación Provincial de Teruel, cuya implicación en el ámbito del mototurismo es un buen ejemplo de cómo las instituciones trabajan al servicio de sus ciudadanos, buscando nuevas vías de progreso y desarrollo sostenible.

Mural gigante en Calanda.
La región es decana en su apoyo al mundo del mototurismo. Cuando años atrás pocas administraciones apostaban por esta práctica, la Consejería de Turismo de la Comarca del Bajo Aragón ya dispuso la creación de varias rutas motociclistas para complementar el tirón que ofrece MotorLand. Además, resulta imposible obviar que, precisamente, la construcción de estas instalaciones deportivas surgió para dar continuidad a las carreras que durante casi cuatro décadas se disputaron en el trazado urbano de Alcañiz. Tras el declive del circuito de Guadalope (que tomó su nombre del río que circunda la ciudad) y el fin de las carreras –motivado por la retirada de la licencia de la RFME-, se daba paso a un proyecto auspiciado por el Ayuntamiento de Alcañiz, la Diputación de Teruel y el Gobierno de Aragón, cuya denominación inicial fue la Ciudad del Motor.

Los esfuerzos de las distintas entidades, y también la suma de convencimientos de los agentes sociales y los ciudadanos, han hecho posible que la afición del motor no solo no se haya perdido, sino que haya aumentado exponencialmente, convirtiendo a esta comarca turolense en un referente mundial del motociclismo. Aragón es clara y decididamente territorio motorbike friendly.

Bóvedas del Frío.

Pero pongámonos el traje de motoviajero. Nada como sentir esa deliciosa impaciencia por arrancar. Despliega los mapas, carga los tracks en el navegador, ten a mano los profusos datos de la web oficial www.visitbajoaragon.com y no olvides que en esta aventura, al contrario de lo que ocurre en torno a las banderas ajedrezadas, la clave no es ir deprisa, sino despacio. Viaja lento, con pausas, empapándote de cada recodo, cada empedrada arista y cada rayo de luz que atraviesa los paisajes cambiantes de llanuras y montañas. Por mucho que imagines lo que puedes encontrar, tu capacidad de asombro siempre se verá sobresaltada: fortalezas que se alzan imposibles en el roquedo, cabras montesas que salen a nuestro encuentro, inmensos embalses y escondidos ríos, neveras construidas hace 400 años, ocultas en el subsuelo como el más preciado de los tesoros… y, por supuesto, serpenteantes carreteras de todos los colores: rápidas, traviesas, aisladas, tortuosas, secretas, ajadas por el hielo, curtidas por el sol. Ve despacio y no pierdas la vista de todo cuanto te rodea. Merecerá la pena.

Valdealgorfa, un pueblo muy ligado a Alex Rins.
El club de producto contempla el desarrollo de cuatro alternativas: La Ruta de los Oasis, las Bóvedas del Frío, Tierra y Arte y Ruta 232. Es sin duda un trabajo pormenorizado, que contiene valiosísima información de cada municipio y cada punto de interés. No obstante, nosotros hemos preferido condensar estas propuestas en dos trazados principales más uno de aproximación, elaborando un track para cada jornada que contiene todo lo esencial. Nada se ha perdido, sino que hemos pergeñado un plan de viaje ajustado a los tiempos y distancias que consideramos más equilibrado para los motoviajeros, y que contiene, a su vez, la visita a las neveras más reseñables del Bajo Aragón. No obstante, para quien desee seguir al pie de la letra los itinerarios confeccionados por la web corporativa, los recorridos en Google Maps están perfectamente explicados en cada sección.

¿Cuánto tiempo necesitamos para recorrer las Rutas Moteras del Bajo Aragón? Depende. Habrá quien piense que todo se puede ver en una jornada; habrá quien considere que se necesita una semana completa. A nuestro juicio, entre tres y cuatro días es un buen margen para efectuar la visita… y compactándolo, en un fin de semana. Anotación: en nuestro particular cuaderno de bitácora la Ruta 232 representa el eje vertebrador sobre el que rodaremos con nuestras motos.

Rutas moteras del Bajo Aragón.
Pero no anticipemos acontecimientos. Antes de nada conviene planificar las cuestiones relativas al alojamiento. Opciones hay muchas, y de todos los rangos. Desde económicos hoteles hasta grandiosos edificios, como el Parador de Turismo de Alcañiz, pasando por acogedoras casas rurales y recurrentes apartamentos. Busca el distintivo de los establecimientos adheridos para acogerte a las ventajas y servicios especiales que estas empresas ofrecen a los moteros. Como las distancias no son grandes, quizá una mejor opción es quedarnos en un mismo lugar durante toda la estancia, algo que nos permitirá dejar en nuestra habitación el equipaje que no necesitamos durante las rutas.

Una vez decidido dónde alojarnos, sugerimos aprovechar el día de ida para hacer una primera toma de contacto. Dependiendo de dónde partamos (obviamente no es lo mismo salir de Cádiz o Vigo que hacerlo desde Madrid) y también de dónde nos quedemos a dormir, dispondremos de más o menos tiempo para adentrarnos en esta “ruta 0”. Nuestra propuesta se centra en Alcañiz y su entorno. Se nos hará de noche, pero es algo que buscamos voluntariamente, con el fin de disfrutar de una revitalizante cena y las luces de la ciudad.

Rutas Moteras del Bajo Aragón: Panel indicativo en Valmuel.
Penetraremos en el itinerario marcado con la señalética dedicada de las “Rutas Moteras del Bajo Aragón” en Puigmoreno y Valmuel, en la vaguada del río Regallo, afluente del Ebro. Se trata de dos núcleos de viviendas que se levantaron en torno a una serie de infraestructuras hídricas para el cultivo, creando así estos dos pueblos de colonización.

Y desde allí a MotorLand Aragón, el complejo deportivo que cuenta con circuitos de tierra, karting, parque tecnológico y el celebradísimo circuito de velocidad. El primer Gran Premio Ciudad de Alcañiz se disputó en 1965, por lo que el vínculo del Bajo Aragón con el motociclismo está planamente justificado.

En la actualidad, más de 280.000 personas pasan al año por las instalaciones alcañizanas, con un registro de 18.000 usuarios en pista. Y no solamente pilotos del Mundial de MotoGP, también la caravana del Campeonato del Mundo FIM de Superbikes, el FIM CEV o las World Series. El circuito de velocidad se inauguró en 2009, tiene una longitud máxima de 5.344 metros y presenta un trazado multifuncional para adaptarse a distintas configuraciones y pruebas. Además, es utilizado como escenario de presentaciones, eventos para empresas y colectivos, cursos, ponencias y reuniones. También ofrece visitas guiadas a centros escolares, asociaciones, empresas y grupos.

Circuito de MotorLand Aragón.

Gracias a la colaboración de Esther Martín (Marketing) y Juan Carlos Ruzola (Departamento de Explotación), y la buena coordinación de Daniel Millera (responsable del Área de Turismo, Cultura y Patrimonio de la Comarca del Bajo Aragón), pudimos acceder con nuestras monturas hasta la zona de boxes del circuito. Resulta inevitable no sentir un escalofrío cuando uno se aproxima a la línea de meta de un escenario que ha vivido alguno de los capítulos más emocionantes en la historia reciente del motociclismo, como la pugna por la victoria entre “Pecco” Bagnaia y Marc Márquez, resuelta apenas por milésimas, durante el GP de Aragón 2021, celebrado el pasado 12 de septiembre.

Y de MotorLand a La Estanca. Sus aguas, vistas desde el aire con las imágenes que nos brinda el dron, trazan una estampa idílica. Es un paraje idóneo para la realización de actividades de ocio: senderismo, cicloturismo, vela, pesca deportiva… Junto a la carretera 232 (ya la tenemos aquí), el monumento al Tambor es obra del escultor turolense José Gonzalvo, y se asienta sobre un basamento en forma de tambor de piedra de 22,50 metros de diámetro. La escultura, construida en hierro, representa la figura de un cofrade tocando el instrumento de percusión y ataviado con el traje típico de la Semana Santa alcañizana.

Alcañiz.
En un santiamén llegamos a Alcañiz. En menos de 10 minutos nos situamos en la Oficina de Turismo, ubicada en la confluencia de la Plaza de España y el número 1 de la calle Mayor. Además de ofrecernos una nutrida y práctica suerte de mapas, guías y otras publicaciones de interés, las dependencias albergan en sus entrañas un increíble conjunto de nevera, bodega y pasadizos subterráneos. No dejéis pasar la oportunidad de visitarlo. Y sacad vuestras cámaras de fotos, porque a escasos metros tenemos tres de los monumentos más formidables de la ciudad: el Ayuntamiento, de estilo renacentista (siglo XVI), la lonja gótica (siglo XV) y la magnífica iglesia de Santa María la Mayor (siglo XIII), que fue colegiata durante más de cuatro siglos.

Encaramado a un promontorio, recorta con su fastuosa silueta el castillo de los Calatravos, que desde 1968 está convertido en Parador Nacional de Turismo. Pero eso no es todo, conviene seguir el curso del Guadalope para ir en busca de la Fuente de los 72 caños, en el parque de la Glorieta, y rodar junto a las almenas y murallas que escoltan la Ronda de Teruel. La historia de Alcañiz es prolija y fascinante a partes iguales… ¿Qué, ya hay hambre? Pues empezad a acostumbraros a las bondades de la gastronomía local: tradición y modernidad se dan cita en los restaurantes de la ciudad, así que tomad asiento y completad la parada y fonda, si así lo decidís, para redondear una jornada inicial que no tiene desperdicio. Recordad, hay productos con Denominación de Origen, como el melocotón de Calanda y el aceite de oliva del Bajo Aragón. Y qué decir del jamón de Teruel, el ternasco, la trufa, el vino y la repostería local. El Bajo Aragón se disfruta con los cinco sentidos.

El castillo de los Calatravos alberga un Parador Nacional de Turismo.
La etapa inicial fusiona varias de las propuestas individualizadas, y en un primer recorrido ya hemos abordado la Ruta 232, la primera parada de la Ruta de los Oasis, uno de los puntos destacados de la Ruta Tierra y Arte y, a su vez, una de las neveras más notables de la Ruta por las Bóvedas del Frío.

Una de las maravillas del Bajo Aragón es la ausencia de masificaciones. En estos páramos no existe el turismo de masas, y eso facilita que todo resulte más plácido, más familiar, más accesible, más auténtico. La tranquilidad es al mototurismo lo que el néctar y la ambrosía al paladar de los dioses: pura delicatessen. El hecho de que algunas vías presenten un asfalto con poco mantenimiento nos obliga a extremar las precauciones; pero a la vez tal circunstancia garantiza que rodaremos por carreteras poco transitadas. El abandono tiene una parte romántica, cuasi virginal, un contacto primigenio con la naturaleza y los pequeños pueblos que nos salen al paso. Aquí la vida transcurre sin alharacas. Todo está en su sitio, combatiendo sin displicencia el paso de los tiempos. Y la moto, que más que una afición es una bendición, nos acerca a tamañas experiencias. Somos afortunados.

"Break" en Valdealgorfa, un pueblo muy vinculado a Alex Rins.
Con esta premisa comenzamos un nuevo día. Arranca la etapa más intensa, que nos ha de llevar en forma circular por carreteras secundarias a lo largo de 170 kilómetros de ensueño. De Alcañiz nos dirigimos a Valdealgorfa. Las pancartas en apoyo de Alex Rins nos dan la bienvenida en el Bar Herrero, en la coqueta plaza del Sagrado Corazón de Jesús. Anotad bien el nombre de este local, porque es ahí donde tenemos que solicitar la llave para acceder a la bóveda del frío del pueblo. Hablando de Rins… curiosidad: la gasolinera denominada 42oil no es una estación de servicio convencional; está diseñada como si fuera una entrada a boxes, con pianos y curvas a la entrada. El propio piloto la inauguró en 2016. Antes de abandonar el pueblo recomendamos deleitarnos con la riqueza de su patrimonio arquitectónico, en el que destaca la torre de la iglesia parroquial, dedicada a la Natividad de Nuestra Señora, y su retablo barroco.

Nos desviamos hacia Torrecilla de Alcañiz por la A-1410, en el que destaca su Casa Consistorial. Nuevo giro hacia La Codoñera, una villa pequeña en nuestros días, pero grande en historia. Continuamos hacia Torrevelilla, destruida prácticamente en su totalidad durante la Guerra Civil y reconstruida posteriormente. Su población no llega a los 200 habitantes.

Belmonte de San José.
Y llegamos hasta Belmonte de San José. La mejora en los accesos por carretera al municipio es una petición largamente reivindicada por su alcalde, el historiador Alberto Bayod, quien nos recibe amablemente y nos muestra la impresionante nevera de los Calatravos (siglo XVI), que fue la primera de Aragón en ser rehabilitada y una de las más espectaculares de toda la Ruta, con su acceso por la parte alta y sus arcos de sillería iluminados. La pasión con la que Bayod nos habla de su pueblo y el entusiasmo que se desprende de sus palabras confieren a nuestra visita un valor especial. Porque nos ayuda a comprender que sin el esfuerzo de las gentes locales, sin la perseverancia de quienes conocen los problemas –y también las soluciones-, estos pequeños núcleos poblacionales ya habrían agonizado para siempre. Mas al contrario, se han revelado en contra del olvido, y en un ejercicio de compromiso colectivo, los vecinos de Belmonte se han unido para que el pueblo luzca siempre con sus mejores galas, lo que ha servido para obtener diversos premios al embellecimiento. Son menos de 100 habitantes, pero el grado de concienciación es total. El propio Ayuntamiento abandera el cuidado del patrimonio: la Casa Consistorial y su antigua cárcel, la imponente iglesia parroquial, las casas solariegas, el paseo por las calles empedradas… La sola visita a esta villa, en sí mismo, ya justifica que nos adentremos en las Rutas Moteras del Bajo Aragón. Es un lugar imperdible.

Rutas Moteras del Bajo Aragón: Parajes naturales de gran belleza.
Volvemos al encuentro con la N-232. Será por poco tiempo, ya que nuestro destino está en La Cerollera, situada en el interfluvio de los ríos Matarraña y Guadalope. La bóveda del frío que se encuentra en La Cañada de Verich es, quizá, la más sorprendente por su ubicación: está alejada de las casas y su entrada perfora un monte para crear una bóveda en la que el juego de luces y la sonorización nos hacen evocar tiempos pasados; es una atmósfera casi conventual, de retiro y paz.

Proseguimos hasta La Ginebrosa, cuya nevera es un poco difícil de encontrar; con la moto hay que tener cierta pericia. Su temática está dedicada al desuso y abandono de estos pozos de nieve como consecuencia de la implantación del frío industrial. Y mucha atención porque en el tramo que une esta pequeña localidad con Aguaviva se encuentra otro de los “must” del Bajo Aragón: el puente de Cananillas. Se trata de un paraje natural soberbio, modelado por el Bergantes, que cuenta con zonas aptas para el baño.

Puente de Cananillas sobre el río Bergantes.
Las aguas cristalinas del río han esculpido un paisaje rocoso merced a su carácter torrencial, con fuertes estiajes y un caudal que ha labrado a lo largo de millones de años marmitas, cuevas y pozas. Se accede con la moto a través de una pista no asfaltada, pero en buen estado. Caminar por la zona, observar, oler, dejar la mente en blanco y sumergirse en esta bocanada de naturaleza es un ejercicio de pura vida. Los animales están por todos lados: peces, aves rapaces y cabras montesas -vimos a una hembra con su cría trepar por la ladera del monte que circunda las aguas-. Puesto que el lugar se ha puesto de moda entre los bañistas, nuestro consejo es evitar la temporada veraniega. De hecho, el alcalde de Aguaviva, Aitor Clemente, tuvo que limitar el aforo de vehículos en 2020 y 2021, en cierta parte también motivado por el contexto de medidas de distanciamiento relacionadas con el Covid. Durante nuestra visita, el regidor nos acompañó a visitar la bóveda del frío del pueblo, dedicada al vertido de la nieve.

Los pliegues se retuercen muy cerca de Castellote.
Proseguimos envueltos en pinares por la angosta TE-8301 hasta Las Parras de Castellote. Después la carretera se ensancha y mejora en dirección al embalse de Santolea. La rapidísima A-226 nos deja a los pies de Castellote, uno de los enclaves más pintorescos del Maestrazgo. Su castillo templario y la ermita del Llovedor en la vertiente norte del barranco de los Rincones no dejan indiferente al viajero. Ponemos rumbo a Seno, la carretera remonta y dibuja una bonita panorámica con el conjunto de casas a nuestra derecha. El tramo hasta Molinos presenta un asfalto con deformaciones, así que nada de girar el mango. Además nos hallamos en uno de los puntos más bonitos a nivel paisajístico. Un desvío nos señala el próximo punto de interés: las Grutas de Cristal. Allí también el paisaje es hermoso, pero para ello debemos adentrarnos en el interior de una cueva. Nuestro agradecimiento a Emilio Jordán y Pilar Mateo por sus facilidades en el acceso a este mundo subterráneo tan sobrecogedor.

Rutas Moteras del Bajo Aragón: Las Grutas de Cristal.
La orografía continúa retorciéndose y los pueblos se adaptan como pueden a los escarpes del terreno. Los cauces de agua están por todos lados en el trayecto hasta Berge, y decidimos adentrarnos por los caminos que rodean a este municipio para llegar hasta el Santuario de la Virgen de la Peña. Desde su promontorio, las vistas panorámicas del valle del Guadalopillo son de postal. De camino a Alcorisa bordeamos el embalse de Gallipuén. ¿Pensabais que nos habíamos olvidado de la Ruta de los Oasis?

La “fiel” y “muy ilustre” villa de Alcorisa se encajona entre los alcores que la rodean. Precisamente desde las ermitas de San Juan y del Calvario se obtienen las mejores estampas del enjambre de calles y casas, con la torre de la iglesia de Santa María la Mayor silueteando el horizonte. Nosotros subimos con la moto sin demasiada dificultad hasta este punto.

Rutas Moteras del Bajo Aragón: Alcorisa.

La N-420 nos conduce hasta Calanda, donde un enorme graffiti urbano nos recuerda que estamos en las Rutas Moteras del Bajo Aragón y en la cuna de Luis Buñuel, su vecino más ilustre. En el CBC (Centro Buñuel Calanda) Ana María Trallero nos revela detalles sorprendentes de la vida del inmortal cineasta, cuya obra se desarrolló mayoritariamente en Francia y México como consecuencia del exilio y la censura de la dictadura franquista. El autor de Un perro andaluz (1929) y Viridiana (1961) está considerado uno de los cineastas más importantes y originales del Séptimo Arte, y su producción estuvo a la vanguardia del surrealismo. Recorrer las instalaciones del CBC es como adentrarse en la mente del genial calandino; todo es onírico e inesperado, un permanente abrir y cerrar de puertas del subconsciente. Desde su inauguración el 22 de febrero de 2000 se han realizado exposiciones y actividades sobre su figura. La visita resulta obligada.

Pero Buñuel no es una metonimia de Calanda, y muchos son los atractivos del municipio, incluyendo una muy bien conservada nevera con una sala central, dos ramificaciones laterales, paneles retroiluminados y elementos audiovisuales.

CBC (Centro Buñuel Calanda)

Por último: el melocotón de Calanda cuenta con Denominación de Origen Protegida, y su cultivo se remonta a la Edad Media. Y así, entre frutales, ponemos el broche a la jornada.

El tercer día de conducción nos lleva a recorrer algunos de los puntos interiores aún por descubrir. Como la vecina Castelserás, en la que nos adentramos en busca de su puente sobre el Guadalope y el conjunto hidráulico de la fuente-lavadero. La abundancia de agua –en su término confluye el río Mezquín- y la fertilidad de los valles son una constante en esta zona. Es una parada indispensable, y allá donde miremos encontraremos un buen encuadre fotográfico.

 

La ruta de los oasis, a vista de dron.

Conectamos con la Ruta de los Oasis para orillarnos al embalse de Calanda. La carretera es una delicia, con buen asfalto, curvas de anuncio y un bosque precioso que nos traslada hasta Mas de las Matas, con su majestuosa iglesia parroquial. La portada presenta columnas salomónicas y una torre se yergue vertical casi hasta los 70 metros de altura. Este tramo pertenece a la Ruta Tierra y Arte. No damos puntada sin hilo.

Volvemos hasta Castellote y nos damos un capricho, un extra aventurero fuera de guión: la TE-8101 trepa por una indómita carretera pseudo asfaltada por donde es más fácil encontrar animales silvestres que seres humanos. Es nuestra particular forma de acceder hasta La Mata de los Olmos, allá en lo lejos. Pero antes alcanzamos Ladruñán. Un pequeño desvío nos transporta hasta un paso inimaginable, bellísimo. Nos adentramos a través de una pista sin pavimentar por el desfiladero, entre paredes verticales custodiadas por buitres, para depositar nuestras motos ante la desgastada mirada del convento de los Monjes Servitas, ya en Cuevas de Cañart, de nuevo en tierras del Maestrazgo. Ponemos rumbo conocido hasta Molinos; la TE-41 nos engancha a otro marco muy popular entre los moteros: el Hotel Venta La Pintada, punto de partida de The Silent Route.

Subimos en dirección Alcañiz y pronto llegamos a La Mata de los Olmos, donde nos espera el concejal Rafael Lahoz para mostrarnos una de las neveras mejor conservadas de toda la ruta temática de las Bóvedas del Frío: maquetas, proyecciones y locuciones, juegos de luces, distintas estancias y una dotación museal que recupera a la perfección el conocimiento de lo que fueron estas construcciones, concebidas por nuestros antepasados para conservar alimentos. Para ello, estas neveras naturales se diseñaban de tal forma que se acumulaba en su interior la nieve caída durante el invierno para su transformación en hielo. Funcionaron a pleno rendimiento principalmente durante los siglos XVI y XVII. Y así terminamos, con un toque cultural, tan valioso para enriquecer cualquier ruta mototurística que se precie.

Rutas Moteras del Bajo Aragón: Sorteando el río Guadalope.
Falta un apunte más; el último, pero no por ello menos importante: el agradecimiento a Manel Kaizen por su decidida entrega en el reportaje, y la gratitud infinita hacia Rubén García Cabo, motoviajero, excelso conocedor de la provincia de Teruel, vecino de Alcañiz y, a la sazón, inmejorable cicerone durante nuestro recorrido por esta fascinante comarca turolense. A su rueda sentimos el privilegio de adentrarnos en lugares que, sin su mirada certera, hubieran sido imposibles de hollar.

Y una reflexión a modo de epílogo: viaja despacio. O no tanto si así lo prefieres. Pero viaja a lugares que te dejen huella. Las Rutas Moteras del Bajo Aragón lo harán, y crearán una besana en tu espíritu por la que transitarán futuras ilusiones, futuros viajes. Esa precisamente es la alquimia del viajero: cuanto más llenas el alma de emociones, más se retroalimenta.

Texto y fotos: Quique Arenas // Acción: Manel Kaizen, Rubén García Cabo

 

Manel Kaizen, en Castelserás.

EL PAISAJE QUE FORJÓ UNA ACTITUD. Por Manel Kaizen

No me gusta abusar del “hablemos de mí”, pero en esta ocasión queda plenamente justificado empezar esta columna hablando de mis primeras excursiones moteras, allá por los felices 90. Como la mayoría de motoristas, las experiencias iniciáticas suponen un intenso proceso de socialización y formar parte de una manada con la que compartes pasión, anécdotas y vivencias.
Sin embargo, ese gregarismo nunca escondió mi tendencia natural a ser anacoreta: una ruta con amigos te hace sentir vivo y querido, pero deambular en solitario colma la parte más íntima del alma. En aquella génesis de motos carburadas, mala ropa que no contenía el frío, mochila atada con pulpos, cámara de fotos analógica y libreta para tomar apuntes tuve la gran suerte de tropezarme con Aragón en general y Teruel en particular. De manera involuntaria, los paisajes descarnados de una de las provincias más despobladas de España atrajeron mi atención hasta el punto de tejer unos sólidos lazos afectivos que me hacen sentir como en casa, o incluso mejor.

Promocionar esta zona me provoca emociones contrapuestas: por un lado, el orgullo de haceros llegar lo mucho que ofrece la comarca del bajo Aragón, y por el otro, un temor egoísta me pide guardar silencio para que no se altere esa mezcla perfecta de belleza y tranquilidad. Que estés leyendo esto significa que, como no podía ser de otra manera, la voluntad de compartir se ha impuesto a la racanería de esconder.

Viajando de paso, la comarca del Bajo Aragón puede parecer desangelada, pero si escarbas en su legado histórico y cultural (buena parte de él escondido en carreteras secundarias) el guantazo de realidad te va a dejar pasmado de lo mucho que creías saber y no sabías. No hace falta que te vuelvas loco mirando enciclopedias, limítate a dejarte llevar por alguna de las Rutas Moteras del Bajo Aragón, ellas mismas te lo van a servir todo en bandeja. Todas ellas convergen en Alcañiz, capital del Bajo Aragón y una de las ciudades con más cultura del motor en este país.

Pasen, lean… y viajen, canastos.

 

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Quique Arenas

Director de Motoviajeros, durante más de 25 años, en sus viajes por España, Europa y Sudamérica acumula miles de kilómetros e infinidad de vivencias en moto. Primer socio de honor de la Asociación Española de Mototurismo (AEMOTUR), embajador de Ruralka on Road y The Silent Route. Autor del libro 'Amazigh, en moto hasta el desierto' (Ed. Celya, 2016) // Ver libro

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