The Silent Route en moto The Silent Route en moto
Entre las comarcas turolenses de Andorra-Sierra de Arcos y el Maestrazgo, la carretera A-1702 serpentea sorteando unos recodos a veces desérticos y lunares, a... The Silent Route en moto

Entre las comarcas turolenses de Andorra-Sierra de Arcos y el Maestrazgo, la carretera A-1702 serpentea sorteando unos recodos a veces desérticos y lunares, a veces rebosantes de vida en todas sus manifestaciones. Avanzando entre pueblos y parajes singulares hilvanados entre sí por el deambular de unas nubes que observan desde las alturas, junto a las aves rapaces, el cambiante cromatismo de una tierra que hay que conocer a fondo para saber apreciarla en toda su magnitud. El amable rumor de los ríos y la actividad de los animales silvestres se funde en armonía en un territorio que aún conserva el encanto de antaño; siendo estas las únicas excepciones que adornan –que no rompen- el sempiterno silencio de una ruta que parece creada ex profeso para el disfrute de la moto. Estamos en tierras de Aragón, paraíso del slowdriving. Bienvenidos a The Silent Route en moto.

La carretera es prácticamente engullida por moles rocosas.

Si los más valiosos perfumes se guardan en frascos pequeños, toda la ingente historia y desbordante naturaleza de este rincón aragonés se condensa aquí en apenas 63 kilómetros. Pudiera parecer poco, pero cada metro de esta serpiente de alquitrán nos traslada a horizontes salpicados de montañas y bosques que juegan al escondite con sus vecinas tierras yermas; horizontes llenos de paz donde antes hubo guerra, cielos de luz donde antes hubo oscuridad; renacidos mantos vegetales donde antes hubo llamas.

Las cuatro estaciones colorean de manera diferente el paisaje de ‘la Silent’. Resulta imposible recomendar un único momento del año para adentrarnos a descubrirla. El invierno, que se mimetiza con la agreste vestimenta de la provincia turolense, descarga en ocasiones su blancura para crear un escenario antológico. Pero también el otoño multiplica los silencios. Y qué decir de la primavera, explosión de colores, con los cauces henchidos de agua y extraordinaria fuerza. El verano, salvo en días de altísimas temperaturas, también es época para disfrutar de esta formidable carretera: días largos que nos permiten complementar el goce de la moto con otras actividades deportivas y de naturaleza: senderismo, escalada, espeleología, barranquismo, avistamiento de fauna, observación de estrellas al ser zona de baja contaminación lumínica…

Gastronomía en The Silent Route.

Lo dicen muchos grandes viajeros y cada vez más motoristas están comprobando por sí mismos que “viajar despacio” aporta una nueva dimensión a rodar en moto. Una filosofía que amplía y enriquece el viaje, que nos invita a la pausa, a la proactividad, a la fusión respetuosa. En consonancia, la Diputación de Teruel está plenamente comprometida con el turismo responsable con el Medio Ambiente y el medio rural, siendo además de las primeras provincias españolas que suscriben un pacto mundial con “Objetivos de Desarrollo Sostenible”. Y nunca está de más recordar estos apuntes: visitar, crear, ayudar, proyectar, disfrutar, actuar, respetar… son los pilares que sustentan la campaña “Teruel Siente”.

En The Silent Route existen muchos lugares en los que merece la pena detenerse, contemplar, escuchar, reflexionar… También lugares en los que conversar, para conocer las historias e intrahistorias que atesoran los pueblos y habitantes que dan sentido a la A-1702.

Venta la Pintada (Gargallo), inicio de The Silent Route en moto.

Ruta por The Silent Route en moto

El inicio de la ruta está marcado con grandes paneles indicativos. Hay que tener preparada la cámara, al final de la jornada el álbum fotográfico será para enmarcar. El punto de partida está perfectamente definido, en Gargallo. Se trata de la Venta de La Pintada, en la carretera nacional 211. Este hotel y restaurante familiar con más de medio siglo de vida se hizo popular por acoger a los viajeros… y por sus revitalizantes judías blancas. Hoy en día es un ineludible punto fijado en el mapa para almorzar y pernoctar. Muy apropiado si se viaja en grupo, porque a lo largo de la ruta los establecimientos hoteleros son escasos y con poca capacidad.

Panorámica de Gargallo.

Gargallo se encuentra situado a una hora de Teruel a través de la N-420. Apenas un centenar de habitantes continúan resistiendo a la amenaza del despoblamiento: a principios del siglo pasado, más de 600 personas aparecían censadas en el padrón municipal. Los pueblos pequeños, en riesgo de desaparición en las últimas décadas, tienen mucho que decir ante los nuevos escenarios que el coronavirus ha creado. Y no son pocos quienes han regresado, en unos casos, o descubierto, en otros, las bondades de vivir alejados de la vorágine, las grandes ciudades y las masificaciones. The Silent Route comienza dándote la bienvenida como mejor sabe hacerlo, así que nada mejor que celebrar este encuentro con la tranquilidad y el sosiego, la paz y la calma, la naturaleza y el hombre.

Ubicado en una antigua casa de labranza, en Gargallo se encuentra el Centro de Interpretación de la Guerra Civil y las Costumbres Tradicionales Aragonesas. Reúne más de 3.000 objetos y antigüedades para conocer en profundidad los usos y costumbres pretéritos de las gentes de la zona; una de sus plantas está dedicada a la Guerra Civil, con mapas, partes de guerra, uniformes, planos, curiosidades y muestras de ambos bandos. No hay que olvidar que esta zona fue una de las más castigadas durante la contienda. De hecho, a escasos kilómetros se conservan los restos del aeródromo del Campillo, construido por los republicanos como apoyo durante la Batalla de Teruel. Únicamente se mantiene el edificio principal, en el que aún se aprecian restos de metralla. Localizado a los pies de la sierra de Majalinos, es posible llegar con la moto a través de un desvío a la derecha en el único tramo de carretera recto de la ruta, en las parameras ejulvinas.

Aeródromo del Campillo.
Ejulve es la puerta de entrada al Maestrazgo y el pueblo más montañoso de la comarca Andorra-Sierra de Arcos. En este punto conviene recordar que Teruel es la provincia más montañosa de nuestro país. Tanto es así que el municipio situado a mayor altitud de toda España es Valdelinares (1.692 m), por encima incluso de poblaciones del pirineo leridano, Gredos o la Alpujarra. No es de extrañar, por tanto, que la orografía del terreno obligue a crear pueblos encaramados al relieve: fuertes pendientes, cortados rocosos… aunque no todo se presenta a la vista. En ocasiones, es necesario descender a través de alguna de las casi 40 simas catalogadas para maravillarse con la belleza oculta de estos decorados subterráneos. De hecho, para quienes deseen soltar adrenalina, a tres kilómetros de Ejulve encontramos señalizado un desvío a la derecha que nos lleva a la Cueva del Recuenco, visitable siempre y cuando se haga a través de una empresa especializada de turismo activo, pues resulta imprescindible llevar equipamiento apropiado, o bien estar federado. Este Punto de Interés Geológico es un santuario para los espeleólogos. Presenta un desnivel de 57 metros y un recorrido de un kilómetro que combina salas espectaculares de gran tamaño con angostos pasos.

Detalle de la Casa Felicitas, en Ejulve.

Pero no abandonemos aún el casco urbano de Ejulve; en primer lugar, porque su conjunto arquitectónico bien merece una visita, con la iglesia de Santa María la Mayor, de estilo gótico-renacentista, como principal atractivo. Pero también la Casa Consistorial, con sus arcos de medio punto rebajados abriendo la lonja, y diversas casonas en sillería, a reseñar la Posada de la Plaza, la Casa Felicitas o el Antiguo Hospital.

También conviene probar los productos agroalimentarios de gran calidad y tradición, entre los que destacan los quesos de cabra Los Santanales y los elaborados cárnicos Ortín: longaniza con trufa o con pistacho, conservas de cerdo, escabechados de perdiz y codorniz… delicias todas ellas que se pueden comprar en cualquiera de las dos tiendas de la localidad. The Silent Route en moto también es rica gastronomía.

Productos agroalimentarios de "la Silent".

Si el reloj marca la hora de mesa y mantel, El Mirador del Maestrazgo cuenta con un pequeño restaurante que ofrece cocina tradicional con productos de cercanía, como el jamón de Teruel, setas de temporada, borraja con patata, alubias rojas con ‘sacramentos’, ternasco asado… Sabores de siempre a precios razonables. Eso sí, es conveniente reservar previamente para disfrutar de esta experiencia de agroturismo. En paralelo, el Mirador del Maestrazgo dispone de tres tipos de alojamiento diferentes: Los Pajarcicos (apartamentos hasta 8 personas), La Casa de Colores (4 habitaciones, hasta 10 personas) y La Casa del Gato (4 habitaciones, con capacidad de 6 a 10 personas).

Si preferimos buscar un merendero con vistas, después de Ejulve aparece un desvío hacia la ermita de Santa Ana que ofrece una panorámica del valle del río Guadalopillo. Los aficionados al senderismo y la bicicleta de montaña encontrarán en las “Masías de Ejulve” un espacio señalizado con 9 rutas autoguiadas para conocer el patrimonio natural, cultural e histórico de las masías turolenses. Por su parte, Caleja del Huergo es un congosto al que se llega fácilmente por un sendero desde Ejulve.

Silencioso, el macho de cabra montés que se ha convertido en imagen de The Silent Route.

‘Silencioso’, parada obligada

A la altura del punto kilométrico 17,300 se alza una de las imágenes más icónicas de la ruta: una escultura de cuatro por cuatro metros de un imponente macho de cabra montés, bautizado con el nombre de “Silencioso” e instalado en diciembre de 2018. Se ha convertido en el logotipo de ‘la Silent’ y el mirador más fotografiado de la zona. Desde este privilegiado balcón natural podemos contemplar las coronas de Aliaga, los altos de Pitarque y Cañada de Benatanduz, las muelas calcáreas de Villarluengo y Cantavieja… Topografía de contrastes en el Alto Maestrazgo. La parada resulta obligatoria. Es el ‘selfie’ por excelencia de The Silent Route en moto.

Subiéndonos de nuevo a la moto y tras descender por el puerto de los Degollados, encontramos un desvío a la derecha hacia Montoro de Mezquita, una minúscula pedanía que cuenta con tres casas rurales… y una decena de moradores. En 2,7 kilómetros entramos en un mundo irreal, lleno de sorpresas, al abrigo de los vigorosos riscos que contemplan el respirar del río Guadalope. Los tonos ocres y recios dominan las casas y las moles de roca que se levantan ejerciendo custodia. Es momento de cambiar nuestras botas de protección por un calzado algo más cómodo y acometer el sendero que conduce hasta las pasarelas del Estrecho de Valloré y subir al mirador de los estrechos. Es uno de los grandes ‘must’ de The Silent Route en moto. Pasearemos al acecho de moles verticales que superan los cien metros de altura. Y del tajo a los espacios abiertos, con los sentidos desbordados.

The Silent Route en moto: mapa.

De regreso a la carretera madre, a menos de 6 kilómetros salen a nuestro encuentro los Órganos de Montoro, un ciclópeo paredón que recorta el skyline de ‘la Silent’ y se eleva hacia el mismo cielo que surcan buitres, alimoches y otras majestuosas aves. Sobre la muralla de piedra el agua de escorrentía y el hielo han ido labrando surcos que dibujan como canales bajantes los muros verticales de esta fortaleza. Esta maravilla geomorfológica, que recuerda a los tubos de un órgano, está rodeada por pinos, enebros, sabinas negras, carrascas, chopos, saucedas y juncales en la ribera. Un despliegue de riqueza faunística y botánica. Parece mentira, pero solo estamos a 27 kilómetros del inicio de ruta. Cada metro cuenta.

Los Órganos de Montoro, uno de los emblemas de The Silent Route.

Inmerso en obras de acondicionamiento (2020), el Hostal de la Trucha aprovechó una antigua fábrica para transformarse en un alojamiento con capacidad para 54 habitaciones. Las instalaciones de este hotel albergaron la primera fábrica de papel moneda del Estado y posteriormente fueron convertidas en fábrica textil. Se encuentra prácticamente pegado a los Órganos de Montoro.

La carretera de acceso a Pitarque es otro de los puntos más buscados por los motoviajeros. La sucesión de túneles excavados en los farallones pétreos forman un pasadizo donde no puede faltar la fotografía de rigor. El río fluye en paralelo, y tras superar la barrera de piedra se abre, a nuestro lado, a un espacio donde los árboles y las vacas cachenas conviven con las afiladas aristas en derredor. Cuando el río baja bravo es un auténtico espectáculo. La visita al nacimiento del río Pitarque está repleta de surgencias y antojadizos manantiales de agua, algunos de ellos con gran caudal en época de deshielo o intensas lluvias.

Pitarque y los túneles excavados en la roca próximos al Hostal La Trucha.

De regreso a la A-1720 alcanzamos Villarluengo tras coronar el puerto homónimo. No puede faltar una visita a cualquiera de sus balcones. Uno de ellos es conocido como “el balcón de los forasteros”; el otro es el mirador de “peña capitán”. Merece la pena asomarse para disfrutar del barranco que circunda la localidad. Y también ir en búsqueda de la antigua muralla que blindó este sobrio caserío, en el que aún pervive un lavadero tradicional. Si para entonces el hambre arrecia, estamos de enhorabuena: en el pueblo se hace buen pan, hay cecina y embutidos de calidad y ricas pastas para redondear el tentempié.

La Torre de Montesanto es uno de los baluartes más significativos del Maestrazgo, una torre almenada de origen templario, considerada Bien de Interés Cultural. Una de las particularidades del sitio es que esta masada fortificada se ha convertido en hostal y restaurante, con especialidad en carnes a la brasa.

Villarluengo, en el corazón de The Silent Route.

Muy cerca se encuentran las ruinas del convento, que aún recuerda al castillo que pudo ser y que sirvió de cárcel en época de guerras. Pasado Villarluengo vemos a la izquierda otra torre fortificada, la Torre Gorgue, una casa fortificada de planta cuadrangular construida con mampostería y reforzada por sillares calizos. Cabe la posibilidad de acercarse a verla mejor desviándose unos pocos kilómetros por la carretera que lleva a Tronchón.

Otro de los grandes puntos de interés del pueblo no está dentro sino fuera, en dirección a la próxima parada de la ruta. Las vistas son fantásticas y nos subsumen en un nuevo serpentín de curvas, abismos y panorámicas encajonadas.

El asentamiento imposible de Cañada de Benatanduz.

Cañada de Benatanduz es un nombre que tendrás que pronunciar 10 veces antes de memorizarlo. Pero solo necesitarás 1 vez para no olvidar jamás la visión de este conjunto de casas suspendido en el áspero y vertiginoso declive del terreno. El barranco del río Cañada sitia a esta pequeña villa, pero a cambio regala unas formidables tomas aéreas desde los miradores de San Cristóbal y también desde el castillo, al que se llega desde la plaza, en dirección al punto más elevado de este roquedo convertido en hogar para una treintena de personas.

The Silent Route, una de las rutas escénicas más bellas de España.

Final de The Silent Route en moto

Cuando las nevadas hacen acto de presencia, esta zona de ‘la Silent’ adopta unas formas que parecen extraídas de un lienzo. Blancura por estratos, vaporosos vestidos para la piedra seca, albos densos, inmensos vacíos y grandes planos que se superponen unos sobre otros. Estamos en zonas de gran altitud, rozando los 1.700 msnm. El Puerto de Cuarto Pelado desdibuja por completo el paisaje que conocíamos.

Alcanzamos Cantavieja, fin de nuestra travesía. Comparada con un barco por su particular forma alargada que se yergue sobre un promontorio, en el que sobresale la torre de la iglesia, es el punto final a una ruta de ensueño. El templo de San Miguel, de estilo gótico, atesora un sepulcro en alabastro tan codiciado como la plaza porticada, una de las más bellas de todo Aragón. Y así, en este “nido de águilas”, suspendidos literalmente en el aire, es posible tomar descanso en Casa Sara, un alojamiento familiar donde se duerme de fábula y se desayuna aún mejor. Y con parking privado para motos.

Plaza porticada de Cantavieja.

Son únicamente 63 kilómetros. Pero posiblemente los mejores 63 kilómetros de toda la Península para vivir una experiencia tan rica, tan sorprendente, tan mística, que a buen seguro cuando lo conozcas querrás volver. Más pronto que tarde. Para escuchar el sonido del silencio. Descubre The Silent Route en moto.

Texto y fotos: Quique Arenas | Acción: Quique Arenas & Manel Kaizen.-

Castellote, Rutas Moteras del Bajo Aragón.

RUTAS MOTERAS DEL BAJO ARAGÓN

Aragón es una comunidad que respira motociclismo por cada uno de sus poros, siendo Alcañiz y el circuito de MotorLand un referente consolidado internacionalmente. El Gran Premio de Aragón de Motociclismo, que reúne a los mejores pilotos de MotoGP y a miles de aficionados de toda España, se ha convertido en una cita mundialista imprescindible.

Cuando hablamos del antagonismo a la velocidad, también Aragón ha sabido convertirse en paradigma para la comunidad motociclista: su apuesta por el “slowdriving” se ha canalizado a través de las Rutas Moteras del Bajo Aragón y la creación de un club de producto que está constituido por instituciones, empresas y profesionales del sector turismo y servicios, orientado a brindar una serie de ventajas y comodidades para los usuarios que recorren las Rutas Moteras y visitan los establecimientos asociados.

Entre las propuestas creadas por la comarca del Bajo Aragón, que es una de las diez comarcas turolenses con fuerza y tradición en el motociclismo, destacan la Ruta Motera de los Oasis (84 km), la Ruta de las Bóvedas del Frío (127 km), la Ruta Tierra y Arte (163 km) y la Ruta 232, con punto de salida y llegada en Alcañiz y que como su propio nombre sugiere discurre a través de un trazado circular de 232 kilómetros. Todas ellas están perfectamente detalladas en la web oficial y cuentan con mapas y enlaces a Google Maps para poder seguir los tracks y sus distintos tramos.

DÓNDE DORMIR | DÓNDE COMER | GASTRONOMÍA

Agradecimientos THE SILENT ROUTE EN MOTO: Mar Villacampa, Mª Ángeles Tomás, Cristina Mallén, Daniel Millera, Área de Turismo de la Diputación de Teruel, Manel Kaizen.

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Quique Arenas

Director de Motoviajeros, durante más de 25 años, en sus viajes por España, Europa y Sudamérica acumula miles de kilómetros e infinidad de vivencias en moto. Primer socio de honor de la Asociación Española de Mototurismo (AEMOTUR), embajador de Ruralka on Road y autor del libro 'Amazigh, en moto hasta el desierto' (Ed. Celya, 2016) // Ver libro

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