MOTOVIAJEROS / Revista de viajes y rutas en moto https://motoviajeros.es Viajes y rutas en moto Mon, 26 Sep 2022 19:31:36 +0000 es hourly 1 https://motoviajeros.es/wp-content/uploads/2019/02/cropped-FAVICON-32x32.jpg MOTOVIAJEROS / Revista de viajes y rutas en moto https://motoviajeros.es 32 32 90497669 Charly Sinewan deja BMW https://motoviajeros.es/charly-sinewan-deja-bmw/ https://motoviajeros.es/charly-sinewan-deja-bmw/#respond Mon, 26 Sep 2022 17:56:38 +0000 https://motoviajeros.es/?p=14071 “Nos quedan unos kilómetros todavía de despedirnos de Honduras, de la etapa 20, de esta moto… y de BMW después de 11 años”. Con estas palabras, el propio Charly Sinewan ha anunciado uno de los giros del “guionista” más inesperados. La revelación, que ha pillado por sorpresa a sus seguidores,...

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“Nos quedan unos kilómetros todavía de despedirnos de Honduras, de la etapa 20, de esta moto… y de BMW después de 11 años”. Con estas palabras, el propio Charly Sinewan ha anunciado uno de los giros del “guionista” más inesperados. La revelación, que ha pillado por sorpresa a sus seguidores, se producía al final del capítulo estrenado ayer domingo 25 de septiembre en su canal de YouTube (minuto 22:02).

El motoviajero español, que acumula 1,33 millones de suscriptores y 188 millones de reproducciones en la conocida plataforma de vídeos, ha dejado con la intriga a sus incondicionales; muchos se preguntan si es un simple cambio de modelo de motocicleta o si, efectivamente, se trata del adiós definitivo a la marca bávara, aunque Sinewan anticipa que “lo que viene es muy ilusionante… vienen cambios muy importantes”.

Sinewan deja BMW

En el momento de escribir estas líneas aún es embajador de BMW Motorrad, si bien, según fuentes consultadas por Motoviajeros, la noticia se hará oficial en breve.

Charly Sinewan, con su libro, en Madrid.

El anuncio se produce apenas dos semanas después de los BMW Motorrad Days de Sabiñánigo. Su ausencia resultó muy extraña, y en los mentideros motoviajeros se rumoreaba la posibilidad de que Sinewan y BMW Motorrad tomaran caminos separados.

Carlos García Portal (Madrid, 1975) inició su vuelta al mundo en 2009 con una Honda Varadero de 1000 cc. Desde entonces, ha viajado por los cinco continentes, convirtiéndose en un auténtico fenómeno de masas y creando un universo propio lleno de “berenjenales” y aventuras donde el plan es que no hay plan. En 2019 la editorial GeoPlaneta publicó su libro “El mundo en moto con Charly Sinewan”, que rápidamente se convirtió en un éxito de ventas.

Ahora que Charly Sinewan deja BMW, habrá que esperar acontecimientos futuros para conocer la marca a la que une su destino el genial motoviajero madrileño, al que desamos la mayor de las suertes en su nueva andadura.

Texto y fotos: Quique Arenas.-

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Rutas Moteras del Bajo Aragón | MotorLand https://motoviajeros.es/rutas-moteras-del-bajo-aragon-motorland/ https://motoviajeros.es/rutas-moteras-del-bajo-aragon-motorland/#respond Fri, 16 Sep 2022 11:39:51 +0000 https://motoviajeros.es/?p=13961 Puesto en un mapa, Alcañiz es el corazón de la comarca del Bajo Aragón. Y esta, a su vez, de la provincia de Teruel. Corazón sobre corazón, latido sobre latido. Una arteria principal nos lleva a descubrir todas y cada una de las emociones que atesora este santuario del mototurismo,...

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Rutas moteras del Bajo Aragón: Alcañiz

Puesto en un mapa, Alcañiz es el corazón de la comarca del Bajo Aragón. Y esta, a su vez, de la provincia de Teruel. Corazón sobre corazón, latido sobre latido. Una arteria principal nos lleva a descubrir todas y cada una de las emociones que atesora este santuario del mototurismo, la N-232. También sus continuas ramificaciones nos abren a la luz de una tierra vital, plagada de historia, deliciosa gastronomía, bellísimos escenarios naturales… ¡y olor a gasolina!: miles de aficionados disfrutan cada año con la competición en MotorLand. Y precisamente Alex Rins, piloto de MotoGP nacido en Barcelona pero con raíces familiares en Valdealgorfa, se convertía en 2013 en padrino de las Rutas Moteras del Bajo Aragón.

Esta comarca turolense se ubica entre las provincias de Castellón, Teruel, Zaragoza y Tarragona. Siempre ha sido un estratégico cruce de caminos, por lo que el carácter de sus gentes es afable y hospitalario. Está en la confluencia de la N-420, N-232 y N-211. A levante, el Mediterráneo; a septentrión, el valle del Ebro y el asomo de las cumbres prepirenaicas; al sur, la comarca del Maestrazgo y la unión con Andorra-Sierra de Arcos.

Recorriendo las carreteras turolenses.
El noreste de Teruel es crisol de contrastes, y en su interior crecen fértiles valles, escarpadas montañas, grandes espacios acuáticos y manifestaciones culturales y artísticas que nos recuerdan que aquí, en estos pagos, nacieron ilustres personajes como el cineasta Luis Buñuel (Calanda, 1900) o el creador de la Fábrica Nacional de Moneda y Timbre Eugenio Bayod (Belmonte de San José, 1908), y que el peso de las tradiciones continúa formando parte del presente (Alcañiz, Alcorisa y Calanda pertenecen a la Ruta del Tambor y el Bombo).

Rutas moteras del Bajo Aragón

El Bajo Aragón está lleno de estímulos. Sus carreteras parecen diseñadas ex profeso para los viajeros en moto. Por ello, se hacía necesario un proyecto, un impulso para que todos esos recursos y atractivos que compendia esta histórica comarca pudieran llegar hasta el colectivo motociclista. El club de producto dedicado a las Rutas Moteras es una iniciativa del Consejo Comarcal del Bajo Aragón para fomentar los valores turísticos de la veintena de municipios que componen el territorio de la Comarca del Bajo Aragón. En nuestro viaje, además, hemos contado con la inestimable colaboración del área de Turismo de la Diputación Provincial de Teruel, cuya implicación en el ámbito del mototurismo es un buen ejemplo de cómo las instituciones trabajan al servicio de sus ciudadanos, buscando nuevas vías de progreso y desarrollo sostenible.

Mural gigante en Calanda.
La región es decana en su apoyo al mundo del mototurismo. Cuando años atrás pocas administraciones apostaban por esta práctica, la Consejería de Turismo de la Comarca del Bajo Aragón ya dispuso la creación de varias rutas motociclistas para complementar el tirón que ofrece MotorLand. Además, resulta imposible obviar que, precisamente, la construcción de estas instalaciones deportivas surgió para dar continuidad a las carreras que durante casi cuatro décadas se disputaron en el trazado urbano de Alcañiz. Tras el declive del circuito de Guadalope (que tomó su nombre del río que circunda la ciudad) y el fin de las carreras –motivado por la retirada de la licencia de la RFME-, se daba paso a un proyecto auspiciado por el Ayuntamiento de Alcañiz, la Diputación de Teruel y el Gobierno de Aragón, cuya denominación inicial fue la Ciudad del Motor.

Los esfuerzos de las distintas entidades, y también la suma de convencimientos de los agentes sociales y los ciudadanos, han hecho posible que la afición del motor no solo no se haya perdido, sino que haya aumentado exponencialmente, convirtiendo a esta comarca turolense en un referente mundial del motociclismo. Aragón es clara y decididamente territorio motorbike friendly.

Bóvedas del Frío.

Pero pongámonos el traje de motoviajero. Nada como sentir esa deliciosa impaciencia por arrancar. Despliega los mapas, carga los tracks en el navegador, ten a mano los profusos datos de la web oficial www.visitbajoaragon.com y no olvides que en esta aventura, al contrario de lo que ocurre en torno a las banderas ajedrezadas, la clave no es ir deprisa, sino despacio. Viaja lento, con pausas, empapándote de cada recodo, cada empedrada arista y cada rayo de luz que atraviesa los paisajes cambiantes de llanuras y montañas. Por mucho que imagines lo que puedes encontrar, tu capacidad de asombro siempre se verá sobresaltada: fortalezas que se alzan imposibles en el roquedo, cabras montesas que salen a nuestro encuentro, inmensos embalses y escondidos ríos, neveras construidas hace 400 años, ocultas en el subsuelo como el más preciado de los tesoros… y, por supuesto, serpenteantes carreteras de todos los colores: rápidas, traviesas, aisladas, tortuosas, secretas, ajadas por el hielo, curtidas por el sol. Ve despacio y no pierdas la vista de todo cuanto te rodea. Merecerá la pena.

Valdealgorfa, un pueblo muy ligado a Alex Rins.
El club de producto contempla el desarrollo de cuatro alternativas: La Ruta de los Oasis, las Bóvedas del Frío, Tierra y Arte y Ruta 232. Es sin duda un trabajo pormenorizado, que contiene valiosísima información de cada municipio y cada punto de interés. No obstante, nosotros hemos preferido condensar estas propuestas en dos trazados principales más uno de aproximación, elaborando un track para cada jornada que contiene todo lo esencial. Nada se ha perdido, sino que hemos pergeñado un plan de viaje ajustado a los tiempos y distancias que consideramos más equilibrado para los motoviajeros, y que contiene, a su vez, la visita a las neveras más reseñables del Bajo Aragón. No obstante, para quien desee seguir al pie de la letra los itinerarios confeccionados por la web corporativa, los recorridos en Google Maps están perfectamente explicados en cada sección.

¿Cuánto tiempo necesitamos para recorrer las Rutas Moteras del Bajo Aragón? Depende. Habrá quien piense que todo se puede ver en una jornada; habrá quien considere que se necesita una semana completa. A nuestro juicio, entre tres y cuatro días es un buen margen para efectuar la visita… y compactándolo, en un fin de semana. Anotación: en nuestro particular cuaderno de bitácora la Ruta 232 representa el eje vertebrador sobre el que rodaremos con nuestras motos.

Rutas moteras del Bajo Aragón.
Pero no anticipemos acontecimientos. Antes de nada conviene planificar las cuestiones relativas al alojamiento. Opciones hay muchas, y de todos los rangos. Desde económicos hoteles hasta grandiosos edificios, como el Parador de Turismo de Alcañiz, pasando por acogedoras casas rurales y recurrentes apartamentos. Busca el distintivo de los establecimientos adheridos para acogerte a las ventajas y servicios especiales que estas empresas ofrecen a los moteros. Como las distancias no son grandes, quizá una mejor opción es quedarnos en un mismo lugar durante toda la estancia, algo que nos permitirá dejar en nuestra habitación el equipaje que no necesitamos durante las rutas.

Una vez decidido dónde alojarnos, sugerimos aprovechar el día de ida para hacer una primera toma de contacto. Dependiendo de dónde partamos (obviamente no es lo mismo salir de Cádiz o Vigo que hacerlo desde Madrid) y también de dónde nos quedemos a dormir, dispondremos de más o menos tiempo para adentrarnos en esta “ruta 0”. Nuestra propuesta se centra en Alcañiz y su entorno. Se nos hará de noche, pero es algo que buscamos voluntariamente, con el fin de disfrutar de una revitalizante cena y las luces de la ciudad.

Rutas Moteras del Bajo Aragón: Panel indicativo en Valmuel.
Penetraremos en el itinerario marcado con la señalética dedicada de las “Rutas Moteras del Bajo Aragón” en Puigmoreno y Valmuel, en la vaguada del río Regallo, afluente del Ebro. Se trata de dos núcleos de viviendas que se levantaron en torno a una serie de infraestructuras hídricas para el cultivo, creando así estos dos pueblos de colonización.

Y desde allí a MotorLand Aragón, el complejo deportivo que cuenta con circuitos de tierra, karting, parque tecnológico y el celebradísimo circuito de velocidad. El primer Gran Premio Ciudad de Alcañiz se disputó en 1965, por lo que el vínculo del Bajo Aragón con el motociclismo está planamente justificado.

En la actualidad, más de 280.000 personas pasan al año por las instalaciones alcañizanas, con un registro de 18.000 usuarios en pista. Y no solamente pilotos del Mundial de MotoGP, también la caravana del Campeonato del Mundo FIM de Superbikes, el FIM CEV o las World Series. El circuito de velocidad se inauguró en 2009, tiene una longitud máxima de 5.344 metros y presenta un trazado multifuncional para adaptarse a distintas configuraciones y pruebas. Además, es utilizado como escenario de presentaciones, eventos para empresas y colectivos, cursos, ponencias y reuniones. También ofrece visitas guiadas a centros escolares, asociaciones, empresas y grupos.

Circuito de MotorLand Aragón.

Gracias a la colaboración de Esther Martín (Marketing) y Juan Carlos Ruzola (Departamento de Explotación), y la buena coordinación de Daniel Millera (responsable del Área de Turismo, Cultura y Patrimonio de la Comarca del Bajo Aragón), pudimos acceder con nuestras monturas hasta la zona de boxes del circuito. Resulta inevitable no sentir un escalofrío cuando uno se aproxima a la línea de meta de un escenario que ha vivido alguno de los capítulos más emocionantes en la historia reciente del motociclismo, como la pugna por la victoria entre “Pecco” Bagnaia y Marc Márquez, resuelta apenas por milésimas, durante el GP de Aragón 2021, celebrado el pasado 12 de septiembre.

Y de MotorLand a La Estanca. Sus aguas, vistas desde el aire con las imágenes que nos brinda el dron, trazan una estampa idílica. Es un paraje idóneo para la realización de actividades de ocio: senderismo, cicloturismo, vela, pesca deportiva… Junto a la carretera 232 (ya la tenemos aquí), el monumento al Tambor es obra del escultor turolense José Gonzalvo, y se asienta sobre un basamento en forma de tambor de piedra de 22,50 metros de diámetro. La escultura, construida en hierro, representa la figura de un cofrade tocando el instrumento de percusión y ataviado con el traje típico de la Semana Santa alcañizana.

Alcañiz.
En un santiamén llegamos a Alcañiz. En menos de 10 minutos nos situamos en la Oficina de Turismo, ubicada en la confluencia de la Plaza de España y el número 1 de la calle Mayor. Además de ofrecernos una nutrida y práctica suerte de mapas, guías y otras publicaciones de interés, las dependencias albergan en sus entrañas un increíble conjunto de nevera, bodega y pasadizos subterráneos. No dejéis pasar la oportunidad de visitarlo. Y sacad vuestras cámaras de fotos, porque a escasos metros tenemos tres de los monumentos más formidables de la ciudad: el Ayuntamiento, de estilo renacentista (siglo XVI), la lonja gótica (siglo XV) y la magnífica iglesia de Santa María la Mayor (siglo XIII), que fue colegiata durante más de cuatro siglos.

Encaramado a un promontorio, recorta con su fastuosa silueta el castillo de los Calatravos, que desde 1968 está convertido en Parador Nacional de Turismo. Pero eso no es todo, conviene seguir el curso del Guadalope para ir en busca de la Fuente de los 72 caños, en el parque de la Glorieta, y rodar junto a las almenas y murallas que escoltan la Ronda de Teruel. La historia de Alcañiz es prolija y fascinante a partes iguales… ¿Qué, ya hay hambre? Pues empezad a acostumbraros a las bondades de la gastronomía local: tradición y modernidad se dan cita en los restaurantes de la ciudad, así que tomad asiento y completad la parada y fonda, si así lo decidís, para redondear una jornada inicial que no tiene desperdicio. Recordad, hay productos con Denominación de Origen, como el melocotón de Calanda y el aceite de oliva del Bajo Aragón. Y qué decir del jamón de Teruel, el ternasco, la trufa, el vino y la repostería local. El Bajo Aragón se disfruta con los cinco sentidos.

El castillo de los Calatravos alberga un Parador Nacional de Turismo.
La etapa inicial fusiona varias de las propuestas individualizadas, y en un primer recorrido ya hemos abordado la Ruta 232, la primera parada de la Ruta de los Oasis, uno de los puntos destacados de la Ruta Tierra y Arte y, a su vez, una de las neveras más notables de la Ruta por las Bóvedas del Frío.

Una de las maravillas del Bajo Aragón es la ausencia de masificaciones. En estos páramos no existe el turismo de masas, y eso facilita que todo resulte más plácido, más familiar, más accesible, más auténtico. La tranquilidad es al mototurismo lo que el néctar y la ambrosía al paladar de los dioses: pura delicatessen. El hecho de que algunas vías presenten un asfalto con poco mantenimiento nos obliga a extremar las precauciones; pero a la vez tal circunstancia garantiza que rodaremos por carreteras poco transitadas. El abandono tiene una parte romántica, cuasi virginal, un contacto primigenio con la naturaleza y los pequeños pueblos que nos salen al paso. Aquí la vida transcurre sin alharacas. Todo está en su sitio, combatiendo sin displicencia el paso de los tiempos. Y la moto, que más que una afición es una bendición, nos acerca a tamañas experiencias. Somos afortunados.

"Break" en Valdealgorfa, un pueblo muy vinculado a Alex Rins.
Con esta premisa comenzamos un nuevo día. Arranca la etapa más intensa, que nos ha de llevar en forma circular por carreteras secundarias a lo largo de 170 kilómetros de ensueño. De Alcañiz nos dirigimos a Valdealgorfa. Las pancartas en apoyo de Alex Rins nos dan la bienvenida en el Bar Herrero, en la coqueta plaza del Sagrado Corazón de Jesús. Anotad bien el nombre de este local, porque es ahí donde tenemos que solicitar la llave para acceder a la bóveda del frío del pueblo. Hablando de Rins… curiosidad: la gasolinera denominada 42oil no es una estación de servicio convencional; está diseñada como si fuera una entrada a boxes, con pianos y curvas a la entrada. El propio piloto la inauguró en 2016. Antes de abandonar el pueblo recomendamos deleitarnos con la riqueza de su patrimonio arquitectónico, en el que destaca la torre de la iglesia parroquial, dedicada a la Natividad de Nuestra Señora, y su retablo barroco.

Nos desviamos hacia Torrecilla de Alcañiz por la A-1410, en el que destaca su Casa Consistorial. Nuevo giro hacia La Codoñera, una villa pequeña en nuestros días, pero grande en historia. Continuamos hacia Torrevelilla, destruida prácticamente en su totalidad durante la Guerra Civil y reconstruida posteriormente. Su población no llega a los 200 habitantes.

Belmonte de San José.
Y llegamos hasta Belmonte de San José. La mejora en los accesos por carretera al municipio es una petición largamente reivindicada por su alcalde, el historiador Alberto Bayod, quien nos recibe amablemente y nos muestra la impresionante nevera de los Calatravos (siglo XVI), que fue la primera de Aragón en ser rehabilitada y una de las más espectaculares de toda la Ruta, con su acceso por la parte alta y sus arcos de sillería iluminados. La pasión con la que Bayod nos habla de su pueblo y el entusiasmo que se desprende de sus palabras confieren a nuestra visita un valor especial. Porque nos ayuda a comprender que sin el esfuerzo de las gentes locales, sin la perseverancia de quienes conocen los problemas –y también las soluciones-, estos pequeños núcleos poblacionales ya habrían agonizado para siempre. Mas al contrario, se han revelado en contra del olvido, y en un ejercicio de compromiso colectivo, los vecinos de Belmonte se han unido para que el pueblo luzca siempre con sus mejores galas, lo que ha servido para obtener diversos premios al embellecimiento. Son menos de 100 habitantes, pero el grado de concienciación es total. El propio Ayuntamiento abandera el cuidado del patrimonio: la Casa Consistorial y su antigua cárcel, la imponente iglesia parroquial, las casas solariegas, el paseo por las calles empedradas… La sola visita a esta villa, en sí mismo, ya justifica que nos adentremos en las Rutas Moteras del Bajo Aragón. Es un lugar imperdible.

Rutas Moteras del Bajo Aragón: Parajes naturales de gran belleza.
Volvemos al encuentro con la N-232. Será por poco tiempo, ya que nuestro destino está en La Cerollera, situada en el interfluvio de los ríos Matarraña y Guadalope. La bóveda del frío que se encuentra en La Cañada de Verich es, quizá, la más sorprendente por su ubicación: está alejada de las casas y su entrada perfora un monte para crear una bóveda en la que el juego de luces y la sonorización nos hacen evocar tiempos pasados; es una atmósfera casi conventual, de retiro y paz.

Proseguimos hasta La Ginebrosa, cuya nevera es un poco difícil de encontrar; con la moto hay que tener cierta pericia. Su temática está dedicada al desuso y abandono de estos pozos de nieve como consecuencia de la implantación del frío industrial. Y mucha atención porque en el tramo que une esta pequeña localidad con Aguaviva se encuentra otro de los “must” del Bajo Aragón: el puente de Cananillas. Se trata de un paraje natural soberbio, modelado por el Bergantes, que cuenta con zonas aptas para el baño.

Puente de Cananillas sobre el río Bergantes.
Las aguas cristalinas del río han esculpido un paisaje rocoso merced a su carácter torrencial, con fuertes estiajes y un caudal que ha labrado a lo largo de millones de años marmitas, cuevas y pozas. Se accede con la moto a través de una pista no asfaltada, pero en buen estado. Caminar por la zona, observar, oler, dejar la mente en blanco y sumergirse en esta bocanada de naturaleza es un ejercicio de pura vida. Los animales están por todos lados: peces, aves rapaces y cabras montesas -vimos a una hembra con su cría trepar por la ladera del monte que circunda las aguas-. Puesto que el lugar se ha puesto de moda entre los bañistas, nuestro consejo es evitar la temporada veraniega. De hecho, el alcalde de Aguaviva, Aitor Clemente, tuvo que limitar el aforo de vehículos en 2020 y 2021, en cierta parte también motivado por el contexto de medidas de distanciamiento relacionadas con el Covid. Durante nuestra visita, el regidor nos acompañó a visitar la bóveda del frío del pueblo, dedicada al vertido de la nieve.

Los pliegues se retuercen muy cerca de Castellote.
Proseguimos envueltos en pinares por la angosta TE-8301 hasta Las Parras de Castellote. Después la carretera se ensancha y mejora en dirección al embalse de Santolea. La rapidísima A-226 nos deja a los pies de Castellote, uno de los enclaves más pintorescos del Maestrazgo. Su castillo templario y la ermita del Llovedor en la vertiente norte del barranco de los Rincones no dejan indiferente al viajero. Ponemos rumbo a Seno, la carretera remonta y dibuja una bonita panorámica con el conjunto de casas a nuestra derecha. El tramo hasta Molinos presenta un asfalto con deformaciones, así que nada de girar el mango. Además nos hallamos en uno de los puntos más bonitos a nivel paisajístico. Un desvío nos señala el próximo punto de interés: las Grutas de Cristal. Allí también el paisaje es hermoso, pero para ello debemos adentrarnos en el interior de una cueva. Nuestro agradecimiento a Emilio Jordán y Pilar Mateo por sus facilidades en el acceso a este mundo subterráneo tan sobrecogedor.

Rutas Moteras del Bajo Aragón: Las Grutas de Cristal.
La orografía continúa retorciéndose y los pueblos se adaptan como pueden a los escarpes del terreno. Los cauces de agua están por todos lados en el trayecto hasta Berge, y decidimos adentrarnos por los caminos que rodean a este municipio para llegar hasta el Santuario de la Virgen de la Peña. Desde su promontorio, las vistas panorámicas del valle del Guadalopillo son de postal. De camino a Alcorisa bordeamos el embalse de Gallipuén. ¿Pensabais que nos habíamos olvidado de la Ruta de los Oasis?

La “fiel” y “muy ilustre” villa de Alcorisa se encajona entre los alcores que la rodean. Precisamente desde las ermitas de San Juan y del Calvario se obtienen las mejores estampas del enjambre de calles y casas, con la torre de la iglesia de Santa María la Mayor silueteando el horizonte. Nosotros subimos con la moto sin demasiada dificultad hasta este punto.

Rutas Moteras del Bajo Aragón: Alcorisa.

La N-420 nos conduce hasta Calanda, donde un enorme graffiti urbano nos recuerda que estamos en las Rutas Moteras del Bajo Aragón y en la cuna de Luis Buñuel, su vecino más ilustre. En el CBC (Centro Buñuel Calanda) Ana María Trallero nos revela detalles sorprendentes de la vida del inmortal cineasta, cuya obra se desarrolló mayoritariamente en Francia y México como consecuencia del exilio y la censura de la dictadura franquista. El autor de Un perro andaluz (1929) y Viridiana (1961) está considerado uno de los cineastas más importantes y originales del Séptimo Arte, y su producción estuvo a la vanguardia del surrealismo. Recorrer las instalaciones del CBC es como adentrarse en la mente del genial calandino; todo es onírico e inesperado, un permanente abrir y cerrar de puertas del subconsciente. Desde su inauguración el 22 de febrero de 2000 se han realizado exposiciones y actividades sobre su figura. La visita resulta obligada.

Pero Buñuel no es una metonimia de Calanda, y muchos son los atractivos del municipio, incluyendo una muy bien conservada nevera con una sala central, dos ramificaciones laterales, paneles retroiluminados y elementos audiovisuales.

CBC (Centro Buñuel Calanda)

Por último: el melocotón de Calanda cuenta con Denominación de Origen Protegida, y su cultivo se remonta a la Edad Media. Y así, entre frutales, ponemos el broche a la jornada.

El tercer día de conducción nos lleva a recorrer algunos de los puntos interiores aún por descubrir. Como la vecina Castelserás, en la que nos adentramos en busca de su puente sobre el Guadalope y el conjunto hidráulico de la fuente-lavadero. La abundancia de agua –en su término confluye el río Mezquín- y la fertilidad de los valles son una constante en esta zona. Es una parada indispensable, y allá donde miremos encontraremos un buen encuadre fotográfico.

 

La ruta de los oasis, a vista de dron.

Conectamos con la Ruta de los Oasis para orillarnos al embalse de Calanda. La carretera es una delicia, con buen asfalto, curvas de anuncio y un bosque precioso que nos traslada hasta Mas de las Matas, con su majestuosa iglesia parroquial. La portada presenta columnas salomónicas y una torre se yergue vertical casi hasta los 70 metros de altura. Este tramo pertenece a la Ruta Tierra y Arte. No damos puntada sin hilo.

Volvemos hasta Castellote y nos damos un capricho, un extra aventurero fuera de guión: la TE-8101 trepa por una indómita carretera pseudo asfaltada por donde es más fácil encontrar animales silvestres que seres humanos. Es nuestra particular forma de acceder hasta La Mata de los Olmos, allá en lo lejos. Pero antes alcanzamos Ladruñán. Un pequeño desvío nos transporta hasta un paso inimaginable, bellísimo. Nos adentramos a través de una pista sin pavimentar por el desfiladero, entre paredes verticales custodiadas por buitres, para depositar nuestras motos ante la desgastada mirada del convento de los Monjes Servitas, ya en Cuevas de Cañart, de nuevo en tierras del Maestrazgo. Ponemos rumbo conocido hasta Molinos; la TE-41 nos engancha a otro marco muy popular entre los moteros: el Hotel Venta La Pintada, punto de partida de The Silent Route.

Subimos en dirección Alcañiz y pronto llegamos a La Mata de los Olmos, donde nos espera el concejal Rafael Lahoz para mostrarnos una de las neveras mejor conservadas de toda la ruta temática de las Bóvedas del Frío: maquetas, proyecciones y locuciones, juegos de luces, distintas estancias y una dotación museal que recupera a la perfección el conocimiento de lo que fueron estas construcciones, concebidas por nuestros antepasados para conservar alimentos. Para ello, estas neveras naturales se diseñaban de tal forma que se acumulaba en su interior la nieve caída durante el invierno para su transformación en hielo. Funcionaron a pleno rendimiento principalmente durante los siglos XVI y XVII. Y así terminamos, con un toque cultural, tan valioso para enriquecer cualquier ruta mototurística que se precie.

Rutas Moteras del Bajo Aragón: Sorteando el río Guadalope.
Falta un apunte más; el último, pero no por ello menos importante: el agradecimiento a Manel Kaizen por su decidida entrega en el reportaje, y la gratitud infinita hacia Rubén García Cabo, motoviajero, excelso conocedor de la provincia de Teruel, vecino de Alcañiz y, a la sazón, inmejorable cicerone durante nuestro recorrido por esta fascinante comarca turolense. A su rueda sentimos el privilegio de adentrarnos en lugares que, sin su mirada certera, hubieran sido imposibles de hollar.

Y una reflexión a modo de epílogo: viaja despacio. O no tanto si así lo prefieres. Pero viaja a lugares que te dejen huella. Las Rutas Moteras del Bajo Aragón lo harán, y crearán una besana en tu espíritu por la que transitarán futuras ilusiones, futuros viajes. Esa precisamente es la alquimia del viajero: cuanto más llenas el alma de emociones, más se retroalimenta.

Texto y fotos: Quique Arenas // Acción: Manel Kaizen, Rubén García Cabo

 

Manel Kaizen, en Castelserás.

EL PAISAJE QUE FORJÓ UNA ACTITUD. Por Manel Kaizen

No me gusta abusar del “hablemos de mí”, pero en esta ocasión queda plenamente justificado empezar esta columna hablando de mis primeras excursiones moteras, allá por los felices 90. Como la mayoría de motoristas, las experiencias iniciáticas suponen un intenso proceso de socialización y formar parte de una manada con la que compartes pasión, anécdotas y vivencias.
Sin embargo, ese gregarismo nunca escondió mi tendencia natural a ser anacoreta: una ruta con amigos te hace sentir vivo y querido, pero deambular en solitario colma la parte más íntima del alma. En aquella génesis de motos carburadas, mala ropa que no contenía el frío, mochila atada con pulpos, cámara de fotos analógica y libreta para tomar apuntes tuve la gran suerte de tropezarme con Aragón en general y Teruel en particular. De manera involuntaria, los paisajes descarnados de una de las provincias más despobladas de España atrajeron mi atención hasta el punto de tejer unos sólidos lazos afectivos que me hacen sentir como en casa, o incluso mejor.

Promocionar esta zona me provoca emociones contrapuestas: por un lado, el orgullo de haceros llegar lo mucho que ofrece la comarca del bajo Aragón, y por el otro, un temor egoísta me pide guardar silencio para que no se altere esa mezcla perfecta de belleza y tranquilidad. Que estés leyendo esto significa que, como no podía ser de otra manera, la voluntad de compartir se ha impuesto a la racanería de esconder.

Viajando de paso, la comarca del Bajo Aragón puede parecer desangelada, pero si escarbas en su legado histórico y cultural (buena parte de él escondido en carreteras secundarias) el guantazo de realidad te va a dejar pasmado de lo mucho que creías saber y no sabías. No hace falta que te vuelvas loco mirando enciclopedias, limítate a dejarte llevar por alguna de las Rutas Moteras del Bajo Aragón, ellas mismas te lo van a servir todo en bandeja. Todas ellas convergen en Alcañiz, capital del Bajo Aragón y una de las ciudades con más cultura del motor en este país.

Pasen, lean… y viajen, canastos.

 

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Últimos días para inscribirse al V Rally Ruta Vía de la Plata https://motoviajeros.es/ultimos-dias-para-inscribirse-al-v-rally-ruta-via-de-la-plata/ https://motoviajeros.es/ultimos-dias-para-inscribirse-al-v-rally-ruta-via-de-la-plata/#respond Wed, 14 Sep 2022 18:07:15 +0000 https://motoviajeros.es/?p=13957 El Rally Turístico Ruta Vía de la Plata, que alcanza este año su quinta edición, cerrará inscripciones el próximo 23 de septiembre, por lo que aún es posible participar en una experiencia en moto por etapas que se ha consolidado dentro del calendario mototurístico nacional. Esta vez, además, con una...

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El Rally Turístico Ruta Vía de la Plata, que alcanza este año su quinta edición, cerrará inscripciones el próximo 23 de septiembre, por lo que aún es posible participar en una experiencia en moto por etapas que se ha consolidado dentro del calendario mototurístico nacional. Esta vez, además, con una importante novedad: los motoviajeros se darán cita por primera vez en Santiponce, cuna de los emperadores Trajano y Adriano. Organizado por Travelbike Tours, cuenta con la colaboración de la Red de Cooperación de Ciudades en la Ruta de la Plata.

En la prueba, no competitiva, puede inscribirse cualquier persona mayor de edad con una motocicleta de cilindrada superior a 250 cc. El rally resulta ideal para rodar en solitario, en pareja o con un grupo de amigos. La organización ha establecido un cupo máximo es de 100 motocicletas. El objetivo es completar un reto mototurístico en tres etapas y alrededor de 1.200 kilómetros, tomando como eje vertebrador de las etapas diarias enclaves pertenecientes a la Ruta Vía de la Plata e itinerarios que parten de la N-630.

V Rally Ruta Vía de la Plata

La caravana motociclista se reunirá el próximo sábado 8 de octubre en Santiponce, cuyo impresionante conjunto arqueológico de Itálica está situado a 15 minutos de Sevilla, desde donde se arrancará al día siguiente. Esta jornada previa está dedicada al briefing de la prueba, verificaciones técnicas de las motos, entrega del welcome pack y pasaporte del rally.

El domingo los motoristas tomarán rumbo norte para abandonar Andalucía y adentrarse en Extremadura, con pernoctación en Cáceres, Patrimonio de la Humanidad desde 1986 y de visita obligada por su fabuloso conjunto histórico-artístico y exquisita gastronomía.

La segunda jornada, el lunes día 10 de octubre, la caravana mototurística penetrará en las provincias de Salamanca y Zamora. Del terreno adehesado cacereño a las primeras estribaciones montañosas de consideración. Y pueblos amurallados. Y castillos. Y un final de etapa en Benavente, con su bello Parador elegido por Travelbike como opción recomendada para el descanso de los riders.

Rally Turístico Ruta Vía de la Plata.

El último día, la etapa reina, conducirá a los motoviajeros por las soberbias carreteras septentrionales de Castilla y León. La Cordillera Cantábrica aguarda con todos sus matices. Los puertos de montaña de Asturias, siempre fotogénicos, siempre un desafío para la moto, representan la última barrera antes de alcanzar Gijón.

Los tracks son secretos hasta el momento de la prueba y la navegación se realiza por medio de GPS, roadbook o Tripy II. Los participantes que consigan sellar todos los controles de paso en su pasaporte recibirán un obsequio finisher, y por la noche tendrá lugar una cena de despedida con numerosas sorpresas y regalos.

Travelbike Tours ofrece dos propuestas en relación con la hotelería: por una parte existe la posibilidad de escoger los establecimientos seleccionados por la organización, incluyendo este año el transporte de equipaje de hotel a hotel en vehículo de apoyo; y por otra, la opción de que cada participante elija por su cuenta su lugar de alojamiento.

Más información e inscripciones en https://rallyrutaviadelaplata.com

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Septiembre 2022 // Nº 88 Revista Motoviajeros – Himalaya https://motoviajeros.es/septiembre-2022-no-88-revista-motoviajeros-himalaya/ https://motoviajeros.es/septiembre-2022-no-88-revista-motoviajeros-himalaya/#respond Thu, 08 Sep 2022 22:31:31 +0000 https://motoviajeros.es/?p=13948 HIMALAYA 6 PROMOCIÓN: MALETAS LATERALES SHAD AL COMPRAR TU TRK 502 8 MOTORAMA CALIENTA MOTORES PARA SU CELEBRACIÓN A FINALES DE MES 10 WORLD DUCATI WEEK: 80.000 ASISTENTES DE 84 PAÍSES DIFERENTES 16 CIERRE DE INSCRIPCIONES DEL RALLY RUTA VÍA DE LA PLATA 20 SHAD GANA DOS PREMIOS CON LAS...

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HIMALAYA

6 PROMOCIÓN: MALETAS LATERALES SHAD AL COMPRAR TU TRK 502
8 MOTORAMA CALIENTA MOTORES PARA SU CELEBRACIÓN A FINALES DE MES
10 WORLD DUCATI WEEK: 80.000 ASISTENTES DE 84 PAÍSES DIFERENTES
16 CIERRE DE INSCRIPCIONES DEL RALLY RUTA VÍA DE LA PLATA
20 SHAD GANA DOS PREMIOS CON LAS TR40 Y LAS NUEVAS TR55
22 KM SOLIDARITY INICIARÁ EN OCTUBRE EN BUSCA DE LA SONRISA PERDIDA
24 ATLANTIS MOTO LANZA UNA VERSIÓN MEJORADA DE SU APP
28 1.200 PARTICIPANTES SE DAN CITA EN LA XI EDICIÓN DEL RODIBOOK
32 EMILIO SCOTTO PRESENTA EN LA BAÑEZA SU SEGUNDO LIBRO
38 OSOS 1000, HISTORIA DE UN DESAFÍO
44 RUTAS MOTERAS POR CATALUÑA, EL LIBRO DE PATRICK FUERTES
46 CONDUCE UNA HARLEY-DAVIDSON SIN NECESIDAD DE COMPRARLA
48 7 RAZONES PARA HACERTE CON LOS NEUMÁTICOS HYPER-TOURING (II)
50 PON TU MOTO A PUNTO Y NO TE LA JUEGUES CON LA BATERÍA
51 EMILIO SCOTTO Y LA PRINCESA NEGRA
52 CIENCIA, ORGULLO Y PASIÓN
60 UNA CENA EN PANDEMIA Y… ¡AL HIMALAYA!
70 VALENCIA – CABO NORTE – VALENCIA (2006)
80 CUANDO LA INQUIETUD NO TIENE LÍMITES
88 LA REUNIÓN DE HENDAYA
100 LA ATRACCIÓN DE LA DIFICULTAD
102 ESCAPADA POR EL MONTSENY Y LA GARROTXA

* Si tienes problemas para abrir la revista, pulsa AQUÍ

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Kirguistán, el centro del mundo https://motoviajeros.es/kirguistan-el-centro-del-mundo/ https://motoviajeros.es/kirguistan-el-centro-del-mundo/#respond Fri, 05 Aug 2022 20:00:39 +0000 https://motoviajeros.es/?p=13834 Kirguistán, el centro del mundo Los antiguos filósofos y sabios griegos aseguraban que el centro del mundo se encontraba en Delfos, al pie del monte Parnaso, donde según la leyenda las águilas de Zeus se encontraron para señalarlo. Pero no es cierto. El centro del mundo se encuentra en Asia...

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Kirguistán, el centro del mundo

Los antiguos filósofos y sabios griegos aseguraban que el centro del mundo se encontraba en Delfos, al pie del monte Parnaso, donde según la leyenda las águilas de Zeus se encontraron para señalarlo. Pero no es cierto. El centro del mundo se encuentra en Asia central. Está en Kirguistán.


Kirguistán, en kirguís, Кыргызстан, Kırgızstan; en ruso, Киргизия, Kirguíziya, es también conocido como Kirguizistán o Kirguisia, y oficialmente como República Kirguisa. Se quejan, con razón, de que ningún extranjero sabe pronunciar bien su nombre.

 

Está más lejos del mar que cualquier otro país del mundo. Tan alejado que ninguno de sus ríos consigue llegar hasta él. Su altura media (2.750 m) te mantiene cerca del cielo constantemente. Aquí, además, entre sus cordilleras, se encuentran las montañas celestiales de Tian Shan. ¿Qué otro nombre podrían tener, si unen este extraordinario país con China?

Llegamos en vuelo desde Valencia con escala en Estambul, que se ha convertido en la auténtica entrada en Asia, recuperando así su antiguo papel en la Ruta de la Seda. El avión es hoy el nuevo orient espress. Una corta parada para cruzar la terminal y subirnos al vuelo que nos dejará al otro lado del espejo, en Biskek. Eva, Daniel y yo somos el trío viajero; él en una moto, Eva y yo en otra.

 

En Biskek nos espera Ricard Tomás, CEO de AFA Travel, una empresa especializada en viajes de aventura por esta parte del mundo. Ricard es un profundo conocedor de esta zona del mundo. China, Asia central, todos los “estanes” y, por supuesto, Kirguistán no tienen secretos para él. Es además un “fixer”, no hay problema que no resuelva si es que tiene solución, y si no la tiene se encuentra una. Su equipo humano es tremendamente amable, eficaz y dedicado. Solo puedes enamorarte de ellos y agradecerles su atención.

A Ricard lo conocimos por mediación de Quique Arenas, CEO de esta casa, que lo definió simplemente con un… “es de mi máxima confianza”. Máxima. Y con esa máxima actuamos.

Kirguistán

 

Ricard nos alquilará las motos, nos sugiere la ruta y los alojamientos, y nos da consejos certeros sobre lo que encontraremos. Sus fuentes de información permiten sortear problemas que esquivamos antes de que aparezcan, en este mes de mayo de 2021 de clima errático y caprichoso. Puertos y pasos cerrados por la nieve que evitamos con un elegante quiebro de caderas por indicación suya.

Llegar aquí fue producto de un capricho, una decisión inesperada, una serendipia. En lo profundo de nuestras redes neuronales subyacía la sombra de una Pamir no realizada. Una Pamir que este año tampoco podría ser. Las fronteras de Tayiquistán, China y Rusia seguían cerradas a cal y canto y con altas probabilidades de mantener el cierre todo el año. Solo Kirguistán estaba abierto en la zona. El camino de la toma de decisiones nos proyecta hacia Ricard. Con Ricard y con una bolsa amarilla de viaje que habría que llenar de alguna forma.

 

 

 

Es bonita la bolsa amarilla. Con sus cintas grises para comprimirla, y sus asas. Al lado del maletín de lona chino parece una doncella bien vestida. Y está muy bien diseñada. Es agradable al tacto y es fácil de manejar. Con sus cinchas de compresión se compacta muy bien.

Kirguistán

 

Dentro va todo el equipo de moto. El de Eva y el mío. Cascos, botas, cazadoras, pantalones, guantes de invierno y chalecos térmicos. Todo lo necesario para poder montar cómodamente allá a donde vamos. Son 20 kg solo en el equipo de moto.
Aún nos esperan 10 horas de viaje para alcanzar Biskek. Kirguistán. Asía central.

Estambul nos recibe bajo un cielo plomizo que cobija sus mezquitas y sus banderas rojas. Nuestra maleta amarilla salta de un avión a otro mientras corremos por el aeropuerto. El tiempo entre vuelos es corto, eso sirve para hacer ejercicio.

Último salto, y al otro lado del espejo nos espera Biskek. Nuestro bolsón amarillo aparece de los primeros en la cinta transportadora, tiene ganas de llegar. ¡¡¡Hola Asia!!!

Kirguistán

Biskek es una ciudad moderna, con la inevitable mezcla de lo soviético y una modernidad que puja por asomar. Llena de monumentos que recuerdan los héroes de la revolución junto a los héroes de la independencia de Kirguistán. Elvira nos acompaña recorriendo la ciudad. Es fiesta nacional, se conmemora el fin de la segunda guerra en Europa. Todo el que tiene un uniforme se lo pone ese día. Paseos de banderas y medallas.

La guerra aquí empezó en 1941, no en 1939. Al fin y al cabo del 39 al 41 Alemania y la URSS fueron socios y aliados, juntas iniciaron la guerra repartiéndose Polonia. Aunque eso, ahora, no se diga.

Es fiesta, pero también es Ramadán y aunque el país es ateo, los musulmanes consiguen imponer su criterio sobre el comer y el beber. Nos cuesta encontrar una cerveza bien fría.

Kirguistán

 

 

Pero no es esta ciudad el objetivo. Nuestra estancia en ella sirve para aclimatar, conseguir tarjetas SIM, dinero local y celebrar el cumpleaños de Daniel, que, caprichoso, decidió cumplir años en este país.

El Som es la “cachimba”, la moneda local, que aquí se cotiza 100 a 1. Es una buena y fácil proporción. Perfecta.

Lo importante empieza ahora, cerramos trato con Ricard. Con su sabiduría y consejos diseñamos ruta para estos días, nos alquila las motos y nos pregunta si tenemos problemas en que nos acompañe mañana él mismo, en la primera etapa. Al grupo se une una pareja de mallorquines que tienen el descabellado propósito de pisar los cinco continentes con sus Super Tenere de más de treinta años. En su web cuadernodebitacora.net, exponen su viaje. Eusebio y Jordi son una pareja sorprendente que mezcla sabiduría y locura a partes iguales. ¿A qué loco se le podría ocurrir un proyecto tan descabellado? ¡¡pisar los cinco continentes con motos viejas!! ¡Locos! Deliciosamente locos.

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Salimos después de comer todos juntos. Sorteamos el caótico tráfico de Biskek buscando carretera libre. Viajar detrás de Ricard tiene una ventaja inesperada, aprendemos cómo identificar y sortear la miríada de controles de velocidad que, como una plaga de insectos molestos, invaden estas carreteras.

Antes de recalar en Tar Suu, en la casa de huéspedes que ha montado la familia Kemin, visitamos torre Burana. Torre Burana es un minarete inclinado, el único resto que queda de la ciudad de Balasagun, que fue la capital del Imperio de los Karajánidas, allá por el siglo X. Es interesante, pero se ve pronto, junto a sus campos de estelas de kurgán cerca de la torre. Las estelas de kurgán son pequeñas figuras de piedra que se usaban para honrar a los muertos, y a veces marcaban el lugar donde se enterraba un cuerpo. Aunque hay excelentes ejemplos de trabajos en piedra del siglo II y VI d.C., van acompañados de petroglifos de reciente factura que deslucen su autenticidad.

La velada en casa de Kemin empieza con unas truchas salvajes, de atractivo color asalmonado, preparadas a la brasa al aire libre, cerveza rusa y conversaciones animadas. La noche acaba con vodka.

Kirguistán

 

La ruta del día siguiente nos lleva hacia el lago Issyk-Kul, la joya de la corona de este país. El Issyk es el segundo lago de origen alpino mas grande del mundo, solo superado por el Titicaca. A pesar de encontrase a una altura de 1600 m. no se congela en invierno, por el carácter levemente térmico de sus aguas. Sobreexplotado, hoy tiene prohibida la pesca. El lago está rodeado de altas montañas, grandes como dioses, perpetuamente nevadas, que derriten sus hielos hacia el lago desde todas las direcciones. La carretera que lo circunvala por el norte discurre bordeando la frontera kazaja y está poblada de resorts con un corte setentero muy demode. Aquí las clases dirigentes soviéticas se relajaban antaño, hoy es el centro de vacaciones de las familias acomodadas de la capital. A medida que te alejas de Biskek el paisaje se hace menos urbanizado, las ciudades cambian a pueblos y los pueblos a aldeas. Intentamos, sin éxito, descender hasta el agua, buscando un lugar donde poder tomar una pibha. Resultó un imposible. Este Benidorm trasnochado está cerrado, en espera de mejores tiempos. Nos conformamos con comer en un local ruso, bajo la atenta mirada de una familia kirguís, que nos hace fotos. Somos la cabra de dos cabezas, los elementos exóticos. Acabamos haciéndonos fotos mutuamente sin pudor alguno.

Nosotros nos quedamos en la zona, dormiremos en una yurta en Grigorievka mientras Eusebio y Jordi siguen su ruta.
Lo de dormir en la yurta tiene sus más y sus menos. Aunque pueda parecer que es bucólico y emblemático, pasas un frío del carajo.

Kirguistán

 

Dormimos castigados bajo el peso de toneladas de mantas y embutidos en nuestros trajes térmicos. La yurta muy bonita, eso sí. El motivo de hacer noche aquí no es otro que tomar una pista que, saliendo del pueblo y bordeando el río Chon-Aksu, escala la montaña hasta un pequeño lago alpino, el Ye Ozerko. La ruta es deliciosa, escala delicadamente prados y vaguadas, sorteando rebaños de caballos y cabras, por unas pistas primorosas, con unos paisajes frescos y no intervenidos por mano humana. Y una soledad no interrumpida más que por ocasionales pastores a caballo. La naturaleza estalla a tu alrededor en este inicio de primavera.

Haciendo una “U” volvemos a la carretera general un poco más al este. En el descenso noto que la dirección de mi Gs falla, tiene holgura en los rodamientos, algo que resolvemos, temporalmente, con un apriete. Ricard consigue hacernos llegar la herramienta precisa a Karakol, la ciudad más importante al este de Kirguistán, al final del lago Issyk-Kul, una capital de provincias, rodeada de montañas espectaculares y que tiene una pequeña catedral ortodoxa construida en madera. La Santa Trinidad. La entrada resultó libre, nadie nos paró y a nadie preguntamos. Recorrimos el recinto sin ningún problema. Resulta un sitio interesante a la sombra de las sempiternas montañas. Vista la catedral no queda otra que pararse para ver la casa del rival.

Siguiendo la ruta rodeando el lago por el sur, en el vecino pueblo de Irdyk se levanta una pequeña y coqueta mezquita dungan. Dungan es como se conoce a una etnia de origen chino y religión musulmana asentada en los antiguos territorios de la ex URSS. Emigrados desde China a finales del siglo XIX, de donde huyeron de la persecución religiosa. Su modo de construcción refleja la cultura china, no usan clavos, todo está meticulosamente encajado, sus tejados se curvan delicadamente semejando pagodas chatas. Y sus minaretes son bajos y contenidos, humildes. No intentan desafiar a Dios en las alturas. Recubiertas de metal, refulgen al sol de la mañana recortándose contra un horizonte de montañas inmensas. La mezquita dungan de Irdyk es un ejemplo vívido de la cultura china en el territorio de Kirguistán. Una permanencia centenaria, protegida por fuerzas sobrenaturales, que trae paz y tranquilidad a los corazones de sus huéspedes y visitantes. Es una peculiar construcción armónica en medio de un pueblo que no tendría alma si no fuese por ella.

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De vez en cuanto observas, ligeramente alejadas de la carretera, pero claramente visibles, grupos de construcciones que parecen aldeas pequeñas. No parece haber un lugar lógico para su ubicación. Su presencia es aleatoria. Nos desviamos para observarlas. Son pequeños cementerios. Lugares de reposo al pie de la montaña, eclécticos, tanto ves una medialuna como una estrella roja o una cruz ortodoxa, que señalan las distintas tumbas. Todos fueron vecinos en vida, seguirán siéndolo para la eternidad.

En esta vertiente sur del lago, alejándote de él, alcanzas el desfiladero Yety Oguz. Aquí la geología del terreno cambia drásticamente dando lugar a caprichosas formas que a nosotros nos recuerdan, en cierto modo, a las médulas leonesas. La formación conocida como los 7 toros, de un violento color rojo sangre, contrasta abiertamente con el verde de abetos y prados.
Y así, disfrutando de paradas al borde del lago, con una conducción necesariamente pausada, nos acercamos a uno de los objetivos principales de nuestro periplo kirguís. Vamos buscando subir al lago Song Kol.

El lago Song Kol es un lago de alta montaña, situado por encima de los 3.000 metros de altura en la cordillera de Tian Shan, las montañas celestiales, en una planicie rodeada de cumbres desde donde bajan los torrentes que lo nutren. Como todos los lagos kirguisos, es un lago endorreico. Recibe agua, pero no la drena.

Kirguistán

La llegada al lago exige escalar elevados pasos de montaña por encima de los 3.300 metros. En la carretera principal vemos a nuestra derecha un indicador que señala la ruta hacia el lago. Pero la ignoramos. Hemos sido informados de que la ruta principal, que alcanza el lago desde el norte, está cerrada por hielo, nieve y desprendimientos. Seguiremos más al sur, buscando el paso de los 33 loros. Nombre puesto por sus 33 tornantis que remedan un Stelvio sin asfaltar. El paso es más difícil técnicamente que el del norte, pero está abierto, o por lo menos eso creen nuestros informadores.

Cuando abordamos el inicio de la pista comienza a nevar pausadamente, pero la pista tiene aspecto fácil, poco complicado. En cuanto pasamos la primera sierra el tiempo cambia de pronto y sale el sol. ¡Que primavera más caprichosa! Avanzamos por la pista rápidamente, es fácil, hasta que alcanzamos los famosos 33 parrots.

Desde abajo se ven imponentes, escalan en zig-zag la montaña que tenemos enfrente en una pendiente que contiene las piedras con dificultad. La enorme GS, pesadamente cargada, escala poco a poco, haciendo gala de su par de tractor agrícola. Aunque las piedras de los tornantis, con los surcos tallados por los torrentes de agua justo en sus vértices, intentan boicotear la subida, solo consiguen animarla. ¡No todo va a estar tirado! El esfuerzo merece la pena, ¡vaya si la merece! Alcanzas la planicie superior y vuelves la vista atrás, ves lo que has subido, ves el paisaje infinito, silencioso, de allá abajo. El aire es tenue a esta altura y solo se oye el silbar del viento, suave, sobre el que se deslizan silenciosas rapaces que te miran con curiosidad. El sentimiento de inmensidad se torna pleno.

La ruta se suaviza en una suerte de planicie que te muestra el lago helado allá al fondo. Atrás y alrededor solo ves cumbres ariscas y nevadas. Debemos rodear el lago hasta su cara norte. La pista parece sencilla, pero desaparece bruscamente, arrastrada por las crecidas en los tramos finales. Ello obliga a abandonarla y avanzar campo a través por la llanura sorteando torrentes y barro. Un coche, con una familia, está atascado a la salida de un vadeo. Lo ayudamos a avanzar. Finalmente la pista principal desaparece, solo están las roderas marcadas sobre la hierba, caprichosas y sinuosas, que no siempre siguen la misma ruta. Nos orientamos por el lago. El paisaje es… indescriptible. Manadas de yaks alzan sus cabezas y nos miran antes de empezar a correr, agitando su largo pelaje. Parecen búfalos del Serengueti con el pelo largo. Búfalos hippies. Es una joya escénica. Nos paramos para dar tiempo a nuestros ojos a asimilar tanta belleza.

Un faisán se eleva, torpemente, arrastrando su cola, ante nosotros, escapando de nuestras motos. ¿Que haces tú aquí arriba?
Disfrutar estas escenas en este tardío inicio de la primavera se nos antoja un privilegio.
A falta de la suavidad que el verdor estival otorgará al lugar, la dureza climática que trasmiten sus aguas heladas, las cumbres nevadas y sus caminos rotos y ligeramente embarrados, le otorgan a este lugar una ruda e intensa belleza.

Aparece una construcción de piedra en medio del prado. Es una especie de capilla/monumento. Poco después está nuestro campo de yurtas. Aún las están montando, somos testigos de cómo levantan una de las nuestras. Casi no hay huéspedes, un belga, que subió en bicicleta (ellos son los héroes del camino) y unos turistas indios traídos en un 4X4.

Kirguistán

Daniel saca el dron y filma planos a vista de pájaro. Única forma fiel de valorar la inmensidad del lugar en el cual estamos.
No hay nada más que hacer, solo observar el lugar, preparar nuestra noche en la yurta y entablar conversación con Billy, el belga ciclista. Está recorriendo el mundo en bicicleta, duerme en una tienda de campaña y nos informa que por la noche la temperatura cae por de bajo de 8 bajo cero. El trato que realiza con los lugareños es simple; a cambio de ayudar en el montaje de las yurtas le facilitan la manutención.

La cena es en una yurta enorme que hace de comedor, centro social y dormitorio de empleados por la noche, y consiste en un caldo llamado shurpa. La shurpa le da fuerzas a los débiles y alimenta a los fuertes. Tiene un fuerte y especiado sabor a cordero que es una delicia. La estufa central calienta la estancia. La escena que se dibuja ante nuestros ojos es la misma repetida desde hace eones. Viajeros y nómadas reunidos bajo el mismo techo, protegiéndose del frío y de las inclemencias del mundo. Compañeros de un mismo viaje que son amigos sin conocerse. Conversaciones en idiomas reales e inventados se suceden. Es una buena noche. El cielo estrellado está mas cerca que nunca. Todas las estrellas del firmamento han venido a saludarnos, no falta ninguna. ¿Cuántas estrellas se pueden contar en esta noche sin luna? Hace ya un frío de mil demonios. Los 20 kilos de mantas y nuestra estufa de carbón serán necesarios para esta noche casi al raso.

Abandonamos Song Kol por la misma ruta, las alternativas no están transitables, o nos alejan demasiado de nuestro próximo destino. Estamos exuberantes, a punto de un síndrome de Stendhal. Tras deshacer los 33 loros, afrontamos la pista que nos lleva a la carretera a buen ritmo. Tan bueno que un bache mal colocado del camino, a pesar de que vamos conduciendo sobre los estribos tanto Eva como yo, le pega a nuestra GS un golpe en la rueda trasera que la lleva mas allá de los topes. Enseguida noto algo raro, que no se qué es, pues la moto parece andar bien, pero al poco Eva dice que huele goma quemada. Paramos, busco infructuosamente sin hallar nada, hasta que Daniel no puede evitar pronunciar un preocupante ¡hostia! El tensor del paralever se ha doblado, va rozando la cubierta trasera.

La montaña se venga así de nosotros y nuestra soberbia. Con los desmontables conseguimos entre los dos separar un poco el tensor de la rueda para que no roce, pero debemos reparar este desaguisado. A ritmo lento, esquivando los baches del nefasto asfalto kirguís, nos acercamos a Naryn. En el primer taller cutre -que es el nivel medio local- que encontramos mostramos nuestra avería y explicamos, con la ayuda de Google y de Ricard al teléfono, que queremos enderezar el tirante de aluminio, y embutirlo en una caja de acero soldado a su alrededor, para darle rigidez. El mecánico, de claro carácter soviético, parece entender lo que queremos a la primera. Saca el tensor en 3 minutos (un mecánico de BMW alucinaría con su rapidez, más teniendo en cuenta que es el primero que ve). Endereza el tensor en una prensa de mordaza.

Entre su chatarra rescata unos perfiles cuadrados de acero, los recorta, los prueba, los monta haciendo una caja alrededor del tirante, comprimiéndolo, y lo suelda todo. Vuelve a montar la pieza y asunto arreglado. ¿Tiempo de pit Line? Una hora. ¿Coste de la reparación? Desorbitado, abusan de nuestra necesidad, sin duda alguna: 20 euros al cambio. Una fortuna.

Recibimos un mensaje de Jordi y Eusebio, vienen de Tash Rabat, donde esperaban encontrarnos, nos dicen que vienen hacia Naryn y que en la Guest House de Tash Rabat nos esperan nuestros próximos anfitriones. Salimos para allá y los cruzamos en la carretera, es tarde y no podemos pararnos, pero el saludo, de pie sobre los estribos y con brazo en alto de cuatro motos conducidas por cinco locos sorprende a los conductores locales que no entienden qué esta pasando.

Tash Rabat es un lugar especial, de mágica belleza. Trasciende lo mundano para transportarte a lo ilusorio. Cuando llegas allí y ves esa recia construcción que parece diminuta entre las montañas, refugiada a los pies de una colina, como protegiéndose del viento del norte, sientes que pertenece a otro tiempo. Y te atrapa, te lleva volando en tu imaginación a la época de las caravanas cargadas de especies y seda, que tras cruzar las montañas que las sacan de China, buscan refugio.

 

Un caravasar es como una estación de servicio: tienes alojamiento, comida y forraje para las bestias. Puedes cambiar de montura. Tienes comercio y tienes mujeres que te consuelen. Todo se compra y se vende, y todo se paga. Dormir cerca de una hoguera es más caro que dormir más alejado, los forrajes son de mejor o peor calidad, la comida sabe mejor si pagas más, y tus mercancías se vigilarán mejor si tu bolsa es abultada. Son extraños juegos de la mente, que sin querer viaja a tiempos pretéritos, a rutas ya olvidadas. Hay una mágica atmósfera en este lugar. Es muy especial, sobre todo visto así, en la práctica soledad de este atardecer en Kirguistán.

Es tarde. Nos muestran nuestra habitación, nos proponen una sauna que además de sauna es ducha a base de cazos de agua. No hay agua dentro del edificio. El agujero de la letrina está a 200 metros, casi en el infinito, así que asegúrate de hacer lo que necesites antes de ir a la cama. La cena resulta reconfortante con la típica shurpa, contundente y calórica, similar a la que cenamos ayer. El dueño de la casa se sienta con nosotros e inicia una conversación en inglés que luego pasa al francés, con palabras interpuestas de ruso y kirguís, idioma de Kirguistán.

Antiguo profesor de matemáticas, retirado, adora vivir en una yurta y montar a caballo por los prados de su niñez.
Niños. Hay 3 en la casa, no tienen más de 5 años, miran tímidamente, entre curiosos y asustados desde el resquicio de las puertas a esos extranjeros de rostro extraño con ojos redondos, que llegaron manejando máquinas enormes como naves espaciales. Son caritas curiosas que pronto reaccionan a muecas y gestos. Prestamente se rompen de risa. Esa risa cristalina y franca de la inocencia.

Nieva de noche, es una nevada a cámara lenta, sin una pizca de viento. Cuando a las 4 de la mañana salimos de la casa para drenar parte la sopa, la quietud es estremecedora. Noche oscura, fría, con esa nevada lenta de copos grandes como palomitas, que tocan tu cazadora caliente y se derriten casi al instante. Todo está blanco, inmerso en una niebla espesa que no deja observar el camino. No se oye el mas mínimo ruido. La nevada se mantiene toda la noche, pausada y calma, pero incansable. La aurora nos ofrece un paisaje nevado con casi 10 cm de nieve. Las manadas de caballos y ovejas se diseminan entre la nieve siguiendo un orden ancestral que solo ellos comprenden. Y Tash Rabat cambia de personalidad en ese instante, muestra su autentica esencia. Ahora sí cobra todo su sentido. Te imaginas llegando en mitad de la noche, en plena nevada buscando refugio y calor en este lugar. La visita que le hacemos esta fría mañana nos abduce en su mágica atmósfera, nos teletransporta.

Somos viajeros en caravana, pioneros en una ruta nueva que preñara Europa de culturas extrañas, especies desconocidas y ricas mercancías. Tiene una magia muy especial este lugar.

Ha dejado de nevar, y el viento suave, ligeramente cálido de la primavera, derrite lo suficiente la nieve del camino. Nos vamos, destino al paso de Touragart, frontera con China. Alcanzado el asfalto de la carretera principal, nos dirigimos hacia la frontera por una vía solitaria, nadie se cruza con nosotros. El paso está cerrado, eso hace que no exista trafico. Ni siquiera local. Vuelve a nevar a medida que subimos. Los carteles advierten, en inglés, que estas en zona restringida, “border pass needed”. El carril izquierdo desaparece poco a poco en la nevada y a partir de los 3.200 m el carril derecho decide hacer lo mismo, nos deja solos. Aparece la valla de la frontera kirguís. Paramos, y al bajar de la moto Daniel suelta una exclamación mientras mira la rueda delantera. Nunca antes vi la formación de espículas de hielo en una rueda. Por causa del frío y la fuerza centrifuga, el agua escupida por el neumático se congela haciendo una corona alrededor del neumático. Es un coronavirus gigante.

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Los guardias piden tabaco, no fumamos. Error de novato, un paquete de tabaco, aquí, engrasa muchos tramites. ¡Castigados! ¡No puedes hacer fotos! (las hacemos a hurtadillas). Más allá de esa valla la carretera desaparece del todo en medio de la nieve. Es tierra de nadie, y nadie pasa por esta frontera cerrada. Podríamos ir hasta la verja china, pero esa carretera cubierta de nieve en tierra de nadie no nos lo recomienda. Damos la vuelta hacia Naryn.

Naryn es una pequeña ciudad en medio de Kirguistán, poco más que un cruce de caminos. Es el mismo lugar donde reparamos la moto días antes. La casualidad, o más bien la escasez de oferta hotelera, nos aloja en el mismo hotel que usan Eusebio y Jordi. Cómodo, moderno y barato. Cuesta entender qué hace un hotel así aquí, pero no nos quejamos. Una buena ducha, y una cama cómoda son bienvenidos después de varios días de cagar en un agujero, no ducharse y dormir en camastros. Además el encuentro es motivo de homenaje. Cena kirguiso-occidental en un local moderno, donde se permite el disfrute de las sisas, que llenan el lugar de una niebla de aromas dulces claramente artificiales. La carta rusa promete un T bone al estilo vaquero de aspecto espectacular, pero que se resiste y no aparece. Y una trucha asalmonada igual de bella que resulta ser un pescado de piscifactoría gris y mal alimentado. Solo Jordi acierta (sabiduría ancestral la de este muchacho), al pedir carne de cordero. Aún así la velada es divertida.

 

Partimos de nuevo. Jordi y Eusebio nos acompañaran parte del recorrido en su camino a Biskek, donde esperan encontrarse con un general de pecho enlatado en medallas, que engrase la burocracia para poder sacar sus motos del país. En un cruce de caminos nos despedimos, después de comer pescado frito en un puesto de carretera.

Nuestra ruta nos hace atravesar puertos de montaña que disfrutamos pilotando a la europea. (la ñapa rusa de nuestra GS parece que aguanta). Nuestro camino hacia Chaek, por la A367, promete ser cómodo y sencillo. Pero resulta que el nombre en mayúscula le viene grande. Lo que parecía en el mapa una carretera general y principal deviene en una pista en tierra y grava, en permanente estado de obras y plagada de un trafico pesado que nos hace comer polvo hasta saciarnos. Los baches no se dejan ver entre esa atmósfera polvorienta, que provoca sombras irreales que los camuflan. Temo por la ñapa rusa mientras Daniel protege nuestra retaguardia. En las paradas compruebo neuróticamente ese tirante, que, milagrosamente, aguanta derecho.

Chaek es una pequeña ciudad de provincias, un pueblo, con solo un alojamiento, una gasolinera y una farmacia.
El alojamiento es la casa de una familia que alquila habitaciones y te procura una somera cena y un desayuno. Allí sorprendentemente, volvemos a encontrarnos con nuestro ciclista belga. Billy nos cuenta su odisea comiendo polvo mientras jadeaba para llegar aquí.

Nuestro motivo para hacer esta ruta no es otro que acercarnos a Biskek recorriendo más Kirguistán. El camino, de tierra, discurre hoy sin trafico y bordeando un río que poco a poco nos lleva hasta un valle, en cuyo final volvemos a encontrar el asfalto, que nos lleva a escalar un nuevo Stelvio de tornantis inacabables. Es un asfalto roto con baches profundos como simas, capaces de tragarse tu moto entera. Too Ashu es la cima, atravesada por un túnel estrecho, oscuro y sin ventilación, que regula el trafico de vehículos pesados con un semáforo para evitar que dos camiones se encuentren en su interior. Por ambas bocas, vahadas de un humo que hace llorar los ojos salen del túnel. Es la contaminación de los vehículos a motor que no tiene otro sitio por donde salir. Entrar aquí es como entrar en Mordor. Conduces entre una niebla dañina que no te deja ver bien el asfalto que pisas. Y mientas rezas que ningún camión sobrecalentado tenga una avería y se ponga a arder, tratas de no respirar demasiado mientas buscas la salida de ese agujero. El agujero nos escupe al otro lado de la montaña, en aire limpio. En otro mundo con mejor asfalto, y con un descenso largo y divertido.

Se nota que los camiones, que escarban el asfalto jadeando en las subidas, no lo hacen en las bajadas. Llegando al valle aprovechamos para desviarnos hacia un río, comer un poco de jamón, preparar tres buenos cafés nesspreso y una sopita de fideos en nuestra cocina minimalista.

Nos espera el sempiterno caos de la entrada en Biskek. Cuesta entender este pandemónium, esta locura de trafico absurdo. El centro de la ciudad es un remanso de paz, con bulevares y avenidas arboladas que invitan al paseo pausado a la sombra, y es tranquilo con un trafico fluido y sin estridencias. Pero tanto las entradas y salidas del centro urbano son un caos de proporciones bíblicas.

Todo el mundo quiere pasar por el mismo sitio a la vez, no se respetan preferencias, ni espacios. Nos vemos sometidos a la presión de dos camiones que tocan ambos espejos de la moto a la vez, amenazando con pisarnos. Si te achantas, estás muerto, pero si no cedes, acabarán por ceder el paso con una sonrisa. La policía no está ni se le espera, su única función aquí es esconderse detrás de un árbol con una pistola láser, a la caza del que se pase un solo kilómetro por hora de unos limites absurdamente bajos. Recaudar es la función única de este cuerpo policial. ¡Pero ya somos veteranos! Los esquivamos con una fina estrategia y con tácticas de guerrilla urbana altamente elaboradas.

 

Última parada en nuestro hotel inicial, recuperamos nuestro equipaje civil, nos duchamos y quedamos para hacer la PCR y visitar el bazar de Osh, en el centro de la ciudad. Deseamos comprar un gorro kirguís y regalos fuera de los círculos para turistas. Y especias, claro Mañana nos vamos.

 

La cena de despedida la montamos en un local de ambiente español, y resulta pantagruélica. Vino georgiano riega una velada con música española en directo, que acompaña una voz femenina que recuerda a la de Concha Buika. Risas a la española y conversaciones animadas. Ricard ha venido con su mujer, y Eusebio y Jordi nos cuentan su experiencia con el general de pecho enlatado. Las carcajadas ante sus anécdotas son brutales. ¡¡Qué pareja, por dios!!!

Kirguistán es un oasis, no solo un lugar verde rodeado de tierras áridas donde solazarse. Es un refresco burbujeante encastrado en la Ruta de la Seda. Un lugar ideal para iniciarse a conocer el extremo oriente. China, Kazajistán, La karakorum camino a Pakistán, la Pamir. Todo está aquí al lado.

Sus paisajes alpinos no están prostituidos y son absolutamente apabullantes, puedes hacer y recorrer las pistas que quieras por donde quieras. Solo encontraras pastores a caballo que te saludarán como a uno de ellos. Creo que nos ven como a iguales, ambos somos jinetes de monturas que proporcionan libertad. Es algo que si no se tiene algo de nómada no se entendería.

Es hora de volver a casa, deshacer el equipaje y ordenar recuerdos, para no olvidarlos. La canela en rama del bazar de Osh encuentra su sitio en la despensa, se hace amiga de otra rama de canela que nos acompañó desde Borneo.
Es el momento de recordar, y comenzar a soñar un nuevo viaje.

 

Texto y fotos: Francisco Guitian / Eva Menduiña

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Hacia el Gran Cañón europeo: Las Gargantas del Verdón https://motoviajeros.es/hacia-el-gran-canon-europeo-las-gargantas-del-verdon/ https://motoviajeros.es/hacia-el-gran-canon-europeo-las-gargantas-del-verdon/#respond Thu, 04 Aug 2022 20:00:22 +0000 https://motoviajeros.es/?p=13836 Las Gargantas del Verdón Lo que comenzó siendo el lugar donde alcanzar el gran reto europeo para escaladores, se ha convertido hoy en uno de los lugares más admirados y transitados para los motoristas en nuestro país vecino. Situadas en el departamento de Provenza-Alpes-Costa Azul, las Gargantas del Verdón se...

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Las Gargantas del Verdón

Lo que comenzó siendo el lugar donde alcanzar el gran reto europeo para escaladores, se ha convertido hoy en uno de los lugares más admirados y transitados para los motoristas en nuestro país vecino. Situadas en el departamento de Provenza-Alpes-Costa Azul, las Gargantas del Verdón se encuentran en el interior del Parque natural regional de Verdón, que toma su nombre de un intrépido río que ha creado un asombroso y sensacional paso a través de las grandes masas calizas, llegando a formar un auténtico espectáculo de notable y reconocida riqueza tanto en flora como en fauna.

Bernand Vaucher en su obra Les fous du Verdond comentaba que para E.A. Martel la zona del Verdón era una “(…) verdadera maravilla sin segundo en Europa”; además, el padre de la espeología añadía, que no cambió de opinión después de haber visto, el Gran Cañón del Colorado.
De acuerdo con la obra de Graham Robb El descubrimiento de Francia, las gargantas del Verdon no fueron conocidas fuera de Francia hasta 1906, siendo hoy en día una de las zonas más visitadas del país.

Verdón

El fascinante espectáculo natural es visible tanto desde su vertiente norte como su vertiente sur y desde lo más alto de los acantilados a lo más bajo a orillas del río, donde se puede disfrutar de un baño en esas impresionantes aguas turquesas y observar esas formidables formaciones rocosas subterráneas.

La ruta se suele comenzar en el idílico Moustiers-Sainte-Marie, pintoresco pueblo de hermosas callejuelas conocido por su fayenza, situado en un desfiladero y atravesado por un arroyo que cae en cascada desde lo alto del mismo. En su parte superior se encuentra la capilla de Notre-Dame de Beauvoir a la que se puede acceder desde el mismo pueblo a través de un empedrado camino, que aunque desde luego no es nada cómodo con la ropa y las botas de la moto, merece la pena ascender para disfrutar de unas bonitas vistas de la localidad, llegando incluso a ver el lago artificial de Sainte-Croix. Además, desde aquí se puede ver la identidad del pueblo, una estrella bañada en oro que cuelga de una cadena de ciento treinta y cinco metros entre las dos montañas. Si se quiere saber más sobre las iglesias de esta bonita localidad nada mejor que consultar la obra Les eglises de Moustiers de Chanoine Jean-Marie.

Nos adentramos por un bonito paisaje mediterráneo entre bosques de pinares y donde poco a poco las paredes vertiginosas de las rocas se integran en el paisaje. La estrecha y sinuosa carretera ofrece unos balcones desde donde las buenas fotografías están aseguradas, me encanta el Point Sublime, como su nombre indica, las vistas son sublimes. A la izquierda, la imponente Paroi du Duc, a la derecha, los acantilados de l’Escalès, y entre ambos, el couloir Samson.

En esta ribera norte, la carretera asciende rápidamente. Tras dejar atrás el mirador de Mayreste la carretera se aleja de la garganta para llegar al famoso “pueblo de los escaladores” La Palud-sur-Verdon, a los pies de la Cresta de Montdernier y del Mourre de Cahnier. Punto de partida de la conocida Ruta circular de las Cretas que cuenta con veintitrés kilómetros de constantes curvas. Según se avanza por esta D23, se atraviesa un puerto de 1.320 metros, cuyo descenso es a través de dos túneles y numerosas curvas vertiginosas que si bonita es la primera, preciosa es la segunda. Desde aquí, el trayecto de quince kilómetros es de sentido único con numerosos miradores habilitados para detenerse y divisar un espectacular paisaje, no apto para el que tenga vértigo. Desde los propios miradores, se puede apreciar el gran número de especies refugiadas en las laderas de las rocosas, tal y como señala Vicente Valero en su obra Breviario provenzal, donde el autor construye un luminoso y magistral mosaico en el que muestra un ensayo del fascinante mundo del paisaje.

 

Tras finalizar la ruta circular se puede proseguir hacia Castellane, pasando cerca del bonito pueblo de Rougon. El trayecto aquí es muy diferente ya que va casi por la ladera del río desde donde se puede ver a la gente en kayac y en las pequeñas “playas” de arena. Todavía se puede ver a los lugareños pescando con la técnica de la mosca, tradición que han mantenido desde hace más de cien años. Esta región como el resto de la Provenza mantiene muy anclada sus tradiciones, tal y como señala Peter Mayle en su gran obra Un año en la Provenza donde el autor describe mes a mes las vivencias que él y su esposa experimentaron durante su primer año en esta región, mientras acondicionaban una casa de campo de doscientos años de antigüedad.

Verdón

En Castellane, pequeña y agradable ciudad perteneciente a la conocida ruta de Napoleón, encontramos una vez más un entorno apacible y lleno de paz, dominado por la silueta de la famosa roca de la capilla de Notre Dame du Roc, que ofrece preciosas vistas del río. La pintoresca y provenzal localidad acumula hermosas callejuelas provenzales, destacando la calle Nationale, ya que en el número 34 de la misma, se encuentra la casa en la que Napoleón hizo un alto para almorzar el día tres de marzo de 1815 a su regreso de la isla de Elba.

La ruta por el margen izquierdo se extiende en varias cuencas como por ejemplo la del río Artuby, afluente que serpentea hasta llegar a Mont Lachens. Parte de la carretera transcurre por la conocida D71, donde el ascenso nuevamente es una delicia. En esta zona hay varios caminos donde es posible adentrarse en busca de esa foto que va un poquito más allá, aunque también debo de decir que no está permitido entrar con nuestras preciosas pero ruidosas compis de viaje. En esta vertiente volvemos a encontrar lugares dignos de contemplación, el Puente de Artuby, por poner un ejemplo. Pero si hay un lugar donde las vistas me parecen espectaculares ese se encuentra en la llegada al Túnel de Fayet, ubicado a 940 metros.

Como decía Peter Mayle, es un territorio desconocido que cuando vas de viaje, éste se hace estancia, la estancia enamoramiento y el enamoramiento convivencia con un mundo rural que ya nunca más puedes sacar de tu interior.

 

Texto y fotos: Gema de los Reyes / viajandoconmicamara.com

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Barrio de la Estación de Sallent https://motoviajeros.es/barrio-de-la-estacion-de-sallent/ https://motoviajeros.es/barrio-de-la-estacion-de-sallent/#respond Thu, 04 Aug 2022 10:00:13 +0000 https://motoviajeros.es/?p=13838 Minas del Bages En nuestro país, las minas han sufrido traumáticas reconversiones estructurales; muchas regiones aisladas y con pocas alternativas laborales han visto en la riqueza de su subsuelo una manera de vivir a la que se han agarrado con todas sus fuerzas incluso cuando las políticas ambientales le dieron...

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Minas del Bages

En nuestro país, las minas han sufrido traumáticas reconversiones estructurales; muchas regiones aisladas y con pocas alternativas laborales han visto en la riqueza de su subsuelo una manera de vivir a la que se han agarrado con todas sus fuerzas incluso cuando las políticas ambientales le dieron la espalda, sobre todo en las cuencas carboníferas.


La comarca del Bages, en el centro de Cataluña, continúa viviendo de la potasa. Este mineral, muy demandado para múltiples usos industriales (desde farmacéuticas a la industria papelera, pasando por descongelar carreteras), genera unos residuos muy tóxicos para las aguas freáticas, además de una ingente cantidad de desechos que son acumulados en una montaña artificial de dimensiones colosales.

Minas de Bages

Dos conflictos colisionan frontalmente en las minas del Bages: la generación de puestos de trabajo y el daño ecológico. Como en cualquier otro conflicto, hay tres actores en juego, dos que defienden sus respectivos intereses, y el tercero que sería la masa social, posicionándose según sople el viento. De momento, gana por goleada la entusiasmada aceptación de las minas porque todo el mundo conoce a alguien que trabaja allí, y también por el eterno “esto ha sido siempre así” que tanto gusta a las gentes de orden.

Mientras los daños colaterales sigan limitándose a algún minero caído en combate o alguna tubería de salmuera resquebrajada, los ecologistas e incluso la propia Administración lo tendrán crudo para someter a la minería.

 

Un día, un barrio entero se agrietó y no hubo otra solución que borrarlo literalmente del mapa. ¿La culpa? La gigantesca bóveda de un pozo de minas en desuso, ¿Cuál fue el debate posterior? Pues que cuánto vamos a cobrar y dónde me vais a poner el nuevo piso. Ninguna mirada torva hacia la mina, qué pena todo pero no se ofenda señor patrón, que estas cosas pasan en las mejores familias: todo el pueblo de Minas de Riotinto (Huelva) se desmontó a principios del siglo pasado cuando los pozos a cielo abierto fagocitaron las viviendas, y más recientemente se está acometiendo el traslado de Kiruna (Suecia), por la misma razón. No son los únicos ejemplos, pero sí los primeros que me han venido a la cabeza escribiendo estas líneas.

Minas de Bages

 

El barrio que protagoniza esta crónica se llamaba l’Estació, levantado de cero en las afueras de Sallent de Llobregat a finales de los años 50 para acoger a andaluces y extremeños que venían a trabajar en la minería, de hecho las casas estaban muy cerca de la mina “Enrique”, solo les separaba el río Llobregat. También estaban muy próximas las naves donde se clasificaba el mineral y se cargaba la potasa en vagones ferroviarios: la estación del cargadero era la más importante de la línea Manresa-Guardiola de Berguedà, de ahí el nombre del barrio.

La mina “Enrique” se explotaba desde el año 1932, pero a finales de los años 60 se descubrieron grandes bóvedas de aguas subterráneas que hicieron muy complicada la extracción de mineral, hasta el punto de clausurar el pozo en 1973. Las mencionadas bóvedas estaban justo debajo del barrio y a doscientos metros bajo tierra, suficiente margen para que no se preocupara nadie. Los trabajadores fueron recolocados en el pozo de Vilafruns y la vida continuó.

Minas de Bages

A todo ello, la expansión del barrio de l’Estació continuaba. El ayuntamiento aprobaba sin vacilar nuevas licencias de obras y se diseñaban nuevas calles, de impecable diseño cuadriculado al ser levantado desde cero en un terreno llano. También llegaron los bares y las tiendas de ultramarinos. La chiquillería jugaba fuera, todo el mundo se conocía.

 

Aparecieron las primeras grietas en algunas viviendas. No se le dió mayor importancia hasta que empezaron a ser más que evidentes. En 1995 se iniciaron las primeras catas y estudios geológicos, arrojando una inquietante conclusión: algunas zonas del barrio estaban hundiendo a un ritmo de hasta ocho centímetros por año. Aquellas bóvedas subterráneas estaban colapsando el terreno hasta la superficie. El barrio estaba tocado de muerte, y solo quedaba decidir cuándo se haría efectiva la mudanza.

Minas de Bages

En 2001, se desalojaron las primeras 10 familias de los bloques más afectados, todos ellos apuntalados y con resquebrajaduras por las que casi pasaba una persona. De manera incomprensible, el ayuntamiento seguía concediendo licencias de obra en otras partes del barrio; más tarde explicaron en su defensa que “nadie podía preveer que el daño sería total, masivo”. En 2004 hubo otra tanda de desalojados, y en Sallent se construyó un bloque de pisos para realojar a los que estaban por llegar.

 

En 2006, los geólogos calculaban que el suelo ya se había hundido 80 centímetros en las áreas más críticas. La Generalitat ideó un plan de emergencia por si había que desalojar el barrio, ya que todavía vivían 161 familias… Dos años después, en la nochebuena de 2008, un hundimiento súbito de siete centímetros obligó a salir de allí pitando y con lo puesto. Cuando semanas después se autorizó el retorno, estaba claro que aquella situación no podía prolongarse más; se firmaron las compensaciones pendientes, y prácticamente todos los vecinos se marcharon durante el año siguiente.

Durante unos meses, el barrio permaneció entero, pero totalmente vacío. Sobrecogía deambular por las calles desiertas, como si fueran el escenario de una guerra, con el nerviosismo añadido de caminar sobre una bomba de relojería que podía hundirse en los próximos diez segundos o cincuenta años. Algunos amigos de lo ajeno aprovecharon para patear puertas y expoliar los restos del naufragio, así que fue necesario reforzar la vigilancia policial.

Las excavadoras entraron en escena. Entre 2010 y 2014 atacaron casas y edificios, echándolo todo abajo. Hoy, sólo quedan las cuadrículas de las calles, con sus aceras, farolas y fuentes de las que ya no mana agua. Las hierbas silvestres crecen por doquier, adueñándose de los resquicios del asfalto, y especialmente en los solares donde habían estado los edificios.

No hay nada que hacer en aquel monumental solar: vallas de hormigón impiden que los coches se cuelen allí para hacer botellón o cambiar el aceite. No hay proyecto urbanístico que valga porque cualquier día todo aquello se lo tragará la tierra. Un Chernobyl sin radiación.

 

Texto y fotos: Manel Kaicen / hoysalgoenmoto@gmail.com

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Hacia el balcón más al sudoeste de Portugal https://motoviajeros.es/hacia-el-balcon-mas-al-sudoeste-de-portugal/ https://motoviajeros.es/hacia-el-balcon-mas-al-sudoeste-de-portugal/#respond Wed, 03 Aug 2022 20:00:32 +0000 https://motoviajeros.es/?p=13736 Hacia el balcón más al sudoeste de Portugal Recorrer la idílica costa del Algarve, conocida como la Perla de Portugal, es estar en “(…) una especie de limbo de la imaginación, donde todo es bello y primaveral” tal y como señala Miguel Torga en su novela Portugal. Fina arena que...

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Hacia el balcón más al sudoeste de Portugal

Recorrer la idílica costa del Algarve, conocida como la Perla de Portugal, es estar en “(…) una especie de limbo de la imaginación, donde todo es bello y primaveral” tal y como señala Miguel Torga en su novela Portugal. Fina arena que no hostiliza los pies, un mar que no fatiga el oido y un frío que no entorpece las extremidades, es lo que nos encontramos a ambos lados del cabo San Vicente, el cual, fue asociado en la antigüedad, al igual que nuestro cabo Finisterre, a un aura de final del mundo, situado entre el límite de lo conocido y lo salvaje a orillas del inviolado océano Atlántico.

“La felicidad, tiene muchos rostros.
Viajar es, probablemente, uno de ellos”
J. Saramago


Pero rodar hoy por las carreteras del Algarve ofrece una visión un poco diferente a M. Torga y más cercana al premio Nobel portugués J. Saramago, que tal y como señala en su novela Viaje a Portugal, “(…) el viajero comprueba que, por las carreteras del Algarve, todo el mundo va con prisas. Las distancias entre ciudad y ciudad no se entienden como paisaje, sino como una molestia que desgraciadamente no se puede evitar. La vocación del turista en el Algarve es claramente concentracionaria” por lo que hay que salirse de los itinerarios convencionales y disfrutar de las pequeñas carreteras comarcales y pistas para llegar a esa fantástica yerma y larga lengua de roca donde se encuentra el gran Faro de San Vicente que desde sus orígenes, ha estado unido a la literatura y a los viajes, al igual que lo ha estado la cartografía.

“(…) Se hallarán los lugares selectos del paisaje y del arte, la faz natural o transformada de la tierra portuguesa: pero no se impondrá forzadamente un itinerario, ni se orientará hábilmente, sólo porque las conveniencias y los hábitos acabaron por hacerlo obligatorio”

Portugal

Asomarse a los acantilados del punto más suroccidental de Europa, produce una mezcla de sensaciones. Por un lado, infinidad, inmensidad, paz, tranquilidad, sosiego y por otro intriga, curiosidad, respeto y admiración a ese vividor de la noche que se muestra imponente y brillante rompiendo con su luz la oscuridad.

Los faros nacieron siendo hogueras encendidas en puntos estratégicos o suficientemente elevados para más tarde protegerse por estructuras para evitar vientos y lluvias. Los testigos de naufragios y tormentas también llamados “cuidadores de esperanzas” son estructuras que señalan a los navegantes la situación de la costa y que desde luego no es fácil muchas veces llegar a ellos, aunque en este caso sí lo sea. El paisaje del cabo de San Vicente es de una belleza sublime acompañado de un viento que tiene una continuidad y una fuerza que parece que nunca va a dejar de soplar. La majestuosidad del paisaje no deja indiferente. Pese a la altura de sus acantilados se puede admirar la transparencia de sus aguas con unos increíbles fondos marinos al igual que se pueden contemplar numerosas aves tal y como se señaló en el Festival de Observación de Aves y Actividades en la naturaleza donde se presentó la nueva Guía de aves del condado de Vila do Bispo y Promontorio de Sagres.

Portugal

Pero si hay algo que nos gusta contemplar a todos los que llegamos hasta allí, son sus puestas de sol junto al faro coronado por una cúpula de intenso color rojo que contrapone el blanco de su cuerpo formando parte de la Fortaleza de San Vicente que data del siglo XVI, pese a que ninguna de las construcciones son originales debido a destrucciones bélicas y desastres de la naturaleza. Dentro de la fortificación se encuentra instalado el Museo de los Descubrimientos Portugueses, un museo interactivo centrado en los descubrimientos de Portugal, que en el año 2018 alcanzó el título de monumento más visitado del país luso.
Los atardeceres en cabo San Vicente siempre me recuerdan las palabras de Goethe: “Los colores son el sufrimiento y la alegría de la luz”

La misteriosa atmósfera que produce el azote de los vientos, más el misterio que exhala un lugar lleno de ritos y leyendas junto a los colores de la despedida del sol, obliga inevitablemente a recordar las palabras que Antonio Pereira recoge en su obra Oficio de mirar o los cuentos y leyendas mostrados por Teofilo Braga en su recopilación de Cuentos populares.
Las buenas fotografías están aseguradas casi desde cualquier sitio, pero a mi para realizar capturas de nuestras preciosas compañeras de viaje me gusta mucho las que se obtienen en un pequeño descampado de arena antes de llegar al faro, uno de mis balcones favoritos de la costa portuguesa.

Portugal

El cabo de San Vicente representa, por un lado el comienzo de la costa vicentina, un parque natural que va hasta Odeceixe con playas de ensueño como la Playa de Tonel donde la belleza , la altura de las olas y la buena gastronomía están aseguradas, tal y como recoge P. Moura en su obra El extremo occidental: Un viaje en moto por la costa portuguesa, de Caminha a Monte Gordo. Moura, junto a su Triumph Tiger 800, su tienda de campaña y su bloc de notas empieza a rodar entre sinuosas, desiertas o turísticas carreteras, entre dunas y pinares, subiendo montañas costeras, atravesando estuarios, ríos, rías, lagunas y como no, ciudades de mar. Pero lo hace no sólo como un viajero, sino como un reportero, es decir, buscando la historia, volviendo una y otra vez al sitio, desviándose del itinerario.
“Es un viaje prodigioso e inolvidable. Es el gran viaje portugués. Podemos hacerlo una vez en la vida o a lo largo de toda una vida, pero no debemos evitarlo”

Por otro lado, la zona recoge la historia de la cercana Sagres, una vasta área del sudoeste algarvío, conocida desde la Antigüedad como Promontorium Sacrum, que desde el siglo VIII a.C atrae a los marineros como último puerto en donde la navegación puede hacer escala antes de aventurarse al nuevo mundo. Subir al promontorio, consultar a los dioses, cumplir promesas, son los gestos que transforman dicho lugar en referencia fundamental para todo marinero, y así lo describe Monteiro Santos en su obra Promontorio de Sagres, altar do mundo moderno. Hoy en día es un tradicional pueblo pesquero que se dibuja sobre magníficos acantilados esculpidos en el tiempo cargados de historia; no hay que olvidar que fue aquí donde el infante Enrique, el Navegante, construyó una ciudad fortificada en la que instaló una escuela de navegación especializada en cartografía, astronomía y diseño de buques que llegó a ser el motor de la era de los descubrimientos de Portugal.

“Los viajes son como los atardeceres, si esperas mucho te los pierdes”

 

Texto y fotos: Gema de los Reyes /viajandoconmicamara.com

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Sartaguda, el pueblo de las viudas https://motoviajeros.es/sartaguda-el-pueblo-de-las-viudas/ https://motoviajeros.es/sartaguda-el-pueblo-de-las-viudas/#respond Wed, 03 Aug 2022 10:00:17 +0000 https://motoviajeros.es/?p=13738 El río es la sangre de nuestras vidas. Nos proporciona agua, fertilidad para cultivar tierras y un ecosistema alimentario. De todos los ríos, el Ebro es uno de los más importantes de nuestro país con sus más de 900 kilómetros de recorrido. Sartaguda, en la merindad navarra de Estella, es...

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El río es la sangre de nuestras vidas. Nos proporciona agua, fertilidad para cultivar tierras y un ecosistema alimentario. De todos los ríos, el Ebro es uno de los más importantes de nuestro país con sus más de 900 kilómetros de recorrido.
Sartaguda, en la merindad navarra de Estella, es un pueblo de 1.000 habitantes levantado a la vera del río Ebro, la otra orilla ya es La Rioja. Su emplazamiento le ha valido ser un oasis para la agricultura, actividad a la que mayormente se han dedicado sus vecinos desde que el pueblo tiene memoria. En tiempos pretéritos, las tierras fértiles eran propiedad de los duques del Infantado, y los colonos que allí se asentaban tenían que pagar un tributo por labrarlas.


Semejante funcionamiento social, aunque parezca de otra época, estuvo vigente hasta bien entrado el siglo XX. En 1919, una revuelta de los jornaleros provocó el impago de aquellos tributos, comportando represión, desahucios y encarcelamientos. Las protestas tampoco cejaron durante la dictadura de Primo de Rivera, y aunque la instauración de la II República dio esperanzas a los agricultores, la respuesta del duque fue “seis metros de tierra en el cementerio tengo para algunos”. No fue hasta 1942 que la Diputación Foral de Navarra dio carpetazo al asunto comprando las tierras del ducado por cinco millones de pesetas y revendiendo las parcelas a sus cultivadores. Por aquel entonces, Sartaguda todavía se recuperaba de una Guerra Civil que fue especialmente cruenta con ellos.

Sartaguda

La lucha por las tierras propició la implantación en Sartaguda de movimientos sindicalistas, anarquistas y republicanos. Consumado el alzamiento militar del 18 de julio de 1936, la represión fue desproporcionada, y solo dos semanas después empezó la ejecución de cenetistas, socialistas, casi todos los dirigentes del Sindicato de Trabajadores de la Tierra (adscrito a UGT), y el alcalde socialista Eustaquio Morgado. Los historiadores calculan que alrededor de la mitad de los izquierdistas del municipio fueron capturados y asesinados.

 

El 9 de septiembre de 1936, los sublevados hicieron un llamamiento para que los “jóvenes voluntarios” de Sartaguda se alistaran en la Legión Sanjurjo, resultando ser un simple cebo para sacarlos de allí por su propio pie: cuarenta y cinco de ellos fueron igualmente ejecutados entre el 2 y el 4 de octubre.

Sartaguda

En total, se contabilizaron 86 asesinatos en Sartaguda. Esta limpieza ideológica fue una de las más crueles de la guerra atendiendo a la ratio de población, y además lejos del frente de combate. Por ese motivo, el pueblo quedó plagado de mujeres viudas con las que no hubo miramientos a la hora de vejarlas, raparlas al cero, darles aceite de ricino, pasearlas por el pueblo en humillante escarnio y entrar sin miramiento en sus viviendas para desvalijarlas.
Paradójicamente, aquel reparto de tierras de 1942 tuvo en cuenta los derechos de aquellas viudas, recibiendo éstas lo pactado con sus difuntos maridos.

En 2008, se inauguró en las afueras de Sartaguda el Parque de la Memoria, en homenaje a las más de 3.000 víctimas de la Guerra Civil en Navarra; con sus más de seis mil metros cuadrados, es el mayor espacio memorialista de la comunidad foral y en él hay diversas esculturas alegóricas (sin faltar una dedicada a las viudas) y un gigantesco mural con los nombres de los represaliados.
Entrando en el pueblo, es fácil pasar por alto un discreto monolito erigido por los propios vecinos. En 2009 se colocó una placa en el ayuntamiento que recuerda al alcalde, los cinco ediles y todos los vecinos asesinados durante la guerra.

Muy cerca del ayuntamiento, la antigua iglesia del Rosario parece resistir en precario equilibrio, dando la impresión de que sus paredes de ladrillo se desmoronarán en cualquier momento; actualmente es un almacén municipal, pero en 1936 estaba plenamente operativa. El 23 de agosto de aquel año, la iglesia se llenó para celebrar un acto de renacimiento de la fe espiritual gracias a la “Santa Cruzada”, precisamente el mismo día en que los sublevados fusilaron a 53 prisioneros de la cárcel de Pamplona: tras hacerles creer que eran libres, los llevaron en camiones hasta el municipio de Cadreita, donde fueron pasados por las armas. Solo sobrevivió uno de ellos, Honorino Arteta, músico y afiliado a un partido de izquierdas: las heridas de bala no le impidieron salir corriendo. Todavía se desconoce el paradero de aquellos 52 cuerpos.

Este paseo por la memoria de Sartaguda finaliza en el cementerio, donde dos fosas comunes recuerdan la dimensión de los hechos aquí explicados.

 

Texto y fotos: Manel Kaizen / hoysalgoenmoto@gmail.com

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Ruta de Raúl Cervigón día a día

Día 1: Hoy toca uno de esos aburridos días de autopista que los moteros tanto detestamos. Salgo de Salamanca temprano y cruzo la meseta dirección norte para acceder por el País Vasco a Francia. Allí tomo rumbo este, y tras alguna parada en las magníficas áreas de descanso que pueblan las autopistas galas arribo a la ciudad de Carcassonne, famosa por su magnífica ciudadela medieval, con varias torres de observación y murallas dobles perfectamente conservadas.


Día 2: Jornada de transición en vías rápidas que abandono para cruzar la frontera entre Francia e Italia por el paso de Mont Cenis. Puerto alpino y lugar de cruce de los Alpes del cartaginés Aníbal con su poderoso ejército de elefantes. Tras las monótonas autopistas se agradece por fin curvear, y la GSA se transforma, de un auténtico sofá tragamillas a una ágil bailarina sobre el rizado asfalto. Desciendo al lado italiano camino de Turín y a mi derecha surge la magnífica Sacra di San Michelle que desde las alturas domina la ruta por el valle de Susa.

Día 2

Día 3: El constante tráfico de camiones del norte de Italia me acompañará hasta Eslovenia. Allí por fin desactivo en el Navigator las vías rápidas, y nada más adentrarme en el país rumbo a su capital las retorcidas carreteras eslovenas hacen que el viaje tome un carácter muy distinto. Los bosques y praderas se suceden mientras me acerco a Liubliana, donde hago noche y visito su centro, con un gran ambiente. Y donde puedo degustar una suculenta pizza a la ribera del Ljubljanica con vistas a su imponente castillo.

Día 4: Desde la capital exploro el parque del Triglav, la montaña más alta de los Alpes Julianos, con el ascenso al Mangrt, los cincuenta tornantis numerados de la carretera Kranjska Gora, construida por prisioneros rusos durante la primera guerra mundial, el fotogénico Lago de Bled, y el menos conocido pero igual de espectacular lago de Bohinj. Toda esta zona es un auténtico paraíso para los motociclistas con un asfalto magnífico y multitud de restaurantes a pie de estrada.

 

Día 5: Amanece un día espectacular que hace que salga a carretera sin forros y con guantes de verano. Me dirijo hacia el sur a Ilirska Bristica, donde quiero visitar un memorial dedicado a los fallecidos en la Segunda Guerra Mundial. Tras ello me junto con un motero de la zona que me acompaña hasta la frontera con Croacia, cruzamos juntos y comenzamos a descender la majestuosa costa dálmata. Es sábado y un gran ambiente motero me acompaña con decenas de moteros italianos disfrutando de la zona.

Día 3

Día 6: Descendiendo por la costa cruzo el paralelo 45 a la altura de Senj. Un modesto monumento nos recuerda que estamos exactamente a 5000 kilómetros del Ecuador y del Polo Norte. Abandono la costa para visitar los Lagos de Plivitce, un parque nacional que deja sin palabras a los amantes de la naturaleza. Desde allí me acerco a la abandonada base aérea de Zeljava. Tengo para mí sólo el acceso a los hangares subterráneos, y puedo de rodar por una pista de aterrizaje que se me antoja casi infinita. Los carteles que avisan de la presencia de minas en la zona aconsejan extremar la prudencia en la visita y no perder la perspectiva de donde nos hallamos.

 

Día 7: Me levanto con la resaca de la increíble jornada de ayer, pero al retomar la costa del Adriático mi mente se centra en el día de hoy y vuelvo a embelesarme con la brutal carretera que discurre paralela al mar. Tomo un ferry en Prizna y desciendo dirección sur por la isla de Pag, que me permite admirar la costa desde la perspectiva contraria y acceder a Zadar, donde su órgano de mar me espera para regalarme una de las puestas de sol más increíbles del viaje.

Día 8

Día 8: Tras un tranquilo desayuno cargo la moto y me dirijo por la carretera 8 hacia Omis, cuna de grandes piratas que dominaron la zona gracias a “las flechas de Omis”, pequeñas barcazas de poco calado con las que atacaban y se ocultaban en la desembocadura del río Cetina. Me separo de la costa siguiendo el curso del río que se encajona entre grandes paredes verticales que hacen de la ruta una delicia paisajística. Retomo mi camino junto al mar, que ya no perderé hasta llegar a “La perla del Adriático”, Drubrovnik. Sencillamente espectacular, una visita obligada en esta ruta, con un casco histórico magníficamente conservado y que a finales de septiembre puedo admirar sin agobios ni calores.

 

Día 9: Me adentro en Montenegro, el quinto país de este viaje, por la increíble bahía de Kotor, con su famosa serpentine, revirada carretera que asciende a las montañas que la rodean, bautizada por los moteros que la visitan como “el Stelvio de Montenegro”. Arriba me aguarda un mirador con unas vistas que cortan la respiración. Pongo rumbo norte hacia la capital del país, Podgorica, y sin dilación me pierdo por las magníficas carreteras que me acercan al Parque Nacional de Durmitor, donde la naturaleza se desborda por doquier.

Día 10: Amanezco en un pequeño hotel de montaña que anoche encontré por azar tras alcanzarme la noche. Sin apenas turismo, carreteras casi vacías con paisajes sorprendentes y excelente gastronomía a pie de ruta Montenegro engancha. Tiene señalado en carteles indicadores las “Panoramic Roads”, que te guían por el país con seguridad de estar disfrutando de sus mejores carreteras.Disfruto como un niño y voy acercándome a la frontera con Bosnia, el sexto y último país del viaje.

 

Día 11: La estupenda carretera se transforma por completo al cruzar la pequeña frontera para tomar la carretera bosnia M18. El firme desaparece a tramos cubierto por tierra de la montaña. Me encamino a Sarajevo, donde acongoja observar las cicatrices en sus edificios de una guerra nada lejana mezcladas con el día a día de sus gentes. Una visita a las antiguas instalaciones de la pista abandonada de bobsleigh pone el toque curioso a la jornada. Desde ahí me dirijo a Mostar, donde ceno una magnífica carne a la parrilla con vistas al viejo puente, símbolo de convivencia entre distintas religiones.

Día 12: O primer día de retorno. Desde Mostar accedo de nuevo a Croacia, no sin una breve visita a Medugorje, ciudad famosa por sus recientes apariciones Marianas. Una vez en la costa toca desandar el camino andado. Dejando de lado las visitas que me acompañaban en la ruta hacia el sur me centro en disfrutar totalmente de conducir mi moto. Los kilómetros se pasan volando parando únicamente cuando tienen que repostar, o la moto o el conductor de la misma. Pocos momentos disfruto igual que el instante de ver atardecer en plena ruta.

Día 13: Hoy abandono la costa croata totalmente enamorado de la misma. Cruzo ágilmente la frontera de Eslovenia, y me adentro de nuevo en las aburridas autopistas italianas con su tráfico pesado y un paisaje monótono. El control de velocidad y el modo confort de la suspensión electrónica se vuelven mis mejores aliados.

Día 13

Día 14: Me espera otra jornada de aburridas vías rápidas. Me cruzo Italia del tirón, y como eso no es vida para un motero cuando llego a la frontera con Francia me salgo de la autopista y me voy a ver anochecer al Col du Galibier. Qué bien me sienta la combinación de curvas con el modo Dynamic de la BMW tras las eternas horas de autopista. Tanto la subida como la bajada las hago en completa soledad, llegando ya anochecido a Valloire donde encuentro un precioso hotel familiar, y una estupenda cena casera pone el broche de oro al día de hoy.

Día 15: Hoy me dedico a rutear por la zona. Los rizadísimos Lacettes de Montvernier, el Col du Glandon, el Col de la Croix de Fer, etc. Todos ellos me van acercando a Grenoble, donde tras otra jornada extasiante para todo aficionado a las motos hago fin de jornada y me dedico a visitar su Bastilla, que regala unas vistas increíbles de la ciudad.

Día 16: Toca madrugar y poner dirección sur. Me desvío por las Gargantas Du Nan, hacia el pequeño pueble Pont-en-Royans, que con sus casas colgadas recuerda totalmente a nuestra afamada Cuenca. Me descuelgo por el Combe Laval con sus túneles colgados sobre el valle antes de adentrarme de nuevo en las vías rápidas que ya no abandonaré hasta entrar en territorio patrio.

Día 17: Tras hacer noche en Manresa y visitar a un buen amigo me dirijo ya sin dilación a casa. Casi ochocientos kilómetros me esperan, pero no puedo resistir y al llegar a Zaragoza me desvío por la nacional dirección Soria para degustar un buen torrezno de la zona. Echo otro par de ellos al top case para compartir con los que me esperan en casa. Porque al final lo mejor de los viajes es regresar al lado de los tuyos, con tu mochila bien cargada de esas vivencias que la carretera te va concediendo con el paso de los kilómetros.

 

Texto y fotos: Raúl Cervigón

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