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PASSAGE DU GOIS 2Un viaje se puede plantear de muchas maneras posibles, pero cuando los días son reducidos y los lugares a visitar y las ganas de andar en moto son considerables, la mejor forma de viajar es como lo haría un tren expreso; sin prisa pero sin pausa.

Este ha sido nuestro planteamiento a la hora de aprovechar las vacaciones de Semana Santa y las ganas por recorrer una gran parte de Francia. Sabíamos que iba a ser un recorrido exigente pero también lo afrontábamos sabiendo que era perfectamente posible de realizar siempre y cuando aprovechásemos los días al máximo. Y así fue y así os lo vamos a contar.

Nuestro viaje comenzaba el miércoles previo a Jueves Santo, justo al terminar nuestra jornada laboral. Teníamos todo el equipaje listo y la moto cargada para salir desde nuestra tierra Navarra rumbo a Burdeos, para quitarnos esa parte de ruta que nos posibilitaría en los días siguientes poder tener la ventaja de comenzar a disfrutar de los objetivos que nos habíamos fijado ya desde mucho más cerca. Nos alojamos en Cenon, en la periferia de Burdeos, en un hotel al lado de la autopista donde pudimos descansar para al día siguiente salir temprano en busca de nuestro primer destino fijado; el Passage du Gois.

Este paso es una carretera sumergible que solo es practicable con la bajamar. Tiene una longitud de 4,5 km y une la isla de Noirmoutier con el continente en la localidad de Beauvoir sur Mer. Existe un puente cerca de este punto que es transitable las 24 horas del día pero lo que se vive cruzando este paso no es comparable con hacerlo desde un puente. Para poder cruzar el Passage du Gois hay que tener muy en cuenta los horarios de las mareas ya que este paso solo es transitable entre 90 minutos antes y 90 minutos después de la bajamar. Fuera de esta franja horaria la carretera es inundada por la subida de la marea y queda totalmente anegada y sumergida bajo unos cuantos metros de océano. La bajamar en esta zona adquiere una dimensión enorme y el mar se retira varios kilómetros dejando a la vista una gran extensión de arenal donde la gente de la zona y los turistas recogen en ese período de tiempo gran cantidad de moluscos que después se llevan para vender o para comer. Es un espectáculo natural digno de ver y poder cruzar este paso una y otra vez mientras la marea lo permita es una de esas experiencias que uno recuerda muchas veces. Este paso es conocido por haber sido utilizado en la segunda etapa del Tour de Francia de 1999 provocando numerosas caídas y cortes en el pelotón, entre ellas la del suizo Alex Zülle, uno de los favoritos aquel año para llevarse el maillot amarillo en París, y que finalmente perdió el Tour por menos tiempo que el que perdió en la caída que tuvo en este Paso de Gois.

Después de disfrutar y sacar varias fotos en el Passage continuamos nuestro viaje dirección a la localidad de Vannes (Gwened, en bretón), capital del departamento de Morbihan en la Bretaña francesa. La ruta elegida fue a través del espectacular puente de Saint- Nazaire. El puente de Saint-Nazaire fue puesto en servicio en el año 1975, después de tres años de construcción. Con un vano central de 404 metros, la estructura metálica de 720 metros ostentó en el momento de su construcción el récord mundial de vano de un puente atirantado de acero. Este puente cruza el estuario del río Loira en su desembocadura al océano Atlántico. Sin duda uno de los grandes puentes sobre ríos de Francia junto al puente de Normandía, sobre la desembocadura del río Sena en El Havre.

VANNES BELENA media tarde llegamos a la localidad de Vannes, ya en la Bretaña Francesa, y tras dejar las cosas en el hotel salimos a dar una vuelta por esta preciosa localidad. Vannes es una ciudad llena de historia que fue fundada en el siglo I a.C. por los galo-romanos y que a finales de la Edad Media ya era una de las principales ciudades bretonas. Es una ciudad con gran herencia medieval que se puede apreciar mientras paseas viendo sus murallas, la catedral de San Pedro y sobre todo las bonitas casas con entramados de madera que te trasladan inevitablemente en el tiempo imaginando cómo era la vida en esta ciudad hace más de 500 años. Vannes tiene también un pequeño puerto deportivo donde sus habitantes guardan los barcos con los que disfrutan y navegan por las aguas de este golfo de Morbihan. Aprovechamos la ocasión para cenar los típicos crepes salados o galettes. Las galettes son una especialidad gastronómica de la región francesa de Bretaña. Se trata de una variante de las crepes en la que se utiliza para la masa harina de trigo sarraceno en lugar de la de trigo candeal, y agua. En la cocina francesa se rellenan normalmente las galettes con ingredientes salados (quesos, carnes, pescado, setas, etc.) reservando las crepes dulces para los postres. La galette complète está rellena de jamón cocido, queso emmental rallado y un huevo al plato. Un plato exquisito y barato que no puedes dejar de probar si viajas a Bretaña.

El día de Viernes Santo era el día que teníamos para llegar a nuestro destino más alejado en este viaje y el principal motivo para haber hecho esta ruta. Este día llegaríamos al famoso Mont Saint Michel. Pero antes debíamos cruzar gran parte de Bretaña para llegar a esa espectacular abadía situada ya en la parte baja de Normandía.

Salimos de Vannes como todos los días pronto a la mañana para aprovechar al máximo las horas de luz y para las 8:30 horas ya estábamos montados en la moto con rumbo al primero de los pueblos bretones que queríamos ver. Esa primera parada la hicimos en el pequeño pueblo de Rochefort en Terre. Sin duda esta es una de las más bonitas “Pequeñas ciudades con carácter” de Bretaña. Es un lugar donde el tiempo parece haberse detenido y tiene un fuerte aire medieval donde sus casas antiguas de entramados de madera, sus murallas y su castillo te trasladan sin quererlo a la Edad Media. Además es un pueblo que durante todo el año lo tienen adornado y engalanado con muchas flores. Todo esto unido a sus calles de piedra hacen de Rochefort en Terre un lugar de los “imprescindibles” en un viaje a Bretaña.

El siguiente punto marcado fue otro de los pueblos con encanto más bonitos de la zona. Josselin, que así se llama el pueblo, tiene un espectacular castillo y está surcado por el canal navegable que une Nantes con Brest. Se puede aprovechar a dar algún pequeño paseo en barca por el canal pero sin duda lo mejor es perderse por sus calles y plazas medievales y dejarse sorprender por su arquitectura medieval. Han sido muchos los viajes que he realizado por tierras francesas a lo largo de estos años pero siempre me llama la atención, vayas donde vayas, lo bien que cuidan los franceses su patrimonio histórico y el mimo que tienen manteniendo la limpieza y la estética de sus pueblos y ciudades. Una visita a un pueblo como Josselin es la mejor máquina del tiempo para tener la posibilidad de imaginar cómo era la vida en la Edad Media. A los que os guste este tipo de arquitectura y ambiente no dejéis de visitar y pasear por esta ciudad.

De Josselin nuestro viaje siguió rumbo al Norte buscando Mont Saint Michel y aprovechamos el trayecto para hacer las paradas y paseos de rigor en las ciudades de Dinan, Dinard y Saint Malo. Al final, pases por donde pases en Bretaña siempre encontrarás lugares y ciudades preciosas donde tener la posibilidad de disfrutar de su encanto. Saint Malo es una ciudad más grande que el resto, que ronda los 200.000 habitantes y es uno de los puntos turísticos con más reclamo de la zona. La ciudad tiene un centro histórico denominado Intramuros. Esta parte queda dentro de las murallas fortificadas que la rodean y aunque la mayoría de los edificios fueron reconstruídos tras sufrir fuertes bombardeos en 1944 durante la Segunda Guerra Mundial, su estética es espectacular. Se puede pasear por las murallas y contemplar las grandes vistas que hay sobre el mar y las playas que rodean la ciudad. En las numerosas tiendas que encontraremos dentro de la zona de Intramuros podremos aprovechar a hacer compras de souvenirs y llenar el estómago en cualquiera de las muchas creperías típicas de la zona.

Mont Saint Michel queda a unos 65 km de Saint Malo y aunque hay una carretera nacional más directa que te lleva por el interior nosotros fuimos por la costa, donde teníamos una parada obligada en la preciosa ciudad de Cancale. Este pueblo situado en la costa entre Saint Malo y Mont Saint Michel no podéis dejar de visitarlo por un motivo bien claro. Toda esta costa es una zona donde la actividad pesquera tiene una gran importancia, pero de entre todas las actividades, la que más destaca por mucho es la recogida y cultivo de Ostras (huitres en francés). A quienes os gusten las ostras y el marisco os voy a contar un secreto de los grandes. Viniendo de Saint Malo dirección Mont Saint Michel si cruzáis todo el pueblo de Cancale, justo al final, un poco antes de que la carretera se ponga cuesta arriba, a mano derecha hay una marisquería a pie de carretera donde tienen un género espectacular. Venden ostras de distintos tamaños a un precio que es una cuarta parte de lo que te cobrarían en cualquier restaurante por comértelas. El precio de una docena de ostras de buen tamaño está a unos 6,5€ y les puedes decir que te las abran y preparen en una cajita, que la rellenan con una base de algas para que las ostras no se muevan y vacíen. En la misma tienda te venden el limón para echar a las ostras. Además venden más variedad de marisco. Nosotros compramos unas gambas cocidas y unas patas de buey de mar que ellos mismos nos trocearon y con toda esa compra salimos de la tienda, cruzamos la carretera y nos sentamos en la playa a darnos un festín de marisco con las espectaculares vistas que la bahía de Cancale ofrece y os puedo prometer que fue el momento del viaje. Marisco de esa calidad, a ese precio y con esas vistas sentado en la playa… uno no lo come todos los días. A ver cuándo nos podemos escapar otra vez, ¡¡aunque sea solo por repetir ese momentazo!!

MONT SAINT MICHEL JUNTOSCon una sonrisa de oreja a oreja y con el estómago lleno nos dispusimos a hacer el último trayecto para llegar a Mont Saint Michel, pero antes hicimos parada para descargar el equipaje en el camping que teníamos reservado en Pontorson y que queda a 15 minutos del destino. Camino a Mont Saint Michel hay numerosas casas que ofrecen habitaciones para alquilar y pasar la noche a buen precio, sin duda otra opción interesante, ya que en general los precios de los hoteles de la zona son bastante elevados y si visitas la zona en verano casi seguro que estarán llenos y será complicado encontrar alojamiento. Así pues, desde nuestro camping en Pontorson pusimos rumbo al destino y principal motivo del viaje. Es importante decir que hoy en día no es posible llegar en nuestros vehículos hasta la misma abadía. Años atrás sí que era posible, pero desde hace unos años se prohibió el acceso a la zona y estás obligado a aparcar el vehículo en un parking de pago que se encuentra a unos 3 kilómetros de la abadía. El pago es por día. Desde aquí hay que dirigirse a una estación cercana de Shuttles o lanzaderas y en ese tipo de autobuses gratuitos llegas al mismo pie de la abadía. Si tienes tiempo también puedes hacer este último recorrido andando, pero la opción del shuttle sin duda es la más cómoda. Estos autobuses hacen un par de paradas antes de llegar a la abadía en las zonas hoteleras y de tiendas donde existe posibilidad de alojarse (imaginaros el precio) y de comprar los típicos souvenirs de la zona. Nosotros fuimos directos ya que dentro de Saint Michel también existen tiendas donde poder comprar alguna pegatina de recuerdo para las maletas de la moto o cualquier souvenir para la familia y/o amigos.

Según vas llegando a Saint Michel la silueta de la abadía se va haciendo cada vez más grande, pero ese momento de bajar de la lanzadera y ver ante tus ojos la maravilla de construcción de este lugar te deja sin palabras. Sin duda es uno de los lugares que más me han impresionado de todos los que he visto nunca. ¡¡Mont Saint Michel bien vale un viaje!!

Hay un dato importante que hay que tener en cuenta y valorar en la medida de lo posible si vais a viajar aquí, y es nada más y nada menos que los horarios de las mareas. Saint Michel es espectacular pero la magnitud de la bajamar y la pleamar son los que lo convierten en un fenómeno natural único. Lo ideal es llegar a la zona mientras la marea está baja para poder contemplar la subida de la marea en directo. Cualquier fecha es buena pero durante las 36 y 48 horas después de cada luna llena es cuando se dan las mayores subidas, quedando incluso el acceso a las murallas inundados, lo que te obliga a entrar y salir al recinto con las zapatillas en las manos y los pantalones remangados. En épocas de mareas vivas el mar puede llegar a retirarse de la costa hasta 15 kilómetros. Ver la subida de la marea es impresionante. Mientras está baja tus ojos solo ven kilómetros y kilómetros de arenal fangoso vacío, pero cuando la marea comienza a subir y a llegar a Saint Michel puedes ver como una ola seguida del mar va viniendo a gran velocidad, y en cuestión de poco tiempo todo lo que antes era una enorme extensión de arena de repente se llena de agua y el mar cubre todo rápidamente. Es un espectáculo único y sorprendente que en pocos sitios se puede ver de esta manera. Para que os hagáis una idea, se suele decir que la marea en Saint Michel sube a la velocidad que galopa un caballo, o sea que os recomiendo no meteros mucho en la arena, no vaya a ser que no os dé tiempo a escapar de ahí y seáis engullidos por la subida del mar.

El sábado a la mañana nos despertamos pronto en nuestro camping de Pontorson. El día amaneció muy nublado y la lluvia amenazaba nuestra partida. Nuestro objetivo esa mañana era visitar un par de castillos en la ruta del río Loira mientras íbamos ganando terreno dirección hacia el sur. A la media hora de salir tuvimos que parar a ponernos los trajes de agua por la lluvia que empezó a caer. Algo menos de 300 kilómetros nos separaban de los castillos elegidos para visitar: el castillo de Chaumont sur Loire y el castillo de Chambord. Tuvimos suerte y la lluvia solo duró media hora, de todas formas ya que estábamos con los trajes puestos no nos los quitamos hasta que llegamos al Chateau de Chaumont sur Loire para hacer nuestra primera visita del día. De aquí en adelante el tiempo mejoró y los trajes de agua no volvieron a salir de las maletas en el resto del viaje.

El castillo de Chaumont sur Loire para mí es uno de los castillos más bonitos en la ruta del río Loira. Hace dos años hice la ruta entera viendo todos los castillos típicos de la zona y esta vez, como no teníamos mucho tiempo para andar por aquí, fuimos ya con estos dos castillos elegidos para que Belén pudiera contemplarlos por primera vez como muestra de lo que es la ruta de los castillos del Loira. Si no tenéis mucho tiempo, cuando viajéis por aquí estos dos castillos, junto con el de Chenonceau, son los que recomiendo visitar, y si hacéis un viaje a través de toda la ruta del Loira serán muchos y variados castillos los que podréis contemplar y disfrutar a través de la espectacular ruta que el río Loira realiza por Francia hasta su desembocadura en Saint Nazaire. Esta es otra de las rutas que os recomiendo sin dudarlo para disfrutar de un inolvidable viaje en moto por nuestro país vecino.

CHAUMONT SUR LOIRE PANORAMICAEl castillo de Chaumont sur Loire está incluido en la lista del Patrimonio Mundial de la UNESCO. Fue propiedad de la poderosa Catalina de Médicis, que era gran admiradora de las profecías de su amigo Nostradamus. El propio Nostradamus estuvo en varias ocasiones en este castillo. Esta propiedad privada tiene una extensión de 30 Ha. y está formada por el propio castillo, las cuadras y un enorme parque paisajístico por donde se puede pasear y disfrutar de los jardines, árboles y flores que lo decoran. El mirador desde el patio del castillo sobre el río Loira es espectacular. El acceso a este castillo es de pago, pero merece la pena hacerlo para poder disfrutarlo desde dentro. Se puede acceder al interior y recorrer todas sus estancias y habitaciones, decoradas tal y como lo estaban en la época medieval. Este castillo es el típico de los cuentos de príncipes y princesas que todos imaginamos o que dibujaríamos sin llegar a conocerlo. Sin duda un imprescindible.

El siguiente castillo que visitamos fue el de Chambord. Es el más grande e imponente que puedes encontrar recorriendo el río Loira y uno de los más reconocibles en el mundo, debido a su arquitectura renacentista francesa, muy distintiva, que mezcla formas tradicionales medievales con estructuras clásicas italianas. Se dice que el propio Leonardo da Vinci estuvo implicado en su diseño original, siendo invitado por el rey Francisco I. Da Vinci trabajó y vivió aquí los tres últimos años de su vida. El castillo está rodeado por una enorme extensión de bosque. Existe un parking de pago donde se puede dejar la moto para después poder pasear o acceder al baluarte. Este castillo, a diferencia del de Chaumont, se puede observar libremente desde fuera y puedes pasear a su lado sin necesidad de pagar. Para entrar a su interior y poder recorrer sus estancias hay que pagar entrada, pero eso ya queda a la elección del viajero. Nosotros esta vez lo contemplamos desde fuera mientras reponíamos fuerzas comiéndonos un bocadillo tranquilamente. Este castillo, aparte de ser Patrimonio Mundial de la UNESCO, es un importante Monumento Nacional del patrimonio francés. No dejéis de visitarlo si recorréis la zona.

Después de maravillarnos con estas espectaculares construcciones, nuestro camino tenía que seguir rumbo hacia el sur. La zona a recorrer el día siguiente era la región de Auvernia y sus Puys (volcanes) por lo tanto seguimos nuestro viaje hasta la ciudad de Clermont Ferrand, capital de Auvernia, en la región central de Francia. En esta ciudad nos alojamos en un hotel de las afueras donde pudimos cenar y descansar para coger fuerzas para el intenso y largo día siguiente que nos esperaba.

El domingo nos levantamos temprano como siempre para aprovechar al máximo el día, y nos fuimos pronto dirección al famoso Puy de Dome. El Puy de Dome es un volcán situado en el macizo central de Francia. Es uno de los volcanes más jóvenes de la cadena de volcanes (chaine des puys), aunque lo de joven lo digo por su edad geológica, ya que su última erupción fue en el año 5760 a.C. Tiene una altitud de 1.464 m. y por lo menos en un par de ocasiones ha servido como final de etapa en el Tour de Francia. Nuestra intención era ir hasta el parking del recinto y subir en el tren cremallera hasta su cima para poder disfrutar de las vistas que ofrece, pero al final no fue posible. El día amaneció nublado y frío y la intensa nevada que cayó en la cima del Puy esa noche dejó impracticable el acceso en tren cremallera, por lo que nos quedó pendiente su subida para otra vez. Después de sacarnos alguna foto con el Puy de Dome nos dispusimos a recorrer lo que para nosotros iba a ser uno de los grandes descubrimientos de este viaje: Auvernia.

AUVERNIA PUENTE 1Auvernia es una región del centro de Francia que comprende cuatro departamentos, por lo tanto os podéis hacer una idea de la dimensión que tiene. Esta región del macizo central es una zona muy montañosa. Entre volcanes y montañas la zona es de constantes subidas y bajadas con profundos valles y unos bosques inmensos, con unas carreteras espectaculares llenas de curvas a través de las cuales cruzamos de norte a sur la región por zonas en ocasiones a mucha altitud. De hecho hubo momentos en los que nos vimos rodeados de nieve y en más de una ocasión nos estuvo nevando mientras cruzábamos los puertos más elevados. Dentro de esta región hay pistas de esquí nórdico y muchas montañas superan los 1.800 metros de altitud. Las carreteras comarcales a través de las cuales cruzamos toda la región tienen un longitud aproximada de unos 125 kilómetros. El recorrido que hicimos es difícil de explicar, pero con Google Maps delante podéis localizar la ruta que trazamos y que nos llevó desde Puy de Dome pasando los pueblos de Murol (espectacular su Chateau en ruinas), Besse et Saint Anastaise, Égliseneuve d’Entraigues, Condat y Murat hasta Saint Flour, desde donde volvimos a meternos en la autopista A75 que nos llevaría a Carcassonne, donde acabaríamos el día. Sin duda Auvernia es una zona espectacular para recorrer en moto y la sensación que se experimenta es la de estar perdido dentro de unos bosques milenarios, donde es fácil imaginar el miedo que tuvieron que pasar las tropas romanas que invadieron la Galia de aquellos tiempos para conquistar estas tierras. Cruzarlo en un día nublado, con momentos de niebla como el que tuvimos, le da hasta un toque tenebroso digno del mejor de los bosques encantados de los libros de leyendas de seres mitológicos.

Ese mismo día por la tarde llegamos a la espectacular ciudad medieval de Carcassonne. Esta ciudad tiene muchas cosas bonitas para ver pero donde centramos nuestra atención fue en la zona histórica de esta villa, también denominada como Cité de Carcassonne. Esta ciudadela es un conjunto urbano y arquitectónico fortificado singular increíblemente bien conservado y mantenido. Rodeada de una doble muralla de tres kilómetros de longitud, en su interior se conserva el aspecto de las ciudades medievales europeas con calles angostas y tortuosas, edificaciones de fachadas con entramados, barrios de artesanos y de distintos gremios, junto con elementos propios, como el castillo de los condes de Carcasona y la basílica de Saint-Nazaire. Nosotros nos alojamos en un hotel situado dentro de las murallas pero en la parte externa de La Cité existen numerosos hoteles desde los cuales dando un paseo se puede llegar sin problemas a esta ciudad fortificada. Pasear y perderse entre sus calles y casas es como transportarse a la Edad Media. Pocos monumentos o construcciones de este tamaño se conservan tan bien y han sabido mantener el marcado aire medieval que transmiten sus murallas y torreones. Sin duda una preciosa ciudad para terminar nuestro viaje por tierras francesas.

El día siguiente, ya lunes, que en nuestra comunidad autónoma de Navarra era festivo, teníamos que poner rumbo a casa, pero como seguíamos con ganas de moto lo aprovechamos para hacer una visita y comer con unos amigos que estaban pasando unos días en Cambrils (Tarragona), y a través del paso fronterizo de La Junquera y mucha autopista nos fuimos hasta esa localidad de la Costa Dorada a comer una buena fideuá en buena compañía, para después meternos otros casi 400 kilómetros hasta llegar a casa con un montón de nuevas vivencias y la satisfacción de haber visto tantos lugares tan variados y espectaculares como los días de Semana Santa nos permitieron. Al final fueron exactamente 3.000 los kilómetros de viaje que nos salieron. Como decía al principio, es un viaje para hacer con muchas ganas de moto; con las etapas planificadas de esta manera es posible disfrutar de los lugares visitados con tranquilidad y compensa con creces el esfuerzo y el poco dormir de esos días. Sin duda alguna una Semana Santa bien aprovechada en nuestro Viaje Express por Francia.

(Descargar mapa de la ruta)

Para Motoviajeros, Ion Artuzamonoa Basurto // Belén Elcid Luqui

Quique Arenas

Director de Motoviajeros, durante más de 20 años, en sus viajes por España, Europa y Sudamérica acumula miles de kilómetros e infinidad de vivencias en moto. Primer socio de honor de la Asociación Española de Mototurismo (AEMOTUR), embajador de Ruralka on Road y autor del libro 'Amazigh, en moto hasta el desierto' (Ed. Celya, 2016) // Ver libro

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