Ushuaia-Alaska Ushuaia-Alaska
FacebookTwitterWhatsAppEmailMasFacebookTwitterWhatsAppEmailMasEsta es la crónica de un gran viaje que comenzó, ni más ni menos, que en 2005. En ese año, se inicia mi aventura... Ushuaia-Alaska

alaska02Esta es la crónica de un gran viaje que comenzó, ni más ni menos, que en 2005. En ese año, se inicia mi aventura soñada, basada inicialmente en “Diarios de Motocicleta” del Che Guevara, un libro que me fascinó cuando lo leí y que supuso el pistoletazo de salida definitivo para lanzarme a recorrer Sudamérica. Aquel año, como digo, puse rumbo a Buenos Aires y a bordo de una Honda Tansalp 650 completé 14.865 km en 35 días, recorriendo Argentina y Chile. Fue un viaje inolvidable que me permitió alcanzar Ushuaia, la ciudad más austral del mundo. Empezaba así un reto que me llevaría varios años, y que finalmente he podido culminar en septiembre de 2015. Durante este tiempo se han ido sucediendo otros muchos viajes por Europa y, una vez al año, nuevos viajes por Sudamérica, visitando en profundidad países como Chile (2006), Bolivia (2007), Perú (2008), Brasil (2009 y 2010), Argentina y Chile (2011) y Centroamérica (2012: Perú, Colombia, Venezuela, Panamá, Costa Rica, Honduras, Guatemala, Nicaragua, El Salvador, Belize y México). También he rodado por Uruguay y Paraguay.

Durante estos primeros ocho años he vivido experiencias que jamás olvidaré. He estado en lugares de ensueño, como las cataras de Iguazú, la cordillera andina, la carretera Austral chilena, las Torres del Paine, el desierto de Atacama, el salar de Uyuni, el impresionante río Amazonas y su infranqueable selva, los glaciares argentinos, los Yungas (la carretera de la muerte), el Macchu Picchu y la Cordillera Blanca, los volcanes de Ecuador o los embarrados caminos de Centroamérica. He visto el Atlántico y el Pacífico y ríos que, por su caudal, resultaría imposible encontrarlos en Europa. Podríamos ofrecer innumerables datos sobre el cono sur, pero todos se quedarían cortos. Hay que ir para comprender la verdadera magnitud de esta naturaleza en estado puro y salvaje.
También, y posiblemente sea lo más importante, en cada viaje me he traído experiencias humanas de un valor incalculable. He conocido a gente maravillosa. Personas que, sin tener nada, te daban todo. Gente que me ha ayudado a salir de apuros: problemas burocráticos, mecánicos, alimenticios, de alojamiento. Siempre había una mano hermana dispuesta a ayudar. Muy especialmente recuerdo a mis amigos Oscar Horacio Díaz (tristemente fallecido), Juan Ignacio Molina, Álvaro Nieto, Miguel Ángel Urustia y otros muchos más que han calado muy hondo en mi vida.

alaska04Pero también me he topado con dificultades casi insalvables: he padecido nevadas intensas en mitad de las montañas, lluvias torrenciales, caminos y carreteras cortadas por deslizamientos de tierra, el inclemente viento patagónico, problemas de combustible, algunas fronteras corruptas (prefiero no citar países… pero alguno empieza por “Vene” y acaba por “zuela”) e incluso enfermedades tropicales que me han tenido hospitalizado y en cuarentena durante varias semanas… Aún a pesar de todo lo malo, el balance siempre resultaba positivo y te curte como persona y como motoviajero. En todos los casos he viajado solo, a excepción del año 2011, que lo hice con uno de mis sobrinos. La soledad no siempre es mala consejera, al contrario, te brinda una libertad y unas posibilidades de conocer lugares y personas que te marcan de manera indudable.

En este 2015 retomaba el proyecto de unir Ushuaia con Alaska, tras haber dejado mi propia moto en México D.F. al finalizar el viaje de 2012 (mi agradecimiento al Hotel El Salvador). Preparé nuevamente el equipaje, recogí a la “abuela” (una Transalp 600 de 1989 noble y guerrera que no me ha dado ningún problema) y reemprendí la marcha rumbo a mi destino final. Por delante esperaban algo más de 25.000 kilómetros por América del Norte.

Antes de nada me gustaría subrayar el magnífico trato que recibí por parte de Juan Carlos García y la familia Gutiérrez (México D.F.) y Susana Ayech (San Luis Potosí). Sin ellos, todo hubiese sido mucho más complicado. Y aquí, en España, el apoyo logístico que me brindó Motofactory Bike, muy especialmente Cristina Torija.

Con la moto en ruta y funcionando perfectamente tras varios días de revisiones mecánicas, me dispongo a cruzar la frontera con Estados Unidos por Nuevo Laredo. Ante mi propia sorpresa, todo son facilidades burocráticas… días antes el panorama pintaba muy negro. Me gustaría destacar que, a pesar de los muchos consejos recibidos para extremar la precaución en México, yo no tuve ningún problema. Supongo que al final, la buena gente gana por mayoría aplastante. Eso sí, conviene no bajar nunca la guardia, algo que he aprendido a lo largo de los años viajando por el mundo.
Ya en Estados Unidos descubro que tampoco se me requiere ninguna documentación especial; solamente el pasaporte (¡y ningún papel relacionado con la moto!). Es más, nunca olvidaré que el policía que me atendió, me estrechó fuertemente la mano, y me dijo “Bienvenido a los Estados Unidos de América”.

Mi primer destino sería Texas. Visito Dallas y Austin y de allí me marcho a Nuevo México y Utah. En los primeros días recorro el gran cañón del Colorado y las carreteras que tanto nos recuerdan al “lejano oeste”. Parajes desérticos, temperaturas infernales y larguísimas distancias. También me adentré en el universo de neón de Las Vegas, una ciudad frenética y un monumento a la opulencia.

alaska08Uno de los destinos que más interés tenía por conocer era el Parque Nacional de Yosemite. La visita fue decepcionante por la cantidad de incendios que había. El olor a bosque quemado, la densa humareda que cubría el Parque y la enorme cantidad de turistas que había provocaron que saliese por patas. A veces, el paraíso no es como uno se lo imagina.

También estuve en Los Ángeles, una ciudad preciosa. Allí me alojé dos días en casa de mi amigo Eduardo Céspedes. Tanto él como su familia me ofrecieron su hospitalidad y allí aproveché para realizar la primera puesta a punto completa de la moto. Por su parte, Pablo del Olmo me ofreció sus magníficas instalaciones para completar el mantenimiento de la “abuela”.
Siguiente destino: San Francisco, que me pareció un lugar fantástico. Me alojé en casa de mi amigo Hugo y familia, a quienes agradezco todas sus atenciones.

De San Francisco hasta Nevada y Oregón viví experiencias que me dejaron sin palabras. En numerosas ocasiones, tras pasar la noche en mi tienda de campaña en campings y áreas de descanso (en ocasiones, completamente “al raso” solo con el saco de dormir y la esterilla), me despertaba comprobando que sobre la moto tenía notas de personas que me invitaban a desayunar o almorzar. Por supuesto, sin conocerme de nada. Creo honestamente que este tipo de cosas suceden porque viajo solo. También tengo que decir que yo no domino el inglés, lo que no ha representado ningún problema, puesto que todo el mundo se presta siempre a echarte un cable.

Rumbo norte a Portland, Seattle y el paso a Canadá. Vancouver me recibió de la mejor forma: 13 moteros mexicanos (todos ellos con BMW 1200 Adventure) con los que intercambiamos charlas y experiencias. Curiosamente, ellos también se dirigen a Alaska. Y, más curiosamente aún, me vuelvo a encontrar con ellos cuatro días después en la Ruta 37. Yo iba de barro hasta las cejas. Ellos, con sus motos y trajes impolutos. Nueva charla y a la mañana siguiente volvemos a partir, cada uno siguiendo su hoja de ruta. Nos volvemos a encontrar, por tercera vez, en Koidern. Canadá es una pasada y nunca olvidaré los encuentros con los osos grizzly que en infinidad de ocasiones aparecen en plena ruta. La sensación de estar metidos en su medio natural es sobrecogedora.

alaska12Entré a Alaska por Tok, notando una emoción especial al sentir cómo un objetivo de tantos años empezaba a completarse. Estuve en Anchorage y Valdés, y subí por la Ruta 3 hasta Fairbanks. Alaska representa uno de los últimos confines del mundo. Y uno percibe que está lejos de casi todo. Es un lugar mítico, tierra de aventureros y gente dura que resiste un clima extremo durante muchos meses al año.

Tras dejar atrás Alaska entro nuevamente a Canadá por Dawson, en el corazón del territorio Yukon. Centenares de lagos, bosques tupidos, montañas de postal y… frío, mucho frío. Eso sí, los mosquitos parece que tienen abrigo, porque los hay por miles, de todos los tamaños y colores. ¡Qué pesadilla!

Entramos de nuevo a Estados Unidos por Seattle, pero en esta ocasión elijo una ruta de descenso diferente, con el fin de visitar el mítico Parque Nacional de Yellowstone. Con buen tiempo y durmiendo en el interior del Parque (aunque en la noche me cayó una tormenta tremenda), visité parte de este espacio gigantesco en el que hay más personas que animales… hay muchos bisontes, muchos ciervos… pero que quede claro: el Oso Yogui no está, ni Bubu tampoco.

Dejando atrás Yellowstone tomé dirección noreste hasta trazar una línea recta imaginaria que me devolvió otra vez a la frontera mexicana de Nuevo Laredo. Mi viaje estaba llegando a su fin, sin contratiempos ni sobresaltos desagradables. Al contrario, una vez más todo marchaba sobre ruedas y volvía a dejar la moto en México D.F. ¿Por qué allí? Porque este cuento aún no ha terminado… y quizá en un futuro regrese para volver a rodar con la “abuela” por un continente que me tiene fascinado. Tengo que resaltar el excelente comportamiento de una moto con 26 años que ha soportado todo tipo de climas y condiciones. Ha estado a 47º C en los desiertos, a -10ºC en el norte de Alaska, me ha llevado por auténticos barrizales y ha permanecido una semana en un velero, a la intemperie, en el Caribe, empapándose de yodo y salitre. Ha vadeado ríos y he visto cómo el agua la cubría casi por completo. Y aún así, nunca me ha fallado. Es la prueba de que se puede llevar una moto de última generación para sentir la aventura y salir victorioso.

En resumen: en esta ocasión he recorrido 17 estados norteamericanos, sin contar Alaska. También, como dato curioso, he pisado durante 200 solitarios kilómetros la mítica Ruta 66. En total, desde el año 2005, han sido cerca de 170.000 kilómetros por el continente americano. Se cerraba así el círculo Ushuaia-Alaska.
Para Motoviajeros, Javier Pérez G.
www.javierperezenmoto.com

 

Quique Arenas

Director de Motoviajeros, durante más de 20 años, en sus viajes por España, Europa y Sudamérica acumula miles de kilómetros e infinidad de vivencias en moto. Primer socio de honor de la Asociación Española de Mototurismo (AEMOTUR), embajador de Ruralka on Road y autor del libro 'Amazigh, en moto hasta el desierto' (Ed. Celya, 2016) // Ver libro

  • Txisko

    28 octubre, 2018 #1 Author

    Hola,estoy pensando hacer Uhsuaia Alaska .Alguien me puede dar información de como llevar la moto y los tramites necesarios.

    Responder

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