Ruta de los Templarios Ruta de los Templarios
Antes de empezar a relataros lo que fue en sí “La ruta de los Templarios”, os quiero dar a conocer lo más brevemente posible... Ruta de los Templarios

PISTEANDO POR EL CASTILLO DE MONZONAntes de empezar a relataros lo que fue en sí “La ruta de los Templarios”, os quiero dar a conocer lo más brevemente posible lo que aconteció por aquellas fechas en la Península Ibérica, y lo que desencadenó la pérdida de poder y propiedades de estos monjes guerreros dos siglos más tarde. En un principio, nacieron con la finalidad de proteger a los peregrinos que visitaban Tierra Santa, pero pronto su influencia se extendió por todo el mundo cristiano. A diferencia de lo que ocurrió en otros reinos europeos, donde se limitaron a recaudar fondos y reclutar nuevas espadas, los caballeros del Temple encontraron en la Península Ibérica un escenario no muy distinto al de las lejanas tierras de Ultramar.

La llegada de los templarios a los reinos peninsulares se produjo en fechas muy tempranas. De hecho, ya en marzo de 1128 –apenas ocho años después de la fundación de la orden en Jerusalén y varios meses antes del Concilio de Troyes-, la reina de Portugal, doña Teresa, hace una importante donación al templario Raimundo Bernardo: el castillo de Soure, en Braga.

La siguiente noticia que se posee sobre la orden se remonta a julio de 1131, cuando el conde de Barcelona, Ramón Berenguer III, ingresa en el Temple poco antes de fallecer, tras haber donado también a los caballeros un castillo, el de Granyena (Lleida). Un año más tarde otro conde, Armengol IV de Urgel, hace lo propio al entregar en manos templarias la fortaleza tarraconense de Barberá. La entrega de las tres fortalezas en los territorios de Portugal y Cataluña posee un elemento común: todas ellas se encuentran en primera línea del frente contra los musulmanes, y en todos los casos los donantes las ceden con la intención de que la joven orden se implique de forma activa en la defensa de los territorios cristianos de la Península. Esta será, precisamente, la principal diferencia entre la presencia del Temple en los reinos hispánicos y el resto de las posesiones de la orden en otros lugares de Europa: pese a las reticencias iniciales, los templarios de la Península participarán en los esfuerzos de la Reconquista, como si aquellas tierras amenazadas por los musulmanes fueran un reflejo de Tierra Santa en Occidente.

Coincidiendo con aquellas primeras donaciones iba a tener lugar uno de los principales hitos dentro de la historia del Temple en la Península. En 1131 el rey Alfonso I el Batallador dictaba su testamento en el que, inesperadamente, dejaba todas sus posesiones en manos de las tres órdenes militares de Tierra Santa: Santo Sepulcro, Temple y Hospital. Con la muerte del monarca en 1134, sin embargo, el testamento no llegará a hacerse efectivo. Los nobles navarros y aragoneses se niegan tajantemente a su cumplimiento, nombrando los primeros a García Ramírez como monarca, y los segundos a Ramiro, hermano del Batallador y en esas fechas obispo de Roda-Barbastro. Por su parte, y vista la delicada situación, las tres órdenes prefieren mostrar un prudente silencio, aunque sin renunciar a sus derechos. Ramiro II el Monje asciende al trono y no tarda en contraer matrimonio con Inés de Poitou. El nacimiento de la hija de ambos, Petronila, permitirá a su padre entregarla en esponsales a Ramón Berenguer IV, que a partir de ese momento añadirá el título de príncipe de Aragón al de conde de Barcelona. Con Ramiro apartado de la política y entregado por completo a su vida espiritual –aunque conservando título y corona–, será el conde de Barcelona quien tenga que solucionar el problema del testamento del Batallador. Primero alcanzó un pacto con el Hospital y el Santo Sepulcro en 1140 y, ya tres años después, logrará un acuerdo con el Temple, sin duda mucho más sustancioso para la orden.

En octubre de 1307, el monarca francés Felipe IV detuvo por sorpresa a sus hermanos de la orden en el país vecino, bajo terribles e injustas acusaciones de herejía. Poco después, en diciembre, ocurrió lo impensable. El rey de la Corona de Aragón, Jaime II, a quien tan buenos servicios habían prestado, siguió el ejemplo de Felipe IV y ordenó detener a todos los templarios de la Corona y confiscar sus bienes. Algunos hermanos, entre ellos el maestre provincial –frey Ximeno de Landa–, no tuvieron tiempo de reaccionar y fueron apresados de inmediato.

Unas semanas más tarde, vencido ya por el hambre, la fatiga y el desánimo, el heroico frey Pedro Rovira rendirá la plaza de Libros situada junto al rio Turia en Teruel, a las tropas reales, siendo detenido y conducido hasta La Alfambra. Algunos de sus hermanos, repartidos por distintas fortalezas del Temple como Miravet, Ascó, Monzón o Chalamera, resistirán aún varios meses más, antes de la rendición definitiva. Son los últimos momentos de la Orden del Temple, cuya historia apenas se había prolongado durante dos siglos, pero que ya había conseguido dejar una huella imborrable en la península Ibérica.

Ruta de los TemplariosY aquí termina su historia y empieza la mía, así que después de estudiar si historia detenidamente y pensar que recorrido voy a hacer, decido visitar las posesiones más relevantes que tuvieron los templarios en la antigua Corona de Aragón, donde enlazaré las provincias de Tarragona, Huesca, Zaragoza, Teruel y Castellón, en una ruta que me llevará en cuatro días a recorrer más de 1.400 kilómetros y a visitar infinidad de fortalezas por el noreste de la península, donde intentaré desvelaros secretos y leyendas que rodearon esta Orden templaria.

La madrugada del martes 29 de marzo y al alba parto con Flavia como montura dirección norte para encontrarme con la primera fortaleza templaria. Después del único tramo de autovía que uso en la ruta para poder ganar algo de tiempo, en poco más de una hora me encuentro ya en Peñíscola. Llego poco antes de las 9 de la mañana y las vistas de la silueta del castillo templario con el mar de fondo y en calma es espectacular.

Me decido a subir con Flavia hacia la zona antigua alrededor del castillo, que aunque pone “acceso solo vecinos” imagino que a esas horas tan tempraneras no habrá mucho tráfico por la apacible ciudad.

Una vez arriba las vistas son formidables y la fortaleza impone, la tranquilidad del agua acariciando sus muros me invitan a detener la moto y contemplar el horizonte sobre el mar.

Las calles están adoquinadas con piedra de canto rodado muy pequeña y al estar regándolas se vuelve algo arriesgado en el momento de bajar buscando la salida de la amurallada ciudad.

Esta imponente fortaleza se empezó a construir en 1294 y fue acabada 12 años después, en 1307. Los únicos que podían realizarla en este tiempo eran los enigmáticos caballeros templarios, que la construyeron a imagen y semejanza de las que antes habían construido en Tierra Santa. El monumento conserva en la actualidad todas las particularidades de una obra templaria.

El castillo comparte con el Vaticano y el Palacio de los Papas de Aviñón el privilegio de haber sido sede pontificia; una de las tres que ha habido a lo largo de la historia. Es el único en toda España que ha podido participar en un momento de la historia de Europa como fue el Cisma de Occidente, dramático proceso que se vivió en el mundo cristiano, ya que fue en este castillo donde se recluyó Benedicto XIII.

Tras el proceso de acoso sobre los caballeros del Temple, los monjes que custodiaban esta fortaleza apenas opusieron resistencia y se rindieron rápidamente a las tropas aragonesas.

Después de las pertinentes fotos vamos en busca de nuestro segundo destino del día, el castillo templario de La Suda, en Tortosa.

Voy junto a la costa para disfrutar de ella, haciendo algún pequeño tramo de pista hasta interceptar el Ebro y cambiar el rumbo hacia el interior, siguiendo el cauce del río desde Amposta hasta encontrarme con Tortosa, que la atravesaré para localizar la fortaleza. Empiezo a subir y en pocos minutos estoy entrando en el castillo, actualmente Parador Nacional de Turismo.

Aparco la moto y me dirijo hacia los muros, las vistas son espectaculares y destaca el río Ebro contoneándose entre la población.

La Orden organizó la encomienda en 1148, año de la conquista de Tortosa, adquirió la parte de los genoveses en 1153 y amplió su dominio en 1181 al recibir en donación la parte de la Corona. Así, a finales del siglo XII, administraba la Zuda y tenía el señorío de la ciudad y su término municipal.

El castillo también funcionaba como prisión pública y sede del tribunal de justicia y del Palacio Real. El Conquistador lo convirtió en residencia real predilecta y desde ahí preparó la conquista de Peñíscola y Burriana.

BAJANDO DEL CASTILLO DE CULLALa encomienda presidía las tierras más ricas de la Corona de Aragón. Jaime II, en 1294, les permutó Tortosa por Peñíscola y su demarcación, a la que añadieron el castillo de Alcalá de Chivert y Culla. Al disolverse la Orden, en 1314, el dominio que ejercían aquí pasó a manos del obispo dertosense.

El día va avanzando y el calor se impone, así que me despido del castillo y me voy en busca de la vieja nacional 231, que siguiendo el caudaloso curso del Ebro me acercará a mi próximo destino.

Intento atravesar el río a los pies de Miravet y la carretera está cortada, así que pregunto en el siguiente pueblo, Ginestar, y me dicen que he de subir hasta Mora de Ebro, ya que por donde quería pasar es con transbordador y que en estas fechas no funciona, ¡que mala suerte! Con lo que nos hubiera gustado a Flavia y a mí cruzar en una embarcación así.

Bueno, seguimos nuestro camino, atravesamos Mora de Ebro y a los pocos kilómetros estamos ya a los pies de la imponente fortaleza, con el pueblo bajo sus dominios, dando fe de que en su día debió de ser un gran bastión.

Zigzagueo por las estrechas calles siguiendo las indicaciones de “Castell Templer” dirigiéndome hacia lo alto de la colina. Una vez allí dejo la moto y este sí, se puede visitar y ¡además es gratis!

En el s. XII, el conde-rey Ramón Berenguer IV, con la ayuda de los templarios, reconquista Miravet, en 1153, y es el 24 de agosto de este año cuando el conde cede a los templarios el castillo y las tierras de los alrededores (castillos y términos municipales de Gandesa, Corbera, Batea, Bot, Pinell, Rasquera, Benissanet y Algars)

Una cosa curiosa es que todos los sillares del castillo estaban decorados con pintura roja, símbolo de la sangre; blanca, símbolo de pureza, y negra, que representaba el esfuerzo. Estos colores también los utilizaban a la hora de vestirse. Los templarios guerreros nobles iban de blanco; los sargentos (de clase social más baja, encargados de las armas y los oficios), de negro, y todos llevaban una cruz roja en la capa, cerca del corazón.

Alrededor de la iglesia, y a la misma altura, encontramos 7 cruces grabadas en la piedra, seguramente para consagrar el espacio. El 7 era un número simbólico para los templarios.

El castillo de Miravet a finales del s. XIII fue la sede del maestre provincial. No era una elección al azar. Dicho castillo era una fortaleza inexpugnable y, al estar cerca del río, les permitía estar en contacto con el norte (Aragón) y el sur (Tortosa), a la vez que estaba a la misma distancia de las encomiendas del Rosellón, Aragón, Valencia y Cataluña. En 1307, Jaime II dio orden de arrestar a todos los templarios en Cataluña y de confiscar todas sus posesiones. Poco a poco fueron cayendo todas las fortalezas, hasta que llegaron a Miravet, donde se encontraron con que los templarios se habían hecho fuertes en el castillo, y hubo un asedio que duró un año. A mitades de diciembre de 1308, los últimos templarios entregan el castillo y a ellos mismos a los oficiales reales, lo que significó el fin de la Orden del Temple y la caída de una de las casas más importantes de la Corona Catalano-Aragonesa.

Cuenta la leyenda que cada 28 de diciembre, a las doce de la noche, sale el fantasma del maestre de los caballeros y que, mientras recorre la fortaleza, convoca al resto de caballeros para continuar conquistando y, al no encontrar a nadie, vuelve decepcionado a su tumba hasta el año siguiente. Y así cada año.

CENTRO INTERPRETACION ORDEN DEL TEMPLE GARDENYDespués de visitar este gran bastión, sigo rumbo norte junto al Ebro hasta Flix, donde lo abandonaré dirigiéndome hacia Lleida para ver el próximo castillo templario, el de Gardeny.

Al igual que todos está situado en la parte más alta de la ciudad, subimos y nos llevamos un chasco, ya que está cerrado y solo se puede visitar sábados y festivos. Así que nos conformamos con verlo desde fuera e imaginarnos cómo se viviría allí hace muchos años.

El castillo de Gardeny es un conjunto monumental situado sobre la colina del mismo nombre, uno de los dos cerros de la ciudad de Lleida.

La importancia de Gardeny respecto a otros conjuntos monumentales catalanes no se limita solo al hecho de que hoy constituye una muestra importante de la arquitectura catalana de los siglos XII y XIII (con elementos singulares como la torre donjon o la iglesia), sino que también hay que tener en cuenta el hecho de que durante este mismo periodo constituyó uno de los principales centros de decisión de la milicia del Temple en la Corona de Aragón.

En el proyecto de conquista de Tortosa (1148) y Lleida (1149) participó un ejército cruzado con tropas de cruzados ingleses, francos y holandeses, así como la milicia templaria.

Entre 1156 y 1204, se mencionan un número total de 93 caballeros. Gardeny se convirtió pronto en un verdadero santuario templario, al estilo de El Masdéu, en Provenza, cerca de Perpiñán.

Después de descansar un rato y hacer unas cuantas fotos, tomamos rumbo a Monzón, nuestro último destino de hoy.

En poco más de una hora y sin ninguna prisa estamos entrando a la ciudad, y sin parar nos vamos en busca de la Fortaleza, una vez allí me dicen que hasta las cuatro y media no la abren.

Así que tomamos una pista que rodea el castillo para explorar un poco antes de comenzar la visita. Se ve que fue también un sitio donde en la Guerra Civil hubo bastante ajetreo, pues hay bunkers y cañoneras por donde estoy paseando con Flavia.

El Cid pasó por esta fortaleza pactando con sus valíes. Entre sus célebres señores citamos a Ramiro, casado con la hija del Cid y posesor de la Tizona, que los templarios custodiarán dentro de la fortaleza. El hijo de Ramiro y Cristina fue el futuro rey de Navarra y señor de Monzón García Ramírez.

En 1143 fue entregada a los templarios, quienes transformaron la fortaleza en convento, con edificios de estilo militar cisterciense, la capilla, el refectorio y su cisterna, los dormitorios y las cárceles de la encomienda. La torre árabe, a modo de opus spicatum (siglo X) fue habilitada como mansión del comendador.

PISTEANDO POR EL CASTILLO DE MONZONEl castillo llegó a ser cabecera de una amplia encomienda con 28 poblaciones del valle del Cinca y La Litera. Jaime I fue aquí educado por los templarios (de agosto de 1214 a junio de 1217)

Berenguer de Bellvís fue el último comendador templario en el castillo de Monzón. No aceptó la bula papal de la extinción de la Orden, ni tampoco la entrega de la fortaleza a las tropas reales de Jaime II de Aragón. Tras el asedio del castillo y sin recursos para la defensa, los templarios se rindieron. Berenguer de Bellvís fue llevado preso junto a 36 de sus caballeros al castillo de Bellver.

Jaime I el Conquistador, hijo de Pedro II y María de Montpellier, nació en esta ciudad el día 12 de febrero de 1208. Tuvo una infancia desafortunada. Su madre murió en Roma cuando intentaba la anulación del matrimonio. Su padre murió en la batalla de Muret luchando contra Simón de Monfort. A los 6 años ya era huérfano de padre y madre. Tras la muerte de su padre quedó confinado en el castillo de Carcasona hasta que el papa Inocencio III ordenó que el niño fuese entregado a una embajada catalanoaragonesa. De Carcasona pasó a Narbona, y de esta ciudad a Lleida, donde en Cortes fue jurado como rey. De la ciudad del Segre se trasladó al castillo de Monzón para ser educado por los caballeros templarios.

Junto al pequeño Jaime se hallaba en la fortaleza su primo, el conde de Provenza. Juntos aprendieron de los caballeros templarios el arte de la guerra y las letras. A la edad de nueve años, don Jaime salió del castillo con una pequeña escolta y se dirigió a Berbegal (Huesca) para terminar en Zaragoza. Había que poner orden en su turbulento reino. En 1232 volvió a reunir cortes en Monzón para realizar los preparativos para la conquista del reino musulmán de Valencia. Don Jaime tuvo siempre presente el aprendizaje templario.

Después de visitar el castillo durante casi dos horas me dirijo hacia la ciudad para coger el hotel y poder descansar. Ha sido un día muy largo: además de los más de 400 kilómetros, hemos visitados varias fortalezas templarias, así que a dormir y mañana más…

Amanece en el segundo día de ruta y parece que va a ser muy bueno.

Nos despedimos de Monzón y siguiendo el curso del río Cinca nos vamos en busca de Chalamera. Poco antes de llegar al pueblo nos encontramos con el único vestigio templario que queda de su paso por esta localidad, la Ermita de Santa María de Chalamera. Subimos con Flavia una pequeña pero empinada cuesta y ahí está, como si estuviera observando el paso del río a través del valle y esperando nuestra llegada. Las vistas de la cuenca y la tranquilidad de la zona nos invitan a parar la moto y pasear alrededor de la solemne construcción.

Después de recrearnos un buen rato con el fantástico paisaje que nos brindan las primeras horas de la soleada mañana nos vamos dirección Chalamera; acercándonos al pueblo vemos la montaña que domina la población, donde un día estuvo el castillo -ahora no quedan restos de él-.

Establecidos los templarios en Chalamera reedificaron el castillo visigodo que fue cabecera de su encomienda paralela a la de Monzón.

ERMITA DE SANTA MARIA DE CHALAMERA 2Los templarios resistieron tenazmente en su castillo el vergonzoso sitio a que fueron sometidos tras las calumnias perpetradas por Felipe el Hermoso, rey de Francia y el Papa Clemente V.

Apresados los monjes del de Monzón, solamente quedó Chalamera como último castillo templario, por eso, fue destruido por completo y solo queda, como recuerdo, el monte sobre el que estaba construido.

No me puedo ir de aquí sin ver el río Cinca de cerca, así que hacemos un trozo de pista para acercarnos a él y descansar un poco antes de seguir hacia Alcañiz, nuestro próximo destino.

Atravesaremos Monegros y el embalse de Mequinenza por Caspe y cuando queremos darnos cuenta, ya estamos subiendo al Parador de Alcañiz, donde se encuentra su castillo. Las vistas de toda la ciudad desde el alto, atravesada por el río Guadalupe, son impresionantes.

Hay pinturas murales templarias en la sala capitular del castillo que fue de los calatravos, que la recibieron en 1179 de manos de Alfonso II. En dichas pinturas se ven templarios en la conquista de Valencia.

Seguimos viaje y atravesamos Calanda, haciendo parada en su pantano para comernos un buen bocata de chorizo que nos hará reponer fuerzas para continuar.

Nuestro siguiente destino será Castellote, una de las principales puertas del Maestrazgo, al que no tardamos en llegar. Este pueblo está íntimamente ligado a la Orden del Temple, su castillo enriscado desde el cual se domina la población y un torreón templario reconvertido en centro de interpretación así lo manifiestan.

Aparcamos la moto frente a la torre y nos damos un buen paseo por sus empinadas y empedradas calles.

El castillo, emplazado sobre el soberbio escarpe que domina la población, fue ordenado construir por Alfonso II, sobre una fortaleza reconquistada a los musulmanes por Alfonso I.

Alfonso II encomendó su defensa a los Templarios. Toda la obra parece responder a la época templaria del siglo XIII y es un ejemplo de los castillos levantados por órdenes militares

Aquí resistieron ante las tropas del rey durante un año tras el prendimiento de los templarios en 1308.

Seguimos ruta, atravesando el pantano de Santolea, característico por su bonito color azul turquesa, cuyo territorio fue también fue Templario, aunque ahora se encuentre oculto bajo las aguas.

En breve estaremos ante las puertas del amurallado pueblo de Mirambel, donde entraremos con Flavia por sus estrechas calles y aparcaremos al lado de la iglesia para poder reposar un poco, igual que lo hizo Jaime I de Aragón antes de iniciar la conquista de Morella, primera población conquistada del Reino de Valencia.

OTRA CONQUISTA MIRAMBELMirambel fue conquistada a los musulmanes por Alfonso II en 1169 y posteriormente entregada a la orden militar del Santo Redentor, pasando posteriormente a poder del Temple.

Fue un lugar donde ya en el Medievo los caballeros templarios dejaron su huella, marca indeleble de un territorio que fuera frontera en tiempos de la Reconquista cristiana con el reino de Valencia.

Alfonso II en 1157 le concedió Fuero Libre. El pueblo contó desde 1234, gracias al maestre de la Orden del Temple con la Carta Puebla.

Visto el pueblo emprendemos ahora la marcha hacia Cantavieja, a la que nos acercamos por una zigzagueante carretera que nos irá guiando hacia el peñasco donde se asienta desde hace siglos. La leyenda dice que su castillo lo construyó Aníbal, quien le llamó “Cartago Vetus” Una vez allí dejaremos a Flavia en la plaza y nos dispondremos a recorrerla.

Tras la conquista de estas zonas a los musulmanes, Cantavieja va a ser la cabeza de la Encomienda de la Orden del Temple, además de ejercer como cabeza de las bailías hospitalarias de Aliaga y Castellote.

El 29 de noviembre de 1212 Pedro II de Aragón la entregó a la Orden del Temple y en abril de 1225 el maestre del Temple otorgó Carta de Población a los habitantes de la población. En su castillo establecieron su habitat los templarios, de los que dependieron las propiedades que tenían en La Iglesuela, Villarluengo y Mirambel, que antes pertenecieron a la encomienda de Castellote.

Próximo destino, La Iglesuela del Cid, que como bien dice su nombre, nos anuncia un pasado estrechamente ligado al del Cid Campeador. Entramos en el pueblo por sus calles que conforman un complejo entramado que recorre un pasado repleto de historia que alcanzó su máximo esplendor en la época romana, de la que se conservan restos arqueológicos a las afueras.

Rodrigo Díaz de Vivar se refugió en esta localidad camino de Valencia y la fortificó. En el siglo XII, la villa se encomienda a los templarios para formar parte de la que fue la Baylía de Cantavieja. La Torre de los nublos es parte superviviente del castillo que construyeron aquí los templarios en el siglo XIII o comienzos del XIV. En concreto es la Torre del Homenaje, que está construida con mampostería y sillería y esta rematada con almenas.

Aquí termina otra dura pero bonita jornada y nos toca descansar en alguna posada del lugar, que tenga establo para mi cansada Flavia y una buena cama para este maltrecho caballero…

Empieza otro nuevo día, y tenemos intención de recorrer las poblaciones más cercanas a Teruel, así que por Allepuz y Cedrillas, tomamos rumbo a nuestro primer destino, Alfambra, donde su castillo terminó convirtiéndose en convento.

Ya en el pueblo, atravesamos algunas calles para acercarnos lo máximo posible a lo más alto y cuando no podemos más, nos bajamos de la moto para contemplar el estupendo paisaje.

Fue propiedad de la Orden de Montgaudí (Orden de Monfragüe) que tuvo allí un Lignum Crucis traído desde Tierra Santa (reliquia que se refiere al madero supuestamente utilizado por los romanos para crucificar a Jesús) siendo su sede aragonesa. Al anexionarse esta orden al Temple, pasó a ser templaria en el año de la fusión, en 1196. Pasó a ser sanjuanista en 1317.

Continuamos dirección a la capital turolense y la atravesamos en busca de una masía que fue templaria, en la población de Villastar, pero antes me desvío para recorrer la rambla de Barrachina, ya que me han contado que sus montañas son como las del Gran Cañón, y sí, doy fe de ello, no sin antes perderme un poco en busca de ellas.

Retomo el rumbo y después de preguntar a un par de lugareños por la Masía de la Torre, que así la llaman, la localizo, cerca de la población de Villastar.

El Temple construyó su torre fortificada. El resto de lo que fue el recinto fortificado ya no existe. Fue de Montgaudí desde 1181.

Unas fotos ante ella y sigo rumbo hacia Villiel, donde queda parte de un castillo templario que fue entregado a los caballeros por el rey Alfonso II

Encomienda templaria, con castillo que antes fue de Montgaudí. Beltrán Navarro sería el primer comendador de la orden, resistiendo hasta el año 1308.

Queda en pie la torre del homenaje.

PENASCO Y CASTILLO EN RUINAS DE LIBROSDespués de ver la torre me voy en busca del castillo de Libros, que del cual solo queda algún maltrecho muro encima de un abrupto cerro y poco más.

Perteneció a la Orden de Mongragüe desde 1187 y al Temple desde 1196.

Según cuenta la historia, en el mes de junio de 1308, Frey Pedro Rovira, caballero templario en la Corona de Aragón, llevaba medio año refugiado tras los muros del castillo que la orden posee en Libros, a orillas del río Turia, en la provincia de Teruel, resistiendo a las tropas reales con un puñado de seglares. No es difícil imaginar la soledad y el desánimo que embargan el corazón del templario.

Nos desviamos un poco de la ruta para intentar localizar una pedanía de Villiel, donde los templarios construyeron su fortaleza en lo alto de unos riscos, de ese castillo sólo quedan los restos, se trata de Tramacastell. La carretera no es muy buena pero seguro que valdrá la pena ir a verla.

La primera noticia escrita que se tiene de la villa de Tramacastiel nos la proporciona un documento del rey de Aragón, Alfonso II, expedido en Calatayud en Diciembre de 1187, y que se encuentra depositado en el Archivo de la Corona de Aragón en Barcelona. Dicho documento dice que el Rey dona a la Orden de Montegaudio, de Alfambra, el castillo y la villa de Villel con todos sus términos, pertenencias y todas sus aldeas: Tramacastiel, Cuevas de Eva (Riodeva), Villastar, Cascante, Valacloche y Libros.

En el siglo XIV, al desaparecer la Orden de los Templarios, pasaron a depender de la Orden de San Juan de Jerusalén, pero la villa de Tramacastiel debió desligarse y no perteneció a esa Orden, pues se sabe que hacia el año 1200, Gil Ruiz de Castelblanque, valenciano del Rincón de Ademuz, poseyó un extenso señorío pegado al estado de Albarracín siendo señor de Tormón, El Cuervo, Tramacastiel, Cascante del rio, Valacloche, Sot y Chera.

Descansamos un rato contemplando la iglesia en la aldea y los restos de la fortaleza y cogemos rumbo Castellón, para visitar el último pueblo templario de hoy antes de terminar la jornada, Albentosa.

Nos bajamos por carreterillas casi desérticas, pasando por Riodeva y Camarena de la Sierra, a los pies de Javalambre donde cogeremos la antigua y solitaria nacional hasta dar con Albentosa. Una vez allí lo tenemos claro, emprendemos la empinada cuesta que nos llevará hacia donde estaba el castillo templario, hoy cementerio municipal.

Desde 1203 los templarios poseyeron el castillo al lado del río Albentosa. En 1182 el rey Alfonso II le entregó al Temple iglesias y diezmos, pero no el castillo. En 1251 los templarios se lo cambiaron a Jimeno Pérez de Arenós por las alquerías de Massarrojos y Benifaraig (Valencia).

Se nos está acabando el día, y hoy duermo en casa, ya que tengo una muy cerca del lugar y no me lo pensaré dos veces, también ha sido un día duro y con mucho frio, una buena ducha con agua muy caliente me ayudara a relajarme y descansar.

Amanece el último día de ruta y también parece que va a hacer frío, así que con las primeras luces atravesaremos la Sierra de Espadán y desde lo alto contemplaremos un espectacular amanecer sobre el mar.

Nuestro primer destino tarda en llegar sobre una hora, Adzaneta, pueblo del interior de Castellón y cruce de varios caminos.

Pedro II de Aragón, el católico, prometió a los Templarios el 5 de noviembre de 1210 que cuando conquistaran estas tierras a los moros, les entregaría el Castillo de Culla y las llamadas Alquerías de Adzaneta.

Fue conquistada por el rey Jaime I de Aragón, quien la dio a sus caballeros como premio a los méritos contraídos en campaña. Así, la villa de Adzaneta fue entregada en feudo a dos nobles guerreros de Perpiñán, que acompañaron a Jaime a la conquista de Valencia y realizada ésta, uno de ellos recibió institución del señorío. En un documento de notable antigüedad se lee que con ocasión de la conquista, tres generosos guerreros y hermanos de la ciudad de Perpiñán, vinieron a este Reino y se avecindaron en las tres villas de Orden del Temple: Ares del Maestre, Benasal y Adzaneta; los Bertranes de Adzaneta merecieron, por sus mayores servicios, el premio y donación de posesiones en esta Villa.

Visitamos una torre, la iglesia y parte del muro que rodeaba la ciudad, repostamos y nos vamos en busca del pueblo más enigmático y mágico para mí de esta ruta.

Subimos un puerto, hace mucho aire y además es helado, en un rato estamos contemplando a lo lejos y encima de un risco el pueblo y castillo de Culla, el único comprado por los templarios.

El 27 de marzo de 1303, las tierras del Señorío de Culla (actuales términos municipales de Culla, Benassal, Atzeneta del Maestrat, Vistabella del Maestrat, La Torre d’En Besora, Benafigos y Vilar de Canes) pasaron a control templario. En el documento original, que aún se conserva en el Archivo Municipal, se pueden contemplar las firmas de Guillem d´Anglesola (antiguo Señor) y de Arnald de Banyuls (Comendador templario en Peñíscola) , el cual firmó en nombre del último Gran Maestre de la Orden, Jaques de Molay. Los templarios desembolsaron 500.000 sueldos valencianos en la compra de Culla, que curiosamente fue la última y más cara adquisición de la Orden del Temple en la Corona de Aragón antes de su controvertida desaparición el 1314.

¿A qué se debía el interés de los templarios por Culla? ¿Por qué la deseaban con tanto empeño? ¿A qué se deben 100 años de paciente aguardo?

Muchas son las preguntas que nos surgen al pensar qué motivo pudo llevar a los Templarios a desear con tanto ahínco la posesión de Culla, sabiendo que fue la orden más poderosa y rica de Occidente. Hay publicaciones que nos hablan de la práctica de la ciencia alquímica, por las fuerzas telúricas, que parece ser confluyen en Culla.

También se habla de terreno de evasión para instalar a los numerosos colectivos de cátaros, que desde mediados del siglo XIII, bajaban en maltrechas condiciones desde Occitania. Se establecieron por todo este territorio dedicándose a la comercialización de la lana. Tal vez su interés estaba justificado en la bondad de las aguas termales de la vecina población de Benassal. Aunque si por algo era importante la posesión de Culla era porque constituía la frontera entre Aragón y Valencia, un punto ideal para la expansión del Cristianismo.

Ya en lo alto del castillo, contemplamos un paisaje espectacular, seguro que en días claros, se puede ver hasta el mar.

Las calles adoquinadas y las casas de piedra me transportan a otra época. Pero en fin, tenemos que seguir y nos vamos en busca de la vecina población templaria de Benasal, donde nos encontraremos con su antiguo Castillo de la Mola y varias torres que rodean la ciudad.

En 1213, el rey Pedro II de Aragón, que ya había reconquistado la zona, otorgó a la Orden del Temple el castillo de Culla con todas sus posesiones, incluida Benasal (población que en el documento de donación se cita como Avinaçal). Más tarde Jaime I de Aragón, en 1226, otorga al señor feudal Blasco de Alagón todas las tierras que lograra conquistar a los árabes.

La conquista comenzó el año 1232, en que don Blasco tomó Morella. Dos años más tarde ocuparon Culla con todas sus pertenencias, entre ellas Benasal.

En 1303 los herederos de Blasco de Alagón vendieron las posesiones a Berenguer de Cardona, Maestre del Temple, creándose la Comanda de Benasal.

Tras la desaparición de los Templarios y creada la Orden de Montesa se incorpora a ella en 1319. En el primer capítulo general de la Orden celebrado en San Mateo es erigida en cabeza de la Encomienda de su nombre, separándose de la jurisdicción de Culla y dándose pie a la fortificación adecuada de la villa.

LLEGANDO A ARES DEL MAESTRAT, 1300 METROSSeguimos ahora hacia Ares del Maestrat, para ello deberemos subir un puerto de más de 1.300 metros por una revirada carretera pero en muy buenas condiciones; una vez arriba, nos desviaremos a la derecha para subir un poco más siguiendo la carretera que terminará en el pueblo. Vamos en busca de su Ayuntamiento, que anteriormente fue la antigua Lonja, donde en su sala capitular parece ser que se reunían los templarios.

El rey Jaime I la reconquista definitivamente en 1232. En 1234 pasa a manos de la Orden del Temple siendo cabeza de una de sus encomiendas. Al ser disuelto el Temple, por decisión papal, pasó a pertenecer a la Orden de Montesa, su sucesora en el Reino de Valencia.

Luego nos acercamos con Flavia a los pies de la mole donde se posa castillo, las vistas son de vértigo y te hace pensar lo difícil que lo tendrían las tropas invasoras para poder hacerse con esta población.

Hace mucho frío y las manos casi no me responden, nos metemos los guantes y nos apresuramos a bajar el puerto volviendo sobre nuestros pasos para visitar Albocacer, donde su castillo, hoy ayuntamiento, fue habitado por los templarios desde mediados a finales del siglo XIII

La población nació alrededor de un castillo que los Templarios construyeron en 1294, para más tarde pasar a manos de la Orden de Montesa, y ya en 1930 fue lamentablemente derribado por decisión de su ayuntamiento.

Aprovechamos para visitar en esta misma población la Ermita de San Pao, donde según algunos autores, los templarios dispusieron de hospital y hospedería. De hecho, muchos años después de desaparecer la orden del temple, siguió desempeñando esa función.

Terminada la visita tomamos rumbo hacia la costa, para visitar el último castillo templario de hoy y de la ruta en sí, el castillo de Chisvert, en Alcalá de Chisvert.

Después de pasar por las Cuevas de Vinromá, cogeremos la estrecha carretera que nos llevara hasta la población, donde una empinada pista nos conducirá al castillo que está emplazado en un alto de la Sierra de Irta, en un enclave desde el cual se domina el llano y el mar.

En el año 1234, después de varias y confusas donaciones por parte de los monarcas cristianos a sus seguidores, cuando Xivert estaba todavía bajo el dominio musulmán, pasó el castillo y el poblado, por un pacto de rendición pacífica, a manos de la Orden del Temple.

El escudo de la Villa consta de un solo castillo almenado, a la derecha hay un cáliz con la Hostia y a la izquierda, una estrella de ocho puntas y encima de los tres símbolos, sendas cruces de aspas iguales. La Hostia sobre el cáliz denota que esta fortaleza era inexpugnable para los enemigos de la fe cristiana. Perteneciente a la villa de la corona de Aragón, Cataluña y Valencia, pusieron la estrella que simboliza el brillo , luz, sabiduría y elevación de miras. Así mismo la estrella de ocho punta puede simbolizar, el sello Templario de la cruz ochavada o cruz de las ocho beatitudes. Las cruces pertenecen igualmente a la Orden del Temple, ya que parece ser que fueron estos caballeros los que dieron a esta villa su escudo de armas.

Ruta de los TemplariosBueno, hasta aquí mi ruta Templaria, han sido muchos kilómetros visitando infinidad de castillos y poblaciones que en su día fueron posesión de los Caballeros Templarios.

Además de la ruta en sí, han sido muchas horas de buscar datos por internet y por varias bibliografías que hablaban sobre el tema y que me han ayudado mucho a planear la ruta que ahora os estoy contando, intentando no extenderme mucho en lo que aconteció en el antiguo Reino de Aragón entre los siglos XI y XIII.

Agradecer desde aquí el interés que habéis tenido en la ruta y esperando que hayáis disfrutado tanto como yo de todo lo que envolvía a estos misteriosos y enigmáticos guerreros. También agradecer desde aquí a Repuestos Freval su interés, apoyo y patrocinio en esta nueva andadura.

Saludos a todos y hasta la próxima.

Para Motoviajeros, texto y fotos:
Salvador Ferrando (”Salva GS”)

 

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Quique Arenas

Director de Motoviajeros, durante más de 25 años, en sus viajes por España, Europa y Sudamérica acumula miles de kilómetros e infinidad de vivencias en moto. Primer socio de honor de la Asociación Española de Mototurismo (AEMOTUR), embajador de Ruralka on Road y autor del libro 'Amazigh, en moto hasta el desierto' (Ed. Celya, 2016) // Ver libro

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