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India y Nepal en Royal Enfield India y Nepal en Royal Enfield
Tengo que recorrer 430 kilómetros hasta Butwal, se van a hacer muy largos si la bruma no se disipa. Sin embargo, después de unas... India y Nepal en Royal Enfield

Pokhara desde lo alto

Tengo que recorrer 430 kilómetros hasta Butwal, se van a hacer muy largos si la bruma no se disipa. Sin embargo, después de unas 4 horas, cuando el sol marca el mediodía, ya no queda resto de aquella espesura, así que aprovecho para detenerme a beber chai y calentarme con los rayos de sol. El día ha cambiado radicalmente, el cielo despejado por completo hace que las condiciones sean buenas para viajar, la ruta está casi desierta y la temperatura es agradable.

Llego a Butwal, una ciudad gris con mucho movimiento, situada a 30 kilómetros al norte del paso fronterizo de Sanauli, y cercana a Lumbini, lugar de nacimiento de Buda. Tanto viniendo del oeste como del sur, Butwal es paso obligado a Pokhara, de ahí su gran actividad, además de por su cercanía a la frontera.

El regateo no entiende de fronteras y esta ciudad no lo pone nada fácil. La disputa por el precio de la habitación suele prolongarse, las horas de viaje me doblegan y ya sólo puedo ceder. El hostal está sobre la carretera que lleva hasta Pokhara, lo que supone que no tendré complicaciones cuando tenga que salir de ciudad. Trato de averiguar dónde puedo conseguir gasolina; hasta aquí llegue con lo que tenía de India, pero a partir de ahora necesitaré comprar, y en las gasolineras por las que paso sólo hay desolación y tierra que empieza acumularse.

En mi búsqueda del carburante cruzo algunos puestos de comida ubicados sobre las aceras. La gente acostumbra a comer en estos lugares, yo también lo haré, pero primero debo asegurarme la gasolina. Voy preguntando hasta dar con un farmacéutico que me vende 5 litros al doble de su precio real. Aún así, su valor sigue siendo razonable, a medida que me adentre más hacia la montaña el precio será de 3 a 4 veces más caro. Vuelvo al hostal a guardar el preciado líquido y regreso a los puestos de comida sobre las aceras, hay mucho movimiento, gente que llega y que se va constantemente, niños que se pasean con sus manos extendidas intentando llevarse algo de comida a la boca, algunos no llegan a los diez años y en su incansable búsqueda algunas personas los apartan como si se tratasen de un desperdicio. La indiferencia es tan mala como el hambre. El silbido de las ollas a presión pone sonido a la oscura noche sin luna de Butwal. Desde mi rincón puedo oír cómo ese sonido se agudiza cuando la leche empieza a hervir en su interior, me acerco y bebo el mejor capuchino que he probado nunca. Repito la ronda mientras el lugar empieza a vaciarse. La ciudad ha bajado su intensidad y ya no queda casi nadie a mi alrededor, me marcho.

Entre los paisaje himalayos

Tomo la Sidharta Hightway saliendo por el norte de la ciudad. Esta autopista tiene muchos tramos en obras y otros bastantes rotos, pero la Bohemia no ha nacido para ser endeble. A golpe de acelerador y haciendo gala de equilibro esquivo todo obstáculo en el camino, apenas tengo tiempo de levantar la vista para disfrutar del paisaje de imponentes montañas con intensos verdes.

Voy controlando que el bidón con gasolina siga amarrado a la moto, en India ya perdí unos litros de aceite a causa de los baches. Si bien el aceite es importante, la gasolina es fundamental. En una de estas muchas veces que me giro, el bidón ya no está. ¡No puede ser¡ Me costó mucho conseguir esos pocos litros de gasolina y desaparecen con un bache, una piedra o lo que sea…La cuestión era que ya no están y de nada sirve desandar el camino, sería una pérdida de tiempo.

A mi paso por el poblado de Tamse me detengo a beber un chai, tengo las manos heladas y debo conseguir gasolina otra vez. Mientras bebo el té y recupero el calor pregunto al hombre que regenta el cuchitril si sabe dónde puedo conseguir algo de petróleo. Me responde con una voz quebrada “500 por litro”

– “¡500 rupias!!!” – Exclamo.

Eso es demasiado por litro, más del doble de cuando la compré al doble de su precio real. Intento persuadirle con la aventura de mi viaje y al parecer funciona. Al final me la deja a 300 por litro, agarro mi motín y sigo mi camino.

Pokhara me despierta curiosidad, tiene un encanto especial por el que me dejo atrapar rápidamente. La entrada a la ciudad es un poco ajetreada, como sucede siempre al llegar a las grandes ciudades. Sin embargo lo demás fluye rápidamente, consigo hotel nada más llegar y además me tratan amablemente; también me rebajan el precio de la habitación. Por lo que he pagado por lugares precarios, tengo ahora una habitación confortable, limpia y con agua caliente, con galería y vistas al lago desde el primer piso. Compro unos litros de cervezas en la recepción y vuelvo a sentarme bajo la galería. En ese momento caigo en la cuenta de dónde estoy, cómo he llegado hasta aquí, las veces que he imaginado este viaje, mi primer día en Chapora, los nervios por comprar la moto, los caminos, el frío… Mi mirada se pierde en el lago con todas estas sensaciones, bebo la cerveza aún con tierra en mis dientes y con la satisfacción de que el esfuerzo vale la pena. De eso se trata viajar en moto.

Los días siguientes disfruto haciendo parapente, kayac, y caminatas a la orilla del lago. Viajo hasta Beni, un pequeño pueblo a 90 km de Pokhara ubicado en la intersección de dos ríos en la región de Annapurna. Paso una noche en ese pueblo y vuelvo a la ciudad nuevamente.

El día amanece gris, como casi todos mis días en Nepal. Desayuno frente al lago a primera hora de la mañana, la inexorable bruma se confunde con el aroma del café, el cielo deja caer algunas gotas que no son suficientes para impedir que abandone la ciudad. La Bohemia tiene aún el rocío de la madrugada, junto mis cosas y arranco la moto. Dejo atrás Pokhara, la perfecta Pokhara.

Etupa de Buda, en Katmandú.

Los kilómetros parecen no pasar, todo se ralentiza, es producto de la ansiedad, sé que por la tarde estaré entrando en Katmandú. De repente un ruido hace que mi atención se desvíe de la ruta. El equipaje y una parte de la moto han caído sobre la rueda trasera impidiendo que pueda avanzar. Las vibraciones han provocado que la parrilla que soportaba el equipaje se quiebre y han desaparecido tuercas, tornillos y todo lo que hizo de ella una estructura sólida. Mi llegada a Katmandú se enturbia por momentos, me detengo a un costado, miro a los lados y veo un pequeño taller, llego como puedo hasta él. Los esfuerzos del mecánico por encontrar una solución eclipsan las carencias de su cuchitril. Después de una hora puedo retomar la marcha, pero disminuyo la velocidad, debo evitar que vuelva a pasar lo mismo, a esta altura del viaje la Bohemia parece más deshacerse que mantenerse entera mientras que el frío, que arrecia, me obliga a parar para calentar mis dedos doloridos, así voy recorriendo los kilómetros que me faltaban hasta llegar a la capital nepalí.

Estoy eufórico al empezar a adentrarme en la cuidad, espero algún cartel que me dé la bienvenida, es así como lo he imaginado. Pero dicho cartel no aparece y a cambio de eso me recibe un caos vehicular y una ciudad con mucha intensidad y una marcada identidad. Estoy perdido dando vueltas algunas horas hasta llegar al barrio de Thamel, la zona más turística, donde se encuentra la mayoría de alojamientos. Me alojé en un hostal casi vacío con apenas agua caliente. Thamel tiene una ubicación céntrica, es un barrio comercial de callejuelas con mucha actividad, con todo tipo de tiendas y restaurantes, además muy cerca de la famosa Durbar Square.

Katmandú es una ciudad de alrededor de un millón y medio de habitantes, con gran cantidad de templos hinduistas y budistas, es fácil perderse por sus calles, pero es la mejor manera de vivirla y conocerla.

Uno de los lugares más visitados es la plaza Durbar, y el Palacio Real que también se encuentra en el mismo lugar. El terremoto que sacudió a la ciudad en 2015 redujo muchas de estas espectaculares construcciones a escombros. Más al sur se encuentra la ciudad de Patan, también conocida con el nombre de Lalitpur, fundada en el siglo III a.C., lo que la convierte en una de las ciudades budistas más antiguas del mundo.

La Durbar Square de Patan muestra mejor aspecto y recorrerla es imprescindible para quienes visiten esta ciudad. Cerca de allí también se encuentra el Hiranya Varna Mahabihar, o “Templo Dorado”, también de visita obligada.

Otro lugar importante en el valle de Katmandú es la “Stupa” de Buda, ubicada a 11 km del centro de la ciudad y una de las más grandes del mundo.

Preparativo para cremación en Pashupatinhat

El lugar que más me gustó e impactó fue el Templo Hinduista de Pashupatinhat, dedicado al culto de Shiva. En el Templo, ubicado a orillas del río Bagmati, se realiza la incineración de cadáveres. El penetrante olor acompaña la naturalidad de la ceremonia, mientras el fuego y el humo no cesan. Este templo es considerado el más antiguo de Katmandú y solo quienes son hinduistas tienen acceso completo a él. En un rincón hay un pequeño “ashrams” donde los turistas se mezclan con los “sadhus” entre el humo de la hierba que perfuma el ambiente y el sonido de los mantras, en un lugar que no deja indiferente a nadie.

Empiezo a sentirme mal y cada vez se me hace más difícil sobrellevar el malestar. La acumulación de días viajando con intenso frío en jornadas que empiezan por la mañana, temprano y suelen terminar por la tarde, mas los últimos días sin darme una ducha de agua caliente por los cortes de electricidad me han causado un decadente estado de salud incapaz de soportar ni el duro invierno nepalí ni la humedad que me había calado hasta los huesos.

En mi último día en la ciudad visito el “Monkey Temple”. Llegar no es fácil: además del trayecto, hay que subir 365 escalones para coronarlo. Pero merece la pena, el lugar ofrece vistas de toda la ciudad que reditúan el esfuerzo. Ya es hora de irse de Katmandú, me siento feliz por haber podido llegar hasta aquí en moto, es lo que había planeado y he podido hacerlo.

Pero todavía me queda viaje y mi próximo destino es el parque nacional de Chitwan. Son 150 km al suroeste, hasta llegar a la ciudad de Barathpur y luego hay que adentrarse hasta Sauraha.

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Quique Arenas

Director de Motoviajeros, durante más de 25 años, en sus viajes por España, Europa y Sudamérica acumula miles de kilómetros e infinidad de vivencias en moto. Primer socio de honor de la Asociación Española de Mototurismo (AEMOTUR), embajador de Ruralka on Road y The Silent Route. Autor del libro 'Amazigh, en moto hasta el desierto' (Ed. Celya, 2016) // Ver libro

  • Rodrigo

    13 febrero, 2023 #1 Author

    Hola!! Estoy planeando un viaje por el sur de la India y con la intención de comprar una moto…Royal o Honda alguien tiene informacion o tips para llevar a cabo esta primer aventura que es comprar la moto para viajar muchos kilometros? Espero el milagro de recibir una respuesta gente ya que esta info se me hace dificil por donde vivo.
    Saludos!!

    Responder

    • Ivan

      17 marzo, 2024 #2 Author

      Hola, también estoy interesado en la compra de una moto en india. Conseguiste alguna informacion? Cuesta encontrar algo… Gracias de antemano 🙂

      Responder

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