MOTOVIAJEROS.ES
India y Nepal en Royal Enfield India y Nepal en Royal Enfield
La India es increíble, su diversidad es prodigiosa, puedo comprobarlo a medida que voy descubriendo la magia de este país del Sudeste asiático. Empecé... India y Nepal en Royal Enfield

Río Ganges a su paso por Rishikesh

La India es increíble, su diversidad es prodigiosa, puedo comprobarlo a medida que voy descubriendo la magia de este país del Sudeste asiático. Empecé en las playas de Goa, atravesé llanuras, llegué hasta el desierto y ahora estoy entre sus montañas, su gente también va cambiando con el paisaje, es imposible no quedar fascinado con este país.

Son los primeros días de enero en Rishikesh, mi cuerpo flota en el Ganges arrastrado por la corriente, el sol golpea en mi cara y el viento me sopla al oído que hay que recoger el equipaje.

En mi cabeza ronda la cercanía con Nepal, mi entusiasmo crece y la incertidumbre también. Algunos dicen que la frontera a la que voy está cerrada, aún así ya vería, pero para eso faltan dos días de viaje hasta Banbasa, último poblado en la frontera más occidental indo-nepalí. Tal vez consiga información más concreta cerca de ella.

Los paisajes himalayos del estado de Uttarakhand son realmente espectaculares y conducir entre ellos puede ser divertido y peligroso a la vez. De camino a Bageshwar por la angosta N23 se abre paso un río entre las montañas, formando precipicios vertiginosos: las aldeas que quedan a ambos lados del caudal se conectan por largos puentes. Uno de ellos distrae mi atención dos segundos, suficientes para salirme de la ruta, por el lado de la montaña: sólo puedo aferrarme fuerte al manillar, cualquier otra cosa que intente me llevaría seguro al suelo… impacto contra una gran roca, la moto se separa del suelo y en esa fracción de segundo pienso que el viaje ha terminado. Sigo aferrado al manillar con fuerza hasta que ambas ruedas vuelven al suelo nuevamente, todo pasa muy rápido. Recupero el control de la moto después de unos metros. Cuando me detengo, me tiembla todo el cuerpo. Giro mi cabeza, el equipaje está disperso en medio del estrecho camino a más de 50 metros. Con calma vuelvo a colocarlo, la rueda delantera tiene un gran golpe y la horquilla se mueve y hace juego, seguirá así hasta que termine el viaje. La parrilla que soporta el equipaje se ha quebrado en varias partes, eso me traerá problemas más adelante y terminará de romperse en Nepal. No puedo creer que no me haya caído, de hacerlo las consecuencias hubiesen sido malas. Retomo la marcha con la escena dando vueltas en mi cabeza; aún estoy asustado y me reprocho la distracción. He tenido suerte.

Llego a Bageshwar después de un día largo. Salgo a calmar el hambre en un pequeño restaurante, apenas hay gente comiendo y algunos no dejan de observarme, ya me he acostumbrado a ello y al interrogatorio que vendrá cuando se acerquen hasta mi mesa, una lluvia de preguntas que he aprendido de memoria dará comienzo: Procedencia, estado civil, profesión, edad, etc. Pago la comida y regreso al hostal, es de noche y todo está cerrado, el pueblo va quedando a oscuras.

La habitación es amplia y fría, me sumerjo bajo las mantas, las imágenes de la tarde se agolpan en mi cabeza y vuelvo a repetir en voz baja mi fortuna. El sueño vencerá a los pensamientos y dará paso a una nueva mañana.

Han pasado dos días desde que dejé Rishikesh, la puerta del Himalaya, y desde entonces las montañas me regalan unos paisajes únicos, pueblos escondidos y aldeas humeantes que atravieso entre pinares, la Bohemia sigue acusando el lastre, en esta ocasión el tubo de escape se suelta en medio de una maltrecha carretera, tengo que volver y esperar a que se enfríe para poder atarlo a la moto hasta conseguir tornillos en algún sitio y volver a colocarlo.

En la periferia de Rishikesh reponiendo lastres del viaje

La carretera 309A que llega a Bageshwar luego se convierte en NH 125, la misma que me llevará hasta Banbasa. Los 250 kilómetros por esta lengua de asfalto serán el último tramo que realice antes de entrar a Nepal. Aún no sé si la frontera estará abierta, lo que sí sé con certeza es que en Nepal la gasolina escasea y a veces ni siquiera se consigue, se habla de mercado negro y de que los precios son elevados. No sé con qué me encontraré.

Antes de recorrer los 5 kilómetros que distan desde Banbasa hasta el paso fronterizo nepalí de Mahendranagar lleno el depósito de gasolina y el bidón de 5 litros que llevo extra desde que me quedé varado en aquella ruta de Maharastra.

Cruzo el largo y transitado puente en el que apenas caben dos motos para llegar hasta el puesto de inmigración indio. El agente que pide mis datos ni siquiera sabe qué día es, y yo tampoco. La última entrada que registró fue hace 3 meses según puedo leer en el acta, ni siquiera su bolígrafo funciona y le dejo uno mío para agilizar el trámite. Examina mi documentación y lanza algunas preguntas, por cumplir con el protocolo. Me ofrece cambiar dinero y luego estampa un sello en mi pasaporte.

-“Continúe”, murmura.

Un cartel en el que apenas se puede leer “Welcome to Nepal” me da la bienvenida a este pequeño país de Asia meridional. Más adelante está el control de aduana, donde debo registrar la entrada y conseguir un visado.

Futuros motoviajeros probando a “Bohemia Oxidada”

Una pequeña casa familiar que no se distingue de las demás funciona como oficina de migración, tiene un jardín delante y una pequeña y solitaria mesa debajo de una galería. Una mujer separa una pequeña flor de una planta mientras su marido me pregunta cuánto tiempo voy a permanecer en el país. Me pide el dinero del visado correspondiente a un mes de estancia y muy pacientemente, con una precisión de cirujano, pega el visado en una hoja del pasaporte y me da la bienvenida. Sonrío. Cien metros más adelante compro un seguro para poder circular. Cambio las rupias indias por nepalíes y abandono la frontera. Ya estoy en Nepal. El ambiente más relajado que en India deja entrever la poca actividad del país.

Lo primero que noto es la cantidad de bicicletas que se desplazan por la carretera, lo abarcan casi todo, y los grandes dinosaurios del asfalto aparecen con cuentagotas. Sin tantos camiones, viajar es más cómodo y seguro. Paso la primera noche en Mahendranagar, a pocos kilómetros de la frontera. A la mañana siguiente una densa niebla impide que los rayos de sol lleguen, el día es gris y frío. La visibilidad reducida y mi respiración empañando la visera del casco y mis gafas hacen que conducir sea bastante complicado, veo los otros vehículos solo cuando ya estoy cerca de ellos. De repente aparece un desvío en medio de la ruta, aprieto ambos frenos en un acto reflejo, la moto se desliza hasta unas ramas tiradas sobre el asfalto que señalan la bifurcación junto a un diminuto cartel con una pequeña flecha dibujada indicando hacía la derecha, pero ya es tarde para desviar mi trayectoria, el peso de la moto me vence y acabo levantándola del suelo entre el polvo y las ramas secas. Me reincorporo lentamente mientras mi corazón vuelve a sus pulsaciones normales.

Página siguiente

Compartir
Pagina anterior Siguiente página

Quique Arenas

Director de Motoviajeros, durante más de 25 años, en sus viajes por España, Europa y Sudamérica acumula miles de kilómetros e infinidad de vivencias en moto. Primer socio de honor de la Asociación Española de Mototurismo (AEMOTUR), embajador de Ruralka on Road y The Silent Route. Autor del libro 'Amazigh, en moto hasta el desierto' (Ed. Celya, 2016) // Ver libro

  • Rodrigo

    13 febrero, 2023 #1 Author

    Hola!! Estoy planeando un viaje por el sur de la India y con la intención de comprar una moto…Royal o Honda alguien tiene informacion o tips para llevar a cabo esta primer aventura que es comprar la moto para viajar muchos kilometros? Espero el milagro de recibir una respuesta gente ya que esta info se me hace dificil por donde vivo.
    Saludos!!

    Responder

    • Ivan

      17 marzo, 2024 #2 Author

      Hola, también estoy interesado en la compra de una moto en india. Conseguiste alguna informacion? Cuesta encontrar algo… Gracias de antemano 🙂

      Responder

Deja un comentario

CLOSE
CLOSE