Caminos de Pasión, un viaje en el tiempo Caminos de Pasión, un viaje en el tiempo
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Caminos de Pasión.

Andalucía recibe anualmente cerca de 30 millones de turistas. Y todos los focos parecen estar acaparados por destinos de playa y ciudades como Sevilla, Córdoba y Granada. Pero la comunidad autónoma más visitada por los propios españoles guarda en su seno espectaculares alternativas alejadas de la masificación, donde aún es posible sorprenderse y disfrutar de jornadas que aúnan magníficas etapas de conducción, rica gastronomía, alojamientos de ensueño, inolvidables escenarios naturales y egregios vestigios del pasado. Si hay un itinerario que escenifica y ejemplifica como pocos este tipo de propuestas, ese es Caminos de Pasión.

Aunque todo dependerá del tiempo que cada uno quiera emplear en cada parada, se trata de una ruta factible en dos o tres días, por lo que podemos programarla para un fin de semana –o aprovechando algún puente festivo, para mayor comodidad-. Merced al privilegiado clima interior de Andalucía, no es descabellado acometer nuestra escapada en cualquier época del año, aunque conviene tener presente la génesis de esta ruta cultural: en Semana Santa, las localidades se vuelcan por completo con unas tradiciones, con innumerables cofradías y hermandades dedicadas a preservar esta manifestación popular. Unas tradiciones que, en muchos casos, han transcendido más allá de su fervor y carácter religioso.

Gastronomía Caminos de Pasión.

La herencia patrimonial y cultural de las poblaciones que forman esta ruta por las provincias de Jaén, Córdoba y Sevilla es de tal envergadura, de tanta intensidad, que el visitante solo puede caer rendido ante la evidencia. Una porción de nuestra Historia condensada en 330 kilómetros, diez localidades y mil intrahistorias, perfectamente accesible por los cuatro costados a través de las principales vías de comunicación del sur peninsular: por el Oeste, la A-4 (Autovía del Sur); por el Este, la N-432 y la A-44 (Autovía Sierra Nevada-Costa Tropical); por el centro en su eje longitudinal, la A-45 (Autovía de Málaga), y finalmente la A-92, que cruza transversalmente la Ruta de un extremo a otro. Una vez dentro, todo queda cerca.

El track discurre desde la Sierra Sur de Jaén hasta la campiña de Carmona, pasando por el Parque Natural de las Sierras Subbéticas y los innumerables olivares y campos de cultivo que alfombran el ondulado mapa central andaluz. Con un viario en buen estado, son pocas las ocasiones que tenemos que preocuparnos por el pavimento, salvo en alguna incursión puntal a lugares de indudable interés, como el Yacimiento Arqueológico de Torreparedones, en Baena.

Aunque Mercurio, el dios romano de los viajeros y los comerciantes, nació en el monte Cileno y no en Benzayde, no sería raro pensar que nos acompaña durante nuestro viaje, pues en muchas ocasiones tendremos la sensación de que vamos siguiendo las huellas que los romanos fueron dejando en la Bética. Pero no serán ellos los únicos moradores, pues otras civilizaciones e imperios también sucumbieron a la riqueza de estos pagos, que desde la Prehistoria gozaron de una importancia estratégica capital, al igual que durante el medievo y la edad Moderna. El legado romano, andalusí, renacentista y barroco es sencillamente abrumador.

Caminos de Pasión.

De Este a Oeste, el viaje empieza en Alcalá la Real. Y empieza fuerte. El acceso por la A-403R1 nos brinda la primera gran imagen del viaje, y la imponente figura de la Fortaleza de la Mota se recorta sobre el horizonte como si una mano todopoderosa se hubiese encargado de abrir un telón iniciático.

Todo parece normalizarse cuando entramos en la población, pero rápidamente recuperamos ese halo poderoso y místico que envuelve a este superlativo conjunto monumental. Con la invasión islámica se levanta un recinto amurallado que hasta 1341 se denominó Qal’at Banu Said. También se desarrolla su tejido urbano, aunque buena parte de los edificios de la época califal y almohade se han perdido. El avance de la reconquista provoca nuevos órdenes territoriales, enfrentamientos y reformas que afectan al enclave, convertido durante mucho tiempo en tierra de fronteras. Durante el reinado de Alfonso XI, Alcalá la Real se transforma en la puerta de Castilla hacia Granada y entra en su fase de mayor esplendor y desarrollo (siglos XVI y XVII). La población llegó a quintuplicarse, lo que provocó el despoblamiento de la ciudad amurallada a favor de las zonas de expansión aledañas.

Caminos de Pasión.

Durante la ocupación francesa del XIX, la iglesia abacial queda desmantelada y comienza a usarse como almacén y dependencias militares; posteriormente, se instalaría el cementerio municipal. A mediados del siglo XX, el que fuese bellísimo templo renacentista que había llegado a tener el privilegio de Patronato Real había quedado reducido a escombrera. La situación de abandono era insostenible, y poco a poco se inician los trabajos para recuperar el recinto. Una red de galerías subterráneas horadan la Ciudad Oculta. Hoy en día, la proyección de una película-documental en el interior de la iglesia es una experiencia que nadie debe perderse. El audiovisual, creado y reproducido –también a nivel sonoro- de un modo impecable, nos introduce de lleno en los capítulos que jalonaron el devenir de Alcalá la Real.

La A-339 nos cambia de provincia. En apenas media hora llegamos a Priego de Córdoba, donde el rumor de sus fuentes resuena durante todo el año. Blanco y florido, bello y andaluz, trovo barroco de tafetán, saeta del pequeño ruiseñor que fue Joselito. Rodeado por una naturaleza privilegiada, en pleno corazón del Parque Natural y Geoparque de las Sierras Subbéticas, Priego de Córdoba se viste de colores primarios: azul, por sus aguas; rojo; por sus geranios; amarillo, por su aceite de oliva virgen extra, para muchos, posiblemente uno de los mejores del mundo (Denominación de Origen Protegida desde 1998). La mezcla de primarios dan como resultado nuevas tonalidades secundarias: morado, imaginería de Semana Santa; verde, naturaleza pura; naranja, soles que van y vienen sobre el Balcón del Adarve… Tiene todos los colores. Y tiene también algo que no se ve, pero se intuye. Esa dulce y apacible armonía que se te cuela en cada paso y que te hace sentir como en un retiro dorado. Un hormigueo invisible y suave que congela el tiempo. Que te invita a no marcharte de este laberinto encalado. Priego de Córdoba es manantial de luz.

Los primeros “priegenses” datan de hace 6.000 años, por lo que el interés por este asentamiento se remonta al Neolítico. Desde entonces, los distintos pobladores han ido creando una raigambre monumental, cultural y artística fastuosa. Bien lo saben los visitantes –de todo el mundo- que cada día se adentran en el Barrio de la Villa, declarado Conjunto Histórico-Artístico desde 1972. La coqueta Plaza de San Antonio perfuma el sinuoso trazado de esta antigua medina musulmana, a corta distancia de donde se situaba la alcazaba, lugar en el que se alza el castillo.

El conjunto que forma la Fuente de la Salud y la Fuente del Rey constituye uno de los parajes más emblemáticos de Priego: la Fuente de Neptuno es una alegoría mitológica y teatral bañada por estanques cristalinos; 139 caños alimentan la piedra proyectada por los escultores Remigio de Mármol y José Álvarez Cubero.

Pero hay mucho más… el muestrario de casas señoriales, el Paseo de Colombia, las iglesias de la Asunción y de San Francisco –entre otras-, las Carnicerías Reales, los museos, el Centro Micológico La Trufa, sus aldeas y rincones, la Semana Santa –¡cómo no!-… Algo nos dice que volveremos, ¡hay mucho por ver!

Toca proseguir con nuestra ruta. Bordeando el Parque Natural nos adentramos en la A-333, cuyos primeros kilómetros nos hacen pensar que estamos en latitudes más septentrionales. La carretera se retuerce entre los escarpes del terreno abriéndose paso hasta depositarnos en un horizonte lleno de olivos. Conectamos con la N-432 y alcanzamos Baena. Su larga tradición olivarera queda patente en el hecho de ser poseedora de la Denominación de Origen más antigua de España.

Caminos de Pasión.

El casco antiguo conserva parte de su fortaleza, el entramado de las calles de la almedina árabe y un notable patrimonio de arquitectura religiosa y civil. En Semana Santa, llama la atención la colorida indumentaria empleada por las cofradías, especialmente en la representación de los judíos coliblancos y colinegros.

En los últimos años ha ido cobrando especial relevancia el Parque Arqueológico de Torreparedones, donde continúan las excavaciones que han permitido sacar a la luz un poblamiento íbero y romano. Se trata de un yacimiento de excepcional relevancia, y el Ayuntamiento de Baena, consciente de ello, se ha esforzado en los últimos años para que el terreno sea recuperado e investigado como merece, dotándolo de un valor arqueológico y turístico que había estado sepultado durante centurias.

Situado en un punto privilegiado de la campiña cordobesa, desde Baena es posible llegar con la moto a través de la A-3125. De camino atravesamos parajes destacados, como la Cueva del Yeso, la única cavidad de origen hídrico en el Valle del Guadalquivir y una de las más largas de España. A 7,6 kilómetros de la cueva nos desviamos a la izquierda en el indicativo que marca el Parque Arqueológico, del que nos separan tan solo 5 kilómetros. Conviene pilotar con precaución, ya que el trayecto presenta suciedad en el pavimento a consecuencia de los vehículos agrícolas, transformándose este último tramo en una pista de gravilla y tierra prensada.

Una vez en Torreparedones, lo primero que impresiona son las figuras del pórtico norte. El macellum tiene una superficie de 380 metros cuadrados. En realidad, todo el yacimiento da la sensación de ser enorme, no solo por lo que ya se ha descubierto, sino por lo que se deduce que aún queda por desenterrar. Por el momento han aparecido elementos de un incalculable valor, como el busto en mármol blanco, a tamaño natural, del emperador Claudio divinizado. Foro, curia, termas, pórticos, muralla y un santuario iberorromano situado extramuros dan buena muestra del tesoro que se escondía en este cerro, incluyendo el mausoleo de los Pompeyos, una majestuosa tumba monumental.

De regreso a Baena ponemos rumbo a Cabra, la cordobesa. La CO-6202 es estrecha y presenta un asfalto mejorable. Son pocos kilómetros, pero conviene tenerlo en cuenta. Otra opción es tomar la A-3128 y enlazar con la llamada Autovía del Olivar (A-318), apenas 8 kilómetros después de abandonar Baena. De cualquier modo, en apenas 30 minutos ya estaremos en el pueblo cuyo gentilicio parece sacado de una pregunta del Trivial Pursuit. Los egabrenses tienen la suerte de vivir en un marco de ensueño, tanto por su valor geológico y natural como por los innumerables rincones que jalonan la que fuera destacada sede episcopal en época visigoda.

Cabra es otro de los lugares de Caminos de Pasión que desprende un encanto especial y los pensamientos se agolpan como una desiderata. Tal vez sea porque al detener nuestras motos junto a la Fuente del Río descubrimos la pureza de un manantial inagotable, rodeado de jardines ornamentales y una densa arboleda. O tal vez porque un refresco en el Círculo de la Amistad, un patio andaluz de manual, sabe a gloria bendita. O tal vez porque las visitas a la iglesia de la Asunción y Ángeles, la iglesia de Nuestra Señora de los Remedios o la de San Juan Bautista dejan boquiabierto al más pintado. En concreto, durante nuestra visita, no cabe duda de que también habrá influido la cena en el Mesón San Martín, a la que se ha sumado Rafael González, organizador de la Rider Andalucía, un evento no competitivo que suma 18 ediciones mostrando la región. Caída la noche, al partir hacia la vecina Lucena, nos damos cuenta de la enorme suerte que tenemos de vivir en un país con tantísimos atractivos para el disfrute del mototurismo.

Pero tenemos que continuar. Hemos alcanzado el ecuador de nuestro viaje y a estas alturas es fácil notar un alegre bullicio interior, señal de que las cosas van bien. La ruta de Caminos de Pasión seduce por méritos propios. Solo hace falta querer estar, formar parte de esta historia, saborear cada uno de sus episodios.

Lucena es uno de los grandes estandartes de la ruta, y las huellas de su pasado árabe, judío y cristiano son incuestionablemente visibles. De manera notable el establecimiento de la comunidad judía en la ciudad durante los siglos IX al XII. Para cuantificar la importancia de Eliossana, la “Perla de Sefarad”, nada mejor que acudir al Museo Arqueológico y Etnológico, situado en el Castillo del Moral. La historia de la ciudad se escribió también en caracteres visigodos. Y romanos. Una vez más nos adentramos en una especie de túnel espacio-temporal donde somos espectadores de excepción de todo el abanico de pueblos y culturas que lentamente forjaron la idiosincrasia de lo que somos.

El barroco lucentino se une al catálogo de manifestaciones artísticas para crear una de sus más bellas representaciones en la Parroquia San Mateo y, de manera particular, en la capilla del Sagrario. También en las iglesias de San Juan Bautista y San Martín y el Real Santuario de la Virgen de Araceli, patrona desde 1851 y cuyo día grande se celebra el primer domingo de mayo en unas fiestas declaradas de Interés Turístico Nacional. El Centro de Interpretación de la ciudad se emplaza en el Palacio de los Condes de Santa Ana, otro edificio ornamental de obligada visita.

No podemos marcharnos sin probar los dulces sefardíes y tradicionales que se elaboran en Lucena. En algunos casos, un oficio que se ha transmitido de generación en generación, conservando intactos los secretos de la repostería artesanal. José y Antonio son los propietarios de la Confitería Cañadas y garantes continuadores de una sabiduría que perdura a pesar de los nuevos sistemas de producción. De manera literal, no existe mejor modo de terminar una visita con mejor sabor de boca que echándonos al paladar unas orejas de Amán acompañadas por besitos de nuez y tangerinas. El surtido es tan amplio y apetitoso que resulta difícil elegir.

De nuevo a través de un corto desplazamiento de 30 minutos por la A-318 alcanzamos nuestro siguiente destino: Puente Genil. Para los aficionados a las toponimias curiosas, un desvío a la izquierda por la CO-761 nos indica, a 15 kilómetros, el municipio de Jauja. Sí, esto es Jauja, provincia de Córdoba. Para quienes hayan estado en Babia (León), entre Pinto y Valdemoro (Madrid) o se hayan ido por los cerros de Úbeda (Jaén), no hay más remedio que completar la cuadratura tomando la foto acreditativa. Si nos ponemos tiquismiquis, habría que desplazarse hasta el altiplano de Perú en busca de la Jauja fundada por Francisco Pizarro. De momento, con la Jauja española nos vale.

Excentricidades al margen, recuperamos la solemnidad adentrándonos de lleno en el Yacimiento Arqueológico de Fuente Álamo, una joya que durante siglos estuvo enterrada bajo un manto de vegetación y tierras de labranza. Situado a escasos 3 kilómetros del núcleo urbano, es fácilmente localizable tomando la carretera de Los Arenales, la CV-297.

Esta villa romana posee uno de los conjuntos musivarios más relevantes de la península, con mosaicos repartidos por suelos y muros de todo el complejo. En Fuente Álamo, donde no existen dudas de lo mucho que aún queda por sacar a la superficie, han aparecido tres mosaicos figurativos que son únicos en todo el Imperio Romano. Las escenas de Dionisos, el mosaico de las Tres Gracias y el Nilótico muestran el concienzudo y preciso trabajo de las teselas en unas casas que debieron pertenecer a una familia pudiente, hace casi 2.000 años.

Con cerca de 30.000 habitantes, Puente Genil se extiende a orillas del río que le nomina. Su tejido urbano encierra una interesante arquitectura industrial y señorial, junto con un buen número de ermitas, santuarios e iglesias.

Puente Genil es mundialmente reconocida por el dulce de membrillo. La industria membrillera ha dado prosperidad a los pontaneses desde que a mediados del siglo XIX Rafael Rivas comenzase con un ambicioso proceso de expansión de este dulce. Otro de los manjares se guarda en barricas. No en vano, la ciudad se encuadra en la Ruta del Vino Montilla-Moriles, una reconocida Denominación de Origen que integra a firmas tan afamadas como Bodegas Delgado, cuyo nacimiento se retrotrae a 1874. Las propias instalaciones son en sí mismo un acontecimiento, pues la bodega se sitúa en el corazón del casco antiguo, a lo largo de 5.000 metros cuadrados distribuidos en diversos edificios, túneles subterráneos, zonas de almacenaje… Ínclitas personalidades han estampado su firma en los particulares “libros de visitas” de madera que guardan tan excelsos caldos. Como el periodista Luis del Olmo o el cantaor flamenco Antonio Fernández “Fosforito”.

Continuamos nuestra singladura en dirección a Écija. La carretera por la que rodamos persigue el cauce del río Genil hasta rebasar perpendicularmente la Autovía del Sur (A-4). No son pocos quienes de camino al Gran Premio de Jerez se habrán fijado en el skyline astigitano (otro gentilicio que nos pone a prueba). La ciudad de las once torres atesora un pasado tan rico que sus orígenes se pierden en el siglo VIII a.C, en el ámbito de la civilización tartésica, aunque su mayor esplendor se alcanza en época romana, convertida en foco comercial –con la exportación del aceite de oliva a larga distancia-, cultural y religioso, también en tiempo visigodo e islámico. Posteriormente, la ciudad no hizo sino crecer, alcanzando en el siglo XVIII unas cotas de prosperidad y desarrollo que han forjado un patrimonio histórico-artístico de primer orden. Las torres barrocas identifican a las iglesias que podemos encontrar repartidas por la ciudad.

En verano hay que tener la vista puesta en el mercurio –y esta vez no en el dios romano-. Écija también es conocida por las altísimas temperaturas registradas en los meses centrales del año, por lo que al calor que desprende la moto y el que produce la ropa de protección, hay que sumarle el plus que aporta la que muchos también denominan la “Ciudad del Sol”.

Otrora tierra de bandoleros y encrucijada de caminos, hay tal cantidad de conventos, iglesias, palacios y callejuelas con encanto, que lo mejor es bajarse de la moto, cambiar el traje de cordura por ropa de calle, y recorrer sin prisas pero sí con pausas el tejido histórico que conforma una ciudad sorprendente.

De entre la interminable lista de lugares a visitar sobresale el Palacio de Benamejí, actual sede del Museo Histórico. Es allí donde descansa una pieza extraordinaria, tan solo comparable a otras tres efigies repartidas por el mundo. Hablamos de la “Amazona herida”, una escultura íntegra con restos de policromía que fue descubierta durante las excavaciones realizadas en la Plaza de España, con motivo de la construcción de un parking municipal.

Rumbo sur por la A-351. Como sacada de un tiralíneas, una recta atraviesa los 36 kilómetros que nos separan de Osuna, villa ducal donde, por cierto, se encuentra la Oficina Técnica de la Asociación para el Desarrollo Turístico de la Ruta Caminos de Pasión, creada en 2002.

Osuna, señorial y campestre, de piedras nobles y pastos mecidos por el viento, funde el mágico recogimiento de sus galanos edificios religiosos y civiles con la actividad estudiantil que aún se desarrolla entre los muros de la Universidad, construida en 1548. Tanto las pinturas del interior y su patio porticado como los agudos torreones angulares de su fachada forman un conjunto primoroso.

Paseando bajo los cielos plácidos del Paseo de San Arcadio llegamos hasta la centenaria Plaza de Toros, la Fosa de Daznak en el imaginario de la exitosa serie Juego de Tronos. La producción aterrizó por primera vez en España para grabar en Osuna el capítulo 9 de la quinta temporada, titulado Danza de dragones (“Dance with dragons”). Sobre la arena del coso ursaonense (otro gentilicio de concurso), convertido en coliseo por obra y gracia de los efectos especiales, Daenerys (Emilia Clarke) se ve envuelta en una compleja escena de combate que se resuelve con la aparición de Drogon, el dragón que pone a salvo a la reina de Meereen.

La intriga que ha despertado entre los seguidores de Juego de Tronos, que se cuentan por millones, no ha hecho más que incrementar el interés por conocer in situ las localizaciones y detalles del rodaje, y ha dado una repercusión mundial a la ciudad. Si muchas eran las razones para fijar la atención en este municipio sevillano, la fantasía ha pasado a formar parte inherente de los atractivos que encierra Osuna.

La antigua Urso también se visita desde fuera: por medio de una extensa red de senderos, es posible adentrarse en los paisajes que conforman los espacios y bienes protegidos del término municipal: caminos y cañadas que conducen a lagunas, necrópolis, dehesas, bosques…

Por dentro, no hay que perderse el Monasterio de la Encarnación y el Museo del Arte Sacro, y menos aún las entrañas de la Colegiata, joya renacentista, con sus sobrecogedoras criptas y el sepulcro de los Duques de Osuna bajo el retablo mayor.

Caminos de Pasión.

Hablando de arte. Visitamos el Taller de Cordobán Arte-2, donde Manuel Morillo trabaja a mano la piel hasta convertirla en alta decoración. Los cotizados y exclusivos trabajos de este taller cultivan unas habilidades artesanales prácticamente olvidadas, herencia de las más preciosistas técnicas árabes del tratamiento de la piel, tanto de cordobán (piel de cordero curtida de gran resistencia) como de guadamecí (donde prevalece la función estética).

Abandonamos Osuna, no a horcajadas sobre un dragón alado, sino propulsados por nuestras máquinas de 100 caballos para encarar la última parte de esta ruta, ahora ya sí podemos confirmarlo, que hace honor a su nombre. La penúltima escala de Caminos de Pasión se interpreta en clave de flamenco. Nos ponemos el mundo por montera en Utrera, donde el cante jondo y el toro conforman, junto a los campaneros, el santo y seña de una ciudad que cada 8 de septiembre rinde culto a la Virgen de Consolación, patrona y alcaldesa perpetua, cuya romería consta como la más antigua de España.

Caminos de Pasión.

La savia sevillana corre por calles, plazas y edificios. También se manifiesta en el yantar, como podemos comprobar en el celebérrimo Restaurante El Arco. Aceitunas gordales, deliciosos ibéricos, rabo de toro y suculentos potajes y pucheros… ¿Y de postre? El mostachón, un bizcocho aplanado que se cocina en horno de leña.

Pero si hay una tradición que distingue a Utrera de cualquier otro lugar del planeta, esa es la de los campaneros, que se remonta siglos atrás. Para el profano en la materia, presenciar por vez primera este inverosímil toque de campanas es un ejercicio de contención de emociones difícil de asimilar. ¿Qué puede tener de especial y único este repique? Cuesta explicarlo: una imagen vale más que mil palabras.

Caminos de Pasión.

Se trata de una práctica tan arriesgada y que precisa tanta destreza, que solo unas pocas personas en el mundo son capaces de ejecutarla. Con las manos desnudas y agarrados a una soga, los campaneros combinan el “volteo” y la “balanza” para recrear una polea con la propia campana, aprovechando el enorme peso y la fuerza centrífuga generada, hasta que son catapultados en vertical a 4 metros del suelo y se encaraman en las arcadas superiores de la torre, asomados al vacío. Sobre la cúspide de la Parroquia de Santiago el Mayor, en la parte más alta de la ciudad, los campaneros se elevan hasta derrotar al miedo, en un acto de fe, pericia y fuerza. El más mínimo error puede ser fatal. O el impacto de la campana a consecuencia de un mal cálculo o exceso de confianza. O una rotura en la sujeción de los metales, labrados en bronce y con un peso de varias toneladas -pero asidas a los ajados muros de cantería y ladrillo con un viejo yugo de madera-, que puede acarrear indeseables consecuencias. Viéndolo en directo, cuesta creer que este rudimentario y precario sistema sea capaz de resistir los embates a los que se ve sometido. Pero nada detiene a estos valerosos hombres, empeñados en mantener con vida una tradición que aspira a ser declarada Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por la Unesco. Respect!

Después de tantas emociones fuertes, regresamos a la carretera. En el horizonte nos espera ya Carmona, la décima ciudad de nuestro viaje y una de las ciudades más antiguas de Europa, con 5.000 años de vida. Los seguidores de la revista Motoviajeros ya saben que se trata de un conjunto que merece una visita en profundidad. Son varias las ocasiones que nos hemos subsumido entre sus empedrados, disfrutando con el regio patrimonio observable desde el cénit del Alcázar de la Puerta de Sevilla.

Caminos de Pasión.

También los participantes del I Rally Turístico Ruta Vía de la Plata, del que fuimos partícipes, pudieron admirar los espacios más representativos del callejero carmonense. No abundaremos más en el municipio sevillano. Eso sí, se trata de un broche de oro para nuestro particular y motorizado Camino de Pasión. Solo resta buscar alojamiento y sucumbir ante las bondades de la gastronomía tradicional.

Diez son los pueblos que componen esta ruta. Y diez es la nota que merece una escapada que fusiona, de manera armoniosa, historia, gastronomía, devoción, naturaleza, arte y conducción por algunos de los enclaves más bellos del interior de Andalucía, sendero inmemorial de nuestros antepasados.

Caminos de Pasión.

Bajo la luna, paseando por las solitarias calles de Carmona, me viene a la mente un recuerdo de la niñez, viajando en una furgoneta reconvertida en autocaravana, cuando la música se compraba en las gasolineras. Poetiza Machado la procesión, vibra entre melismas Serrat: ¡Cantar del pueblo andaluz / que todas las primaveras / anda pidiendo escaleras / para subir a la cruz! Sí, definitivamente Caminos de Pasión es un viaje en el tiempo.

Texto: Quique Arenas // Fotos y acción: Quique Arenas y Antonio J. Borrego.-

Agradecimientos: Lola Priego, Lucía González, Antonio Criado, Fran Gómez, Araceli Moreno, Sandra Martínez, Mila García, Alfonso Jiménez, Paula Moreno, Bárbara Ortiz, Ana Delgado.

Quique Arenas

Director de Motoviajeros, durante más de 20 años, en sus viajes por España, Europa y Sudamérica acumula miles de kilómetros e infinidad de vivencias en moto. Primer socio de honor de la Asociación Española de Mototurismo (AEMOTUR), embajador de Ruralka on Road y autor del libro 'Amazigh, en moto hasta el desierto' (Ed. Celya, 2016) // Ver libro

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