La mejor del mundo La mejor del mundo
FacebookTwitterWhatsAppEmailMasFacebookTwitterWhatsAppEmailMas Cuando mi amigo Cervi me comentó que, según algunos estudios, la mejor carretera del mundo está en Portugal, supe que hasta allí tenía... La mejor del mundo

Rodando junto a los viñedos del Duero.

Cuando mi amigo Cervi me comentó que, según algunos estudios, la mejor carretera del mundo está en Portugal, supe que hasta allí tenía que llegar con la mejor moto del mundo. Una llamada a mis amigos de Nordkapp, el concesionario de BMW de Bilbao y a los pocos días ya tenía a mi disposición una flamante K 1600 Grand America, con esos focos que hipnotizan, con ese motor que enloquece, con esa finura que enamora.

Según esos estudios se deben tener en cuenta las curvas, la aceleración, la velocidad y el frenado y, además, la ratio de 10 segundos en recta por cada segundo en curva es la que consideran ideal. Me mostré escéptico, a pesar de que conozco otras de las mejores carreteras, según ellos, como la hermosa calzada que recorre la costa amalfitana o la Nihon Romantic en Japón, sin duda, también entretenida. Después de todo, la cosa sonaba bien, muy bien.

De vuelta en la universidad salmantina

Uno de los puntos atrayentes de la 222 portuguesa es que, de camino, podía parar en Salamanca, donde uno pasó sus años mozos de tunante. Para abrir boca, pasear por sus históricos rincones algunos (no tantos, no tantos) años después, con semejante montura, fue todo un privilegio.

Seguí ruta hacia Portugal, por el singular paraje de los Arribes del Duero y, como era de esperar, dado que llevaba el mismo GPS que en mi Adventure, me perdí. Y como tantas otras veces, agradecí la pérdida porque terminé haciendo noche sin haberlo planeado, en Castelo Rodrigo, uno de los pueblos más bonitos del país vecino, que parece anclado en el medievo.

El día siguiente, durante el desayuno, ya estaba echando de menos ponerme a los mandos de la Grand America, así que arranqué pronto y enfilé la 222 desde el principio, desde Almendra, a pesar de que los estudios se refieran a un tramo posterior de menos de 30 kilómetros.

El divertido faro de Aveiro

Pronto se llega a la vega del Duero y durante más de 200 kilómetros, la carretera no se separa del río. Las curvas, entre viñedos, están aseguradas. En ocasiones se baja a la orilla del Duero y se rueda junto a las barcazas llenas de turistas. En otras ocasiones se rueda desde lo alto, siendo la vista sobre el río y las vides imponente desde la altura.

El tráfico es muy escaso y apenas se atraviesan pueblos de envergadura, por lo que el ritmo de la jornada no pierde intensidad. Y eso no sé si es bueno o malo, porque la cantidad de curvas que hay a lo largo de esta carretera hacen que la conducción sea agotadora.

Unas cuantas fotos después, unas cuantas horas más tarde, cansado y sonriente, llegué hasta Castelo de Paiva, el final de la 222 portuguesa. Había quien creía que esa carretera no era la más adecuada para una K 1600 debido a su peso, pero yo no lo creo así. Una moto cómoda, potente, fiable, suave… a mí me pareció ideal para disfrutar del recorrido. Otra cosa será ir a hacer carreras, que no era mi plan.

La costa portuguesa siempre está llena de color

No obstante lo anterior, la mejor carretera del mundo, según los números de los estudiosos, me había dejado un cierto regustillo amargo, cierto desencanto… Seguí ruta y llegué a la costa. Tenía previsto “cazar” unos cuantos faros y en eso me entretuve los días siguientes. El mayestático faro de Aveiro, con su pijama de rayas, el mítico faro de Nazaré, presente en algunas de las olas más grandes del mundo, Peniche, Penedo, Espichel… Estaba trasteando con los cruces entre uno y otro cuando llegué a una carretera bastante poco cuidada. Atravesaba un interminable bosque, quemado, que crecía en un inmenso arenal. No me crucé con ningún coche a lo largo de sus infinitas rectas, pero sí con un par de zorros. Tenía que tener cuidado con los enormes baches y con las lenguas de arena que, de vez en cuando, aparecían sobre el asfalto.

Estoy convencido de que esa carretera tenía magia. Se podía sentir una inexplicable energía en una carretera tan aburrida. Seguramente, habría duendes también.

Sin duda, una carretera con duendes y magia

Entonces comprendí que no se puede elegir la mejor carretera del mundo en base a los fríos números.

También está la magia.

Para Motoviajeros, texto y fotos: McBauman
El Escondite de los Viajes

Quique Arenas

Director de Motoviajeros, durante más de 20 años, en sus viajes por España, Europa y Sudamérica acumula miles de kilómetros e infinidad de vivencias en moto. Primer socio de honor de la Asociación Española de Mototurismo (AEMOTUR), embajador de Ruralka on Road y autor del libro 'Amazigh, en moto hasta el desierto' (Ed. Celya, 2016) // Ver libro

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