12 razones para visitar en moto las Aldeas Históricas de Portugal 12 razones para visitar en moto las Aldeas Históricas de Portugal
FacebookTwitterWhatsAppEmailMasFacebookTwitterWhatsAppEmailMas El Centro de Portugal es un jardín montañoso que poco a poco está despojándose de su “saudade”. Y así, cubiertas entre brumas los... 12 razones para visitar en moto las Aldeas Históricas de Portugal

Aldeas Históricas de Portugal, un viaje por tierra de fronteras.

El Centro de Portugal es un jardín montañoso que poco a poco está despojándose de su “saudade”. Y así, cubiertas entre brumas los días de invierno, como sacadas del interior de un cuento mágico, o inundadas de flores y días de azul intenso, en primavera, es como aparecen las Aldeas Históricas del país vecino. Las encontramos en tierra de frontera, siempre en posiciones estratégicas de defensa y fortificación del territorio. Y también escoltando al sistema montañoso más ciclópeo de Portugal: Serra da Estrela. En ellas descubrimos las formas de vida de los pobladores del Este peninsular, desde tiempos prehistóricos hasta nuestros días.

En moto se trata de un itinerario excepcional. Próximo, rico en contrastes, con una red de carreteras que permite el disfrute en la conducción, tanto en modo turístico como trail. Si no disponemos de muchos días, es perfecto para una escapada corta, dada su proximidad a Madrid (344 km, 3:30 horas); si queremos y podemos profundizar, el conjunto de Aldeas Históricas nos ofrecen una propuesta tan amplia y atractiva que podemos prolongar nuestro viaje durante una semana.

La vida sigue igual en las Aldeas Históricas.

La gastronomía portuguesa luce aquí sus mejores galas, y nos brinda continuas tentaciones a cada paso. Las gentes, sencillas y amables, continúan dando vida a los muros graníticos de estas casas cubiertas por esquisto. Sus voces siguen dibujándose leves, suaves, como una cicatriz de melancolía, como si el enojo no existiera. Hombres y mujeres trabajadores que han elevado el estándar de calidad en sus propuestas de turismo, para ofrecer al visitante una oferta que va desde las opciones más económicas hasta las más selectas alternativas.

Rincones que parecen guardados en burbujas de cristal enmohecidas por la niebla. Ríos como espejos, donde se asoma la luz y se miran las densas arboledas de las viejas serranías. Los torrentes dibujan vida y las lluvias alimentan al monte para alfombrarlo con vegetación a estreno.

Las Aldeas Históricas de Portugal en moto

Las Aldeas Históricas conservan la memoria. Respetan su patrimonio y ensalzan a los personajes que en ellas nacieron o que por ellas pasaron. Como el navegante y explorador Pedro Álvarez Cabral, nacido en Belmonte y descubridor de Brasil (1500), o el Nobel de Literatura José Saramago, quien escribió en su Viaje a Portugal (1981) y también El Viaje del Elefante (2009) sobre Sortelha, Castelo Novo, Monsanto, Castelo Rodrigo…

La ruta deja una sucesión de escenarios que se quedan guardados en el recuerdo para siempre. Son escenas congeladas en el tiempo: castillos, murallas, museos, plazas y calles empedradas, carreteras de ensueño, paisajes evocadores. Una vivencia única y entusiasta, como resultado de la sorprendente dualidad de exotismo y cercanía que ofrece la visita a un país que no es el nuestro, pero que nos hace sentir como en casa. Tal vez este sea uno de los grandes argumentos para regresar, el sentido de hospitalidad y amabilidad de las gentes lusas. Y también su atmósfera motard.

La espectacular carretera N23O.

Es el Portugal de las grandes concentraciones, como Faro en el Algarve, Góis en el centro del país, pero también de reuniones invernales como Eskimos, donde se respira camaradería motera.

La red de Aldeas Históricas forma un tejido de recorridos circulares que puede hilvanarse perfectamente entrando desde el Parque Natural del Tajo Internacional, en la provincia de Cáceres, o bien desde Ciudad Rodrigo (Salamanca) si decidimos introducirnos desde el norte, y muy accesible desde la Ruta Vía de la Plata, a través del eje longitudinal que forma la N-630 (A-66). En cualquier caso, se trata de una ruta que no se proyecta poco más de 500 kilómetros en total. Eso sí, que nadie se lleve a engaños, no se trata de superar una prueba contrarreloj. Mas al contrario, ha de hacerse sin sobresaltos, saboreando cada parada del camino. En palabras de Saramago: “El pasado es un inmenso pedregal que a muchos les gustaría recorrer como si de una autopista se tratara, mientras otros, pacientemente, van de piedra en piedra, y las levantan, porque necesitan saber qué hay debajo de ellas”. Viajemos, pues, de aldea en aldea, de piedra en piedra, descubriendo pausadamente las bondades que este conjunto de pueblos atesora.

Te contamos doce razones para visitar en moto las Aldeas Históricas, una por cada nombre de los integrados en la Rede das Aldeias Históricas. Y lo haremos planteando un recorrido norte-sur, adentrándonos a través de Vilar Formoso, “frontera de la paz” y el primero de los municipios donde ya encontramos la bandera verdirroja con la esfera armilar.

Aldeas Históricas de Portugal: Almeida.

1. Almeida.

Sin duda uno de los enclaves más espectaculares del recorrido, con sus 2,5 kilómetros de murallas. Si pudiéramos contemplarlo desde arriba, la ciudadela se encierra en una estructura perfecta de estrella de doce puntas; un bastión inexpugnable. Sus iglesias (igrejas) y el antiguo cartel de artillería y prisión, además del gigantesco foso de la fortaleza, nos dejarán boquiabiertos y nos ayudarán a comprender la importancia de este estratégico punto, donde tantas batallas se han librado. Podemos recorrerla por el interior y buscar la salida a través de las puertas que nos conducen a la continuación de nuestra ruta.

Museo del Côa.

2. Castelo Rodrigo.

Nuevamente nos encontramos en tierra de frontera y antiguos litigios entre España y Portugal. Ubicado en el corazón de la Serra da Marofa, encaramado sobre el escarpe, esta villa medieval fue fundada por Alfonso IX de León tras la reconquista cristiana a los musulmanes del territorio denominado Riba-Côa, a comienzos del siglo XIII. Desde Castelo Rodrigo, un enclave que no debemos perdernos es el Valle del Côa, declarado en 1998 Patrimonio de la Humanidad por la Unesco. Su imponente parque arqueológico revela uno de los sitios al aire libre con arte paleolítico más importantes del mundo. A lo largo de 30 kilómetros en dos ejes fluviales del río Côa, aparecen diseminadas más de 1.200 rocas con manifestaciones rupestres. Un número que aumenta cada día. La visita al Museo del Côa es imprescindible. No solo porque nos permite observar réplicas de los grabados y piezas originales paleolíticas, sino porque el propio edificio es una obra de arquitectura ejemplar, integrada armónicamente en el entorno, convertida al mismo tiempo en balcón natural sobre los horizontes de un río que alumbró los albores de nuestra Humanidad.

Mirador sobre el río Tajo.

3. Marialva.

Ocupada desde la Prehistoria, esta pequeña freguesía ha visto pasar por sus calles a tribus lusitanas, tropas romanas, pobladores árabes, visigodos y cristianos… hasta caer en el olvido y derivar en una villa en estado prácticamente de ruina. Por fortuna, el siglo pasado el Gobierno decidió recuperar la estructura de las murallas y almenas, devolviendo a Marialva el esplendor de siglos pasados.

Aldeas Históricas de Portugal: Trancoso.

4. Trancoso.

Uno de los pueblos más cautivadores, plagado de historias y leyendas. Con un poco de pericia podemos adentrarnos en sus angostas callejuelas para conquistar su castillo milenario, desde el cual se observa un burgo en el que cristianos y judíos han convivido desde que el rey Dinis mandara construir las murallas de la villa. El ingente legado arquitectónico civil y religioso aparece representado por cada espacio de su casco histórico, y las icónicas y esbeltas imágenes esculpidas del rey Dinis y la reina Isabel evocan que Trancoso fue el lugar elegido para su desposorio en 1282. La ciudad fue cuna del zapatero, poeta y profeta Gonzalo Anes “Bandarra”, a cuya obra y memoria se le ha dedicado una casa-museo que bien merece una visita. A mínima distancia hallamos otro espacio cultural, en este caso en homenaje a Isaac Cardoso. El Museo de Interpretación homónimo recoge la aportación a la cultura sefardí y la trayectoria de quien fuese filósofo, naturalista y médico en la corte del rey Felipe IV (III de Portugal), una figura esencial para comprender el devenir histórico de los judíos portugueses tras la diáspora y la persecución a la que fue sometida la comunidad hebrea. En el apartado del yantar, no pueden faltar las “sardinhas doces”, la especialidad de la confitería tradicional conventual de Trancoso. Aparcar la moto junto a la picota e iglesia de San Pedro y degustar uno de estos postres es uno de esos placeres insustituibles de la ruta.

Los castillos son una constante en las Aldeas Históricas: Linhares da Beira.

5. Linhares da Beira.

Desde lo alto de la Serra da Estrela es posible contemplar una inmensa extensión de valles y pueblos. Uno de ellos es Linhares, situado en un paraje formidable. Habitado desde la Edad del Hierro, tuvo importancia capital durante la ocupación romana, visigoda y árabe. Durante el reinado de Sancho I ya estaba fortificado, y conserva en la actualidad un castillo que se alza majestuoso sobre un imponente bloque de granito, con dos torreones gemelos que parecen observar la falda de la gran montaña meridional.

Aldeas Históricas de Portugal: Piódão.

6. Piódão.

Sin ninguna duda el pueblo más pintoresco de cuantos forman el conjunto de las Aldeas Históricas. Piódão se yergue vertiginosamente sobre el costado de la Serra do Açor, trepando sobre bancales. Su mera contemplación es puro deleite, pero no solo eso. Llegar hasta sus dominios implica adentrarnos en uno de los relieves naturales más abruptos y espectaculares de todo Portugal. Los cauces, las erosiones y los propios accidentes geográficos de este cordel montañoso han esculpido profundos tajos sobre los que se ha pavimentado una única carretera de acceso. En época de deshielo y lluvias, la montaña estalla rebosante de agua y verdor. Y Piódão aparece como un triunfo, una conquista imposible, vestida con su traje de esquisto y loza, integrada en la estructura natural que la envuelve. Aunque la carretera es un goce para los sentidos, hay que tener especial precaución con el tramo que conecta con Vide, la CM1134, estrecha –muy estrecha en algunos puntos- y con un asfalto prácticamente destruido. Desde Vide hasta Tortosendo, a través de la N230, nos encontramos con una de las rutas escénicas más asombrosas de la Península Ibérica, bordeando la vertiente sur del Parque Natural Serra da Estrela.

Aldeas Históricas de Portugal: Castelo Novo

7. Castelo Novo.

Un enigmático aura envuelve a este pueblo insertado en la Serra da Gardunha. El sonido de las fuentes se funde con misteriosas luces que, en ocasiones y según cuentan los lugareños, aparecen sobre los cerros circundantes. Son fenómenos inexplicables que algunos privilegiados afirman haber contemplado. El caserío, un laberinto granítico, genera una extraña sensación de sabernos poseídos por telúricas energías. Es algo que se percibe al observar la fuente de D. João, o el castillo, construido en 1202 bajo el mandato de Sancho I, o las pilas naturales de piedra utilizadas en el siglo VII para el pisado de la uva, aquel mismo lagar que, según se dice, arrebató a Saramago durante una de sus inspiradoras estancias. También se cuenta que Castelo Novo marca la línea divisoria entre la región adehesada del Alentejo y las tierras montañosas del norte del país.

Aldeas Históricas de Portugal: Ivanha-da-Velha.

8. Idanha-a-Velha.

Una de las aldeas más bellas de todo el itinerario. Antiquísima muestra de las victorias romanas, se funda en época del emperador Augusto, en el siglo I a.C. Parada y fonda en el eje que unía Coímbra y Emerita Augusta (actual Mérida), cuenta con un profuso patrimonio histórico. Pequeña, idílica, rodeada por las aguas cristalinas del río Pônsul, es una parada obligada en el camino. Los más valientes podrán vadear el cauce tras salir por la “Porta Sul” en dirección a la N332, no sin antes visitar el Museo Epigráfico Egitaniense, la Sé Catedral y su baptisterio, el horno comunitario y lagar de varas. Al este, buscando el meandro que dibuja el río, encontramos un impresionante puente romano sobre el que también podemos rodar con nuestras monturas. A estas alturas del viaje seguro que nos asalta una pregunta: ¿por qué no habremos venido antes?

Aldeas Históricas de Portugal: Monsanto.

9. Monsanto.

Uno de los puntos de mayor interés de la ruta. Celebérrimo por su castillo y sus infartantes pendientes, es un auténtico emblema de la región: declarado “Pueblo más portugués de Portugal” en 1938 y “Pueblo histórico” en 1995, es visitado por miles de personas cada año. Convertido en un espectacular balcón natural panorámico, los Templarios levantaron una estructura fortificada en su parte más elevada. La piedra es la auténtica protagonista de Monsanto, tanto del castillo como del roquedo que parece jugar con permisibilidad en el entramado de callejuelas y plazas. Sugerencia: merece la pena abandonar el núcleo urbano, de difícil acceso, empinadas rampas y mucho tránsito peatonal, y buscar una pista pavimentada al oeste de la villa, desde donde se obtiene una vista excepcional del conjunto.

Aldeas Históricas: Belmonte.

10. Belmonte.

La joya de la corona, cuna del explorador Pedro Álvarez Cabral, belmontense ilustre y figura clave en las epopeyas de los Descubrimientos. Con vistas a la Serra da Estrela y enmarcada en la comarca de Cova da Beira, la historia de Belmonte (monte bello, o para otros “belli monte” –monte de guerra-) aparece ligada inexorablemente a la tradición judaica, con un museo que atestigua la importancia de la comunidad sefardí, activa hasta nuestros días, y que durante más de cinco siglos se tuvo que mantener oculta para evitar las leyes de conversión al cristianismo. Conviene no perderse el barrio de la judería, los museos y, a corta distancia del núcleo urbano y accesible con nuestras motos, una edificación tan solemne como enigmática: Centum Cellas. Por sorprendente que parezca, no existe una interpretación clara y definitiva que resuelva el misterio de su construcción y su significado.

La niebla invade Sortelha.

11. Sortelha.

En días de niebla y frío, parece un decorado natural sacado de una película de Tim Burton. Embozadas en una sábana gris de niebla semitransparente, sus casas terminan de arroparse con la muralla que las acuna. La torre de homenaje asoma la cabeza, como buscando la presencia de aliados pretéritos. Fue sitio de disputas, conquistas y reconquistas. Ahora es un desierto vertical de granito donde sobrevive un único habitante, después de que falleciera el anciano que daba de comer a los gatos, verdaderos moradores de este recinto petrificado. Este anfiteatro mudo, testigo impertérrito de la Historia, es uno de los escenarios más arrebatadores de todas las Aldeas Históricas. Sobre todo en días de niebla y frío. A pesar de que ya no está el hombre que alimentaba a los felinos vagabundos.

12. Castelo Mendo.

Concluimos esta singladura en el tercero de los “castelos”. Al igual que sucediera con otras poblaciones fronterizas, Castelo Mendo se estableció como un trascendental punto estratégico en la defensa de la frontera. El rey Sancho II le otorgó la carta foral en 1229, propiciando con ello un importante auge económico y social. Tras el Tratado de Alcañices (Zamora) suscrito entre la Corona de Castilla y el Reino de Portugal en 1297, la villa fue perdiendo paulatinamente importancia. Con la firma del tratado se creaba así una de las fronteras más antiguas de Europa. Hoy en día, por suerte, esas fronteras solo aparecen representadas en las cartografías, y es posible disfrutar del pueblo portugués sin las divisiones del pasado.

Termina así una ruta en moto por las Aldeas Históricas. Termina… o empieza, porque tal vez un viaje hasta estos parajes del centro de Portugal nunca se termine del todo.

Aldeas Históricas de Portugal: dónde dormir, dónde comer.

DÓNDE DORMIR, DÓNDE COMER
El trayecto a lo largo de las Aldeas Históricas esta jalonado con paradas que resultan ideales para fraccionar las etapas diarias, tanto en tiempo como en kilometraje. Por eso, para la jornada inicial podemos establecernos en Casa Da Cisterna, en Castelo Rodrigo, muy próxima a Almeida y el Museo del Côa. El alojamiento respira un gusto cuidado por el detalle, combinando una decoración tradicional con elegantes toques de modernidad, algo que se ve representado igualmente en la cocina, con especial mención a una preparación muy particular del bacalao, mezclado con queso fundido, patata y huevo; el desayuno es a base de productos de elaboración propia, delicioso… Las atenciones de su propietaria, Ana Berliner, contribuyen a crear una estancia maravillosa. Es ella quien se encarga, bajo petición, de efectuar una interesante visita nocturna a los grabados prehistóricos del Côa. Otro punto favorable es que Ana domina a la perfección el español. Tanto la suite como el resto de habitaciones de este coqueto y tranquilo alojamiento están orientadas al descanso del viajero. En invierno, una cálida chimenea genera plácidos silencios o reconfortantes charlas alrededor del fuego; en verano, una agradable terraza y una piscina completan las excelencias de la Casa da Cisterna.

Hotel Resort O Alambique d’Ouro, en Fundão.

Continuando con la ruta, nuestra siguiente propuesta se localiza en Fundão, un activo municipio que ronda los 30.000 habitantes, muy próximo a Castelo Novo. Es aquí donde encontramos el Hotel Resort O Alambique d’Ouro (****), un gran complejo donde se cuida hasta el más mínimo detalle. Tanto sus modernas habitaciones, como el total de sus instalaciones están equipadas con todo tipo de funcionalidades y servicios para lograr crear una experiencia inolvidable, tanto en viaje de negocios, eventos lúdicos o estancias turísticas. El compromiso de la gerencia de ofertar máximas calidades con los mejores precios se eleva igualmente a su restaurante, que cuenta con una amplia y suculenta carta. En temporada alta, se pueden llegar a ofrecer hasta 300 cenas en una noche, y cuenta con un equipo de profesionales que supera las 50 personas. El concepto familiar y de cercanía se aprecia cuando descubres que sus propietarios, el matrimonio formado por Maria da Graça y Alberto Carlos, no solo forman parte activa de la plantilla, sino que además se preocupan personalmente por lograr que los clientes encuentren todo de su agrado. La cocina es francamente espectacular: casera, trabajada con materiales de primera calidad, repleta de diversidad de sabores y definitivamente generosa en su entrega. Imposible renunciar a la espetada de lulas con camarão y açorda de gambas. Tenemos todo lo que podamos imaginar: pescado fresco, carnes, numerosas entradas, ricos postres… ¡Cuidado con la báscula, es difícil contenerse! Las motos estarán seguras en su parking privado.

Pousada Convento de Belmonte

Por último, la Pousada Convento de Belmonte pone el broche de oro a una sucesión de alojamientos sobre los que es difícil establecer preferencias. A estas alturas, nadie podrá dudar de que Portugal cuenta con una oferta hotelera de primer orden, y si buscamos exclusividad, tranquilidad, descanso y alojamientos con encanto, este singular inmueble representa a la perfección los valores de la excelencia, y redefine la idea de confort a partir de una experiencia única. Alejado del bullicio, inmerso en la naturaleza, emerge este convento originario del siglo XIII dedicado a Nuestra Señora de la Esperanza. Las zonas comunes son un auténtico museo histórico, y las habitaciones, un guiño cómplice a distintos personajes seculares. El desayuno, pantagruélico, y la sección del restaurante, un ejemplo de cómo la alta cocina puede integrarse con la historia e incluso la geología de la zona: el postre presentado sobre el interior de piedras glaciares del río Zêzere forma parte de la antología gourmet servida en un salón sobrio y cálido, donde las luces anaranjadas y las tonalidades ocres nos recuerdan los atardeceres de la cercana Serra da Estrela. Distinguidos vinos, apreciados platos… todo bajo la supervisión y personalidad del chef Valdir Lubave. Es la última parada de nuestra propuesta. Advertencia: tal vez no quieras marcharte nunca. O tal vez quieras regresar siempre.

Pousada Convento de Belmonte

ALMUERZOS EN RUTA ALDEAS HISTÓRICAS. Además de las cenas en los lugares donde nos alojamos, existen magníficas opciones de almuerzo en ruta, aptas para todos los bolsillos. Desde comidas ligeras a auténticas paradas de mesa y mantel, donde continuar apreciando los sabores y bondades de la cocina tradicional lusa. Estas son algunas de las recomendaciones:

Trancoso
Restaurante São Marcos
Restaurante O Cantinho dos Arcos

Monsanto
Restaurante Petiscos & Granitos
Restaurante Adega Típica O Cruzeiro

Piódão
Restaurante O Fontinha.
Restaurante Solar dos Pachecos

Aldeas Históricas de Portugal, una ventana en el tiempo.

AGRADECIMIENTOS ALDEAS HISTÓRICAS. Sérgio da Costa, Marli Monteiro, António Batarda, António Jerónimo, João Sousa, Ana Berliner, Ana Couto, Carla Santos, Rui Santana, Susana Miranda, Karine Olino, Rui Pinto, Nelson Fernandes, Sylvie Fernandes, Bárbara Reino, José Almeida, María da Graça y Alberto Carlos, Bruno Fonseca.

Texto, fotos y acción: Quique Arenas.-

Quique Arenas

Director de Motoviajeros, durante más de 20 años, en sus viajes por España, Europa y Sudamérica acumula miles de kilómetros e infinidad de vivencias en moto. Primer socio de honor de la Asociación Española de Mototurismo (AEMOTUR), embajador de Ruralka on Road y autor del libro 'Amazigh, en moto hasta el desierto' (Ed. Celya, 2016) // Ver libro

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