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Lés-a-Lés 2021 desde el casco del copiloto Lés-a-Lés 2021 desde el casco del copiloto
Lés-a-Lés 2021 Tres días, tres etapas y 1.200 kilómetros de norte a sur de Portugal fueron los que constituyeron mi experiencia del 23º Lés-a-Lés... Lés-a-Lés 2021 desde el casco del copiloto

Lés-a-Lés 2021

Tres días, tres etapas y 1.200 kilómetros de norte a sur de Portugal fueron los que constituyeron mi experiencia del 23º Lés-a-Lés y tras los cuales conocí el interior de nuestro país vecino. Un viaje en el que fui acompañada, no solo de mi padre y sus amigos, sino también de otros 1.500 apasionados por el viaje sobre dos ruedas.

Nuestro primer contacto con esta aventura comenzó en Chaves. Ese día inicial estuvo dominado por el entusiasmo y la energía. Lejos quedó el cansancio que se fue acumulando progresivamente con cada curva, pueblo y etapa.

A partir de ahí y durante toda la experiencia, Portugal nos sorprendió despertando nuestros sentidos a través de paisajes florales que invitaban a subirse la visera, valles de montaña, pueblos con encanto, castillos y demás monumentos representantes de la historia y la tradición portuguesas. Por no hablar de la inmensa cercanía de todos los locales, que saludaban a nuestro paso; y que sonreían desde sus hogares dándonos una cálida bienvenida a su tierra.

Este viaje no estuvo únicamente marcado por aquello que veíamos entre los distintos puntos de sellado (les llamaban oasis), sino también por el ejercicio de habilidades de navegación y valores que – desde mi punto de vista- todo viajero debería llevar en su maleta. En ocasiones, seguir el roadbook no resultó ser tarea fácil. A menudo requería de la concentración e intuición del conductor, que no daba siempre en el blanco. Tomar el giro o la salida equivocada provocaba que todos los miembros del grupo intercambiaran perspectivas y corazonadas hasta encontrar la ruta correcta. Es por esto que Lés-a- Lés no es un simple viaje en moto; no consiste en arrancar motores y activar el piloto automático. Es el cocktail perfecto de compañerismo y conducción.

La autonomía proporcionada durante esta ruta fue otro factor que me sorprendió bastante. No hay que dejarse engañar al ver la totalidad de kilómetros que marca el roadbook, ya que -como acabé gratamente descubriendo- el tipo de mototurismo que se vive en Lés-a-Lés también deja tiempo para disfrutar del paisaje rural al bajarse de la moto. Fue, de hecho, uno de estos momentos en los que más me divertí: comiendo el almuerzo en un bar medio escondido a la vera del río, intercambiando vivencias, risas y creando momentos que me acompañarán en el recuerdo. Como este, otros muchos “momentos repostaje” fueron totalmente necesarios para mí (una copiloto principiante). Me permitieron recargar las pilas e hicieron los kilómetros más llevaderos.

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Además, ¡quién puede decir que “no” a media hora de “cachondeo”, buena conversación y algún que otro helado!

No obstante, todo hay que decirlo, como consecuencia de estos ratos de siesta y relax nos fuimos alejando del pelotón de motos y quedando atrás. Y, cuando digo “atrás”, me refiero a “total- mente atrás”. Tan atrás que pudimos disfrutar de la compañía de las motos escoba en algún que otro momento. Si estas leyendo esto y no estás del todo familiarizado con este término, aprovecho para compartirte que las motos-escoba van media hora después de los últimos participantes.

Por tanto, que nuestro pequeño grupo se las fueran encontrando en la carretera, realmente refleja que nos fuimos quedando muy atrás. Pero no me malinterpretes, lector; ir los últimos no fue nada malo en absoluto, es simplemente una evidencia de nuestra filosofía viajera muy de “chill” y centrada en exprimir al máximo todo lo que Portugal nos ofrecía.

Si tuviera que sacar un “pero”, sin duda hablaría del tema alimentación. Yo caigo en la categoría de copilotos celiacos. Así que tristemente no pude disfrutar de los bocadillos y pastelitos típicos que ofrecían los ayuntamientos y los motoclubes en los puntos de sellado.

Lo único que quedaba apto y disponible en las bolsitas de almuerzo eran manzanas; y, aunque conozco bien el dicho “una manzana al día del médico te libraría”, tras largos tramos de curvas y calor el cuerpo me habría agradecido algo más que la cura de fruta. Eso sí, en consecuencia, las cenas en los hoteles tuvieran un sabor superior.

En definitiva, con todo lo bueno y lo menos bueno, con cada una de las risas y experiencias compartidas viví una experiencia que recordaré siempre. Ha sido la manera perfecta de empezar mi verano de los dieciocho. Gracias, Portugal. Gracias, compañeros de aventura.

¡Gracias, Lés-a-Lés!

 

Texto: Irene Garmendia (Copiloto, 18 Años)

Fotos: Javier Garmendia

http://www.aemotur.com/

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Quique Arenas

Director de Motoviajeros, durante más de 25 años, en sus viajes por España, Europa y Sudamérica acumula miles de kilómetros e infinidad de vivencias en moto. Primer socio de honor de la Asociación Española de Mototurismo (AEMOTUR), embajador de Ruralka on Road y The Silent Route. Autor del libro 'Amazigh, en moto hasta el desierto' (Ed. Celya, 2016) // Ver libro

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